A tope con el táper
Una ensalada para la que solo necesitas un cuchillo.

A tope con el táper

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La guía definitiva para no desanimarse a las primeras de cambio en la encomiable misión de comer bueno, sano y económico en el trabajo.

Si alguien sigue pensando que el año empieza en enero, que se vaya quitando esa idea de la cabeza: el verdadero mazazo de vuelta a la realidad, la carretilla de buenos propósitos y las matrículas al gimnasio llega realmente en septiembre, con el inicio del curso escolar. Una de las buenas intenciones que abrazan primero los que comen fuera de casa es la de hacer las paces con la tartera, y así evitar acabar comiendo cualquier cosa en cualquier sitio, simplemente porque cae cerca y no hay otra opción.

No nos engañemos, salir a comer por placer es un gustazo, pero hacerlo por obligación o falta de planificación, sin poder escoger qué ni dónde comer –porque cuentas con un tiempo limitado y no te da la vida para ir hasta ese sitio de menú estupendo, que igualmente te acabaría cansando al cabo de un mes– es un rollo patatero. Por eso tu paladar, tu salud y tu economía te agradecerán que ésta vez no abandones la magna empresa de ser tu propio cocinero el primer día que llegues a casa tarde y decidas que “uf, vaya palo, si eso ya mañana como lo que sea por ahí y pasado ya veremos”.

Por eso, incombustible en mi misión pro-tarterista –hace un par de años incluso escribí un libro de recetas especiales para ese recipiente, así de militante soy– he preparado un artículo lleno de ideas para alargar las buenas intenciones más allá de la primera semana.

En casa

Aunque ya dije todo lo que se puede decir sobre el tema en su momento, añadiría un par de cosas que he aprendido desde entonces. Cuando ases un pollo, utiliza el espacio que te sobre en la bandeja para poner todos los contramuslos (mejor con piel, quedan más jugosos) que puedas. Una vez fríos, quita la piel, deshuesa y congela en raciones individuales: cero esfuerzo añadido y una buena base sobre la que improvisar una comida al vuelo los días en los que tengas bolas rodantes en la nevera y andes sin ideas.

La mejor manera de meter el pescado en una tartera. MÒNICA ESCUDERO

Algo parecido se puede hacer con cualquier tipo de guiso que se pueda congelar: prepara siempre un par de raciones de más, ponlas en esos envases de plástico en los que viene la comida que pides cuando tienes resaca y listo. Si dedicas un cajón concreto del congelador –o medio– a este tipo de trucos, los encontrarás fácilmente y no tendrás que rebuscar entre los orcos que pueblan el fondo del mismo cuando quieras encontrar uno.

Aunque el pescado no es fácil de integrar en la vida tarteril, si alguien consigue alguna vez en la vida que le sobre caballa o bonito casero en escabeche –reconozco que no me ha pasado nunca, pero doblar las cantidades de la preparación cuesta poco esfuerzo extra– cumplirá una función parecida a la del pollo de la primera recomendación. Con arroz integral, un tomate cortado y unas aceitunas será una ensalada, con verduras asadas o a la sartén un plato caliente y entre dos buenos trozos de pan, con la guarnición verde que más apetezca, un bocadillo imbatible.

Por el camino

¿Hay algún mercado, una buena verdulería o un supermercado con una sección decente de producto fresco entre tu casa y el trabajo? Si la respuesta es “sí”, ya tienes el tema solucionado. Si tienes la posibilidad de comprar cosas a peso, puedes cuadrar un plato para uno en cinco minutos. En los supermercados es un poco más complicado, pero el problema puede ser a la vez una solución: si te salen dos raciones, compártelo con alguien que también se haya despistado con el tema (que seguramente se ofrecerá a prepararte a comida a ti otro día) o guarda el resto en la nevera para el día siguiente.

