El sabor de la sandía
. ¿Te quito las pepitas?

Sexo, sandías y cintas de vídeo: 10 pelis con comida para ver este verano

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En nuestra lista no está ni 'Ratatouille' ni 'Como agua para chocolate', pero sí obras maestras de la glotonería infantil, la ingesta de animales vivos o la fornicación con frutas.

Advertencia: éste no es un artículo sobre cine y comida en el que se recomiendan las películas de todos los artículos sobre cine y comida. Me apasiona Ratatouille, me reí con Entre copas, e incluso conseguí no quedarme sopa con El festín de Babette, pero pienso que queda poco que decir sobre ellas. Así que hoy aparcaremos esos clásicos para centrarnos en filmes no tan obvios, en los que los alimentos están presentes de manera más sutil o más grosera, pero siempre adecuada para la época más descerebrada del año: el verano.

Para elaborar la selección he acudido a algunos de mis especialistas de cabecera en cine, que muy gentilmente han accedido a compartir con el mundo sus pelis con comida más memorables. Yo no paso de vulgar aficionado al séptimo arte, pero he añadido dos de cosecha propia porque soy como el perejil, que tiene que estar en todas las salsas. Si quieres ver estas obras maestras aprovechando el dolce far niente veraniego, nada de buscarlas en sitios de pirateo: baja al vídeoclub y alquílalas en VHS como si fueras una persona de bien.

EL SABOR DE LA SANDÍA (2005)

Empezamos muy arriba, con una película de... ¿sexo con sandías? Dejemos que el director, productor y guionista Antonio Trashorras justifique su elección: "Quizá por hallarnos en medio de la que se supone está siendo la más espantosa ola de calor de los últimos años (¿pero no dicen eso cada verano?) en cuanto se me propuso elegir dos películas relacionadas con la comida una de las que primero recordé fue cierta locura taiwanesa en la cual, además de la fruta presente en el título, el resto del protagonismo se lo lleva el sudor, los sofocos y el caloret".

El sabor de la sandía transcurre en una ciudad cualquiera abrasada por el calor y por la sequía, cuyos habitantes son poseídos por una especie de fiebre por la fruta de carne roja. "Lo que hacen con las sandías no sólo es combatir la sed, sino muchas más cosas relacionadas con otras necesidades corporales y decidamente más creativas. Es difícil decir si esta extraordinaria y absolutamente única película de Tsai Ming-Ling despierta o quita el hambre y la sed, pero desde luego da alguna que otra idea que tal vez hasta tendría gracia poner en práctica".

Ideal para: habituales del melón que quieran probar nuevas experiencias.

¿QUÉ FUE DE BABY JANE? (1962)

Uno de los insignes críticos de este periódico, Jordi Costa, ha elegido dos películas "donde lo gastronómico se mezcla con lo siniestro, sugiriendo una comunión entre la sofisticación y el miedo atávico". La primera, ¿Qué fue de Baby Jane?, apareció en mis pesadillas de infancia durante años (gracias Jordi por revivirlas), no sé si por el maquillaje de Bette Davis o por las perrerías que le hacía a Joan Crawford.

"En una escena de esta obra cumbre del camp", recuerda Costa, "la crepuscular ex-estrella infantil encarnada por Davis le sirve a su hermana inválida (Crawford) una rata muerta en bandeja de plata. El golpe de efecto se convirtió en una de las imágenes más icónicas de este monumento al Grand Guignol que algunos cinéfilos como Jaume Figueras han visto como una declinación siniestra de las Hermanas Gilda".

Ideal para: todo aquel que quiera hacer la guerra psicológica a sus familiares a través de la comida.

Y SI NO, NOS ENFADAMOS (1974)

Los Hermanos Podcast, es decir, Noel Ceballos y El Hematocrítico, traen a esta lista cine europeo de calidad en la línea de Bergman o Kieślowski, con uno de los grandes clásicos de Bud Spencer y Terence Hill: Y si no, nos enfadamos. La densa trama de la película sitúa a ambos personajes como ganadores de un bólido Dunne Buggy rojo con capota amarilla en una competición de rallycross. Para ver quién se lo queda, no se lo juegan al ajedrez como en El séptimo sello, sino a "cervezas y salchichas". Mientras compiten por ver cuál de los dos es capaz de engullir más cantidad de ambos alimentos, un grupo de mafiosos destroza el local por algún motivo que sería largo de contar aquí.

"Es lo que siempre hemos visualizado cuando pensamos en Bud Spencer y Terence Hill quedando para comer", señalan los Podcast. "El caos se desata a su alrededor, pero ellos consideran que el apetito va primero. ¿Es o no es el momento gastronómico más poético del cine?". No seré yo quien diga que no.

Ideal para: intelectuales.

UNA SEGUNDA MADRE (2015)

Esta pequeña joya del cine brasileño, que ha triunfado en sitios como el festival de Berlín, aún está en cartelera, por lo que resulta muy recomendable si en vez de cocerte de calor en tu casa quieres gozar del aire acondicionado de un cine. "Muestra, en una especie de Arriba y abajo al estilo Sao Paulo contemporáneo, la vida de una familia repija con criada de toda la vida, en cuyo casoplón la cocina es el territorio fronterizo que comparten las muy diferenciadas clases sociales que viven bajo el mismo techo", explica el periodista Alfonso Rivera. "Allí se codean desayunando, y en esa nevera se protege, cual tesoro, el helado favorito (y caro, por supuesto) del niño de la casa, gustoso dulce que en manos –y paladar– de la hija de la asistenta puede desencadenar un conflicto irremediable. Me quieran o no, ¡irse a verla!".

Ideal para: madres e hijas problemáticas.

LOS GOONIES (1985)

De todos los niños trofollos de la historia del cine, Gordi es seguramente el más adorable. El personaje de Los Goonies se pasa toda la aventura zampando o suspirando por zampar, y sus hábitos alimentarios no los aprobaría ni un nutricionista demente a sueldo de Coca-Cola. Es un ser que subsiste a base de pizza, bebidas azucaradas, chucherías y helados, pero se le perdona todo porque es el primero en aceptar a Sloth, el verdadero héroe de la película.

En la escena cumbre de ambos, el monstruo de corazón tierno rompe sus cadenas para coger una chocolatina que se le ha caído al suelo al crío, y ambos acaban viendo un programa de cocina en la tele como auténticos protofoodies. Se estima que Gordi consume 2.791 calorías y hace 22 referencias a la comida en la peli, y por si os lo estábais preguntando, el actor que lo interpretó hace 30 años, Jeff Cohen, ya no esta tan rellenito.

Ideal para: los vivos. Si no te gusta Los Goonies, es que no lo estás.

STELLA CADENTE (2014)

Las sandías más nutritivas parecen ser tendencia en nuestra lista, a tenor de la segunda película recomendada por Alfonso Rivera: Stella cadente. "Posee una de las escenas gastro-homoeróticas más innecesarias pero maravillosas del cine español cultureta de todos los tiempos. Un bello efebo, ayuda de cámara del rey Amadeo de Saboya, se folla en un jardín de palacio a una señora sandía, acto masturbatorio ofrecido con todo lujo de detalles y generosidad por gentileza del director de esta disparatada, osada y genial película: Lluis Miñarro, también productor, claro. Luego el muchacho (el italiano Lorenzo Balducci) le ofrece la fruta mancillada al soberano (un inspirado Alex Brendemülh), quien la saborea complacido. Los secretos de la dieta de la monarquía, al descubierto".

Ideal para: frutófilos y gays monárquicos.

OLDBOY (2003)

Esta película coreana contiene "violencia perturbadora y escenas de tortura, contenido sexual y mucha obscenidad", según advierte la crítica del Washington Post. No es por la escena de la extracción dental a base de martillo por lo que Oldboy aparece en nuestro hit parade, sino por otra igual de agradable. "Nos gusta imaginarnos a un perfeccionista como Stanley Kubrick haciendo varias tomas de la secuencia, en la que su protagonista se come un pulpo vivo. Aquí sólo se necesitaron cuatro", cuentan los Hermanos Podcast. "Comerse un pulpo vivo no es tan raro en Corea del Sur, así que el director los incluyó en sus agradecimientos cuando ganó el Grand Prix en Cannes. Lo hizo todo por los cefalópodos".

Ideal para: gourmets que quieran ir más allá del pulpo a feira.

EL COCINERO, EL LADRÓN, SU MUJER Y SU AMANTE (1989)

Como bien dice Jordi Costa, estamos ante "una delirante superproducción de aquellos años en los que Peter Greenaway –hoy bastante olvidado– era un referente de la modernidad cinematográfica". En efecto, si ibas de enterado en los ochenta, te tenían que gustar las pelis de Greenaway, cuya obra más gastronómica es El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. "La película es una suerte de vodevil cruel ambientado en uno de los más exquisitos restaurantes del mundo, regentado por un brutal gángster. El acto de canibalismo final propone una síntesis entre primitivismo y alta cocina que los surrealistas hubieran apreciado".

Ideal para: fans de Hannibal y de la carne humana en general.

JABBERWOCKY, LA BESTIA DEL REINO (1977)

Unos la aman, y otros la aborrecen: como persona que se pasó media adolescencia viéndola en vídeo con sus amigos a altas horas de la madrugada y en estados alterados de conciencia, pienso que los primeros tienen razón y los segundos merecen ir al infierno. La loquísima fantasía de Terry Gilliam, impregnada del humor de los Monty Python y lejanamente basada en el poema de Lewis Carrol sobre el monstruo del mismo nombre, está ambientada en una Edad Media tan bruta como mugrienta, cuya oferta gastronómica consiste en poco más que nabos, repollo, arenques apestosos y brochetas de rata asada.

El alimento más conmovedor que aparece en Jabberwocky es una patata podrida: la amada del protagonista, una campesina obesa llamada Griselda, la tira por la ventana, y éste la recoge para guardarla como prenda de amor durante buena parte de la película. Poco importa que en el medievo no hubiera patatas en Europa: tampoco había dragones.

Ideal para: gente que le guste por igual Juego de tronos y el LSD.

LA GRAN COMILONA (1973)

Cuatro amigos se reúnen en una casa en el campo para comer hasta morir: con este planteamiento tan atractivo, La grande bouffe fascinó y revolvió las tripas a la vez a los espectadores de los setenta. "Si normalmente la gastronomía en el cine ha sido representada desde la perspectiva del hedonismo y el placer", reflexiona Antonio Trashorras, "en esta obra maestra la inmoderada, persistente y voluntariamente autodestructiva ingesta de platos de elaboradísima preparación dio como resultado uno de los espectáculos más desagradables, angustiosos y sórdidamente divertidos jamás vistos en una pantalla".

"Bajo la apariencia de una simple ocurrencia grosera y antisocial, Marco Ferreri consumó una dolorosamente lucida epopeya anarco-escatológica preñada de humor negro donde lo opíparo se mezcla con el nihilismo, la claustrofobia y, por fin, con lo mortuorio. Pocas películas como ésta tienen la probada capacidad de dejar absolutamente perplejo a quien la ve por primera vez. Además de, claro está, quitarle por complero las ganas de probar bocado durante al menos un buen rato".

Ideal para: glotones que quieran adelgazar.

Este post forma parte de una serie veraniega en la que recomendamos productos culturales relacionados con la comida. Puedes leer la primera entrega, que va de series, aquí.

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