Se prepara en cinco minutos de reloj. MÒNICA ESCUDERO

Este punto no tiene mucho misterio, solo va de cambiar el chip y pensar que algunas cosas que suelen llevarse preparadas de casa puede prepararse en casi cualquier sitio donde haya agua corriente, una tabla y un cuchillo. ¿Necesitas un ejemplo más tangible? Lo tenemos: ensaladas de legumbres. Ésta de lentejas con feta y perejil, ésta de garbanzos con yogur, menta y eneldo (o con bacalao y pimiento rojo, o con tomate y anchoas) demuestran que para comer bien no hace falta ni mucha infraestructura ni demasiado tiempo: solo se necesita tener ganas.

En el trabajo

Aunque ponerse a cocinar en el curro suene a misión imposible, no lo es. Tampoco se trata de preparar una paella monumental como las de Villa Arriba y Villa Abajo, sino de algo que se pueda tener listo en menos de 10 minutos con un simple microondas. Este es un recurso que utilizamos bastante a menudo en el espacio donde trabajo, y de ahí han salido platos dignísimos (y otros directamente deliciosos).

En la mesa también está buena. . MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA

Con un micro en menos de seis minutos puedes preparar patatas, judías verdes y zanahorias al vapor con un huevo escalfado –pon el huevo cascado sobre las verduras casi al final, en unos 45 segundos a máxima potencia estará listo–, espárragos trigueros para acompañarlos con un poco de jamón o bacalao desalado (versión vegetariana: con pimientos del piquillo y nueces), alcachofas o casi cualquier verdura de temporada. Evita las que huelan fuerte por consideración al resto de los compañeros –aunque ellos no te ahorren a ti atufarte con el contenido de sus tápers, sí–, y da prioridad a las que se cocinan al dente.

Rosaoscurocasifucsia. MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA

Si crees que vas a usar a menudo esta opción, lo suyo sería que te hicieras con un estuche de silicona: lo hará todo más sencillo. Para casos puntuales con un bol o tartera de cristal y film de cocina se pueden conseguir resultados muy similares. Tener una pequeña alacena en un cajón con un par de vasitos de arroz precocinado, alguna conserva de pescado de las que saben a pescado, un bote de lentejas cocidas o cualquier cosa que se haga rápido y pueda acompañar a cualquier botín de los que te has agenciado en el punto dos –como un tarrito con sémola de trigo– también te hará la vida mucho más fácil.

12 platos de táper para empezar la temporada

CUSCÚS FRÍO CON REMOLACHA, CALABACÍN Y ALMENDRAS. Aprovechar que todavía quedan calabacines decentes, la mejor excusa para comerlo crudo.

ESPINACAS SALTEADAS CON GARBANZOS Y HUEVO DURO. Una versión más ligera y menos invernal de un potaje clásico.

ENSALADA DE QUINOA, REMOLACHA, MANZANA Y GOUDA. Ácida, salada, dulce y explosiva, una ensalada llena de guiños a la cocina de nuestro adorado Ottolenghi.

ENSALADA DE ARROZ CON MEJILLONES EN ESCABECHE. Si la haces con mejillones en conserva, la única complicación es la de hervir el arroz.

FIDEOS DE ARROZ CON CERDO SATAY. Asia y el táper se llevan la mar de bien. Estos fideos especiados y picantitos son una buena muestra. Se puede sustituir el cerdo por tofu o gambas.

CONTRAMUSLOS DE POLLO CON CUSCÚS. El contramuslo es la parte más jugosa del pollo, barata y deliciosa (esta receta cuesta alrededor de un euro por ración)-.

ENSALADA 'PANTESCA' CON CABALLA. Pescado en conserva, patata y hortalizas, ninguna combinación que implique estos tres spuestos puede salir mal.

ALBÓNDIGAS DE PAVO CON GARBANZOS.: La salsa es opcional, o puede cambiarse por una de tomate suave o un pesto.

LOMBARDA CON MANZANA, PASAS Y PIÑONES. Un acompañamiento que pasa a ser un plato único añadiéndole un poco de arroz integral o salvaje.

ENSALADA DE 'CAP I POTA'.: Un plato de casquería para el que no tienes que encender el fuego.

FIDEOS A LA CAZUELA. La receta de mi abuela, lista para meterse en cualquier táper.

ENSALADILLA ROSA. Si haces las remolachas en el microondas –o las dejas crudas cortadas finitas– conseguirás una versión mucho más rápida.

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