Torrijas de mi madre

Son las mejores del mundo. Como las de tu madre. Y no sólo por su decadente interior cremoso, sino por su poder para avivar la memoria.

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A ella le salían mejor. /

Por desgracia, hace tiempo que mi madre no está entre los vivos. Cuando quiero invocarla porque la echo de menos, en vez de sacar la ouija o llamar a un médium simplemente preparo sus torrijas. Nada te puede devolver a una madre, pero sí hay algo que te la puede recordar con la misma intensidad que si la tuvieras al lado: sus platos.

Las torrijas de mi madre, como las de la tuya, eran las mejores del mundo. Ella las hacía siempre con un pan especial que se vende en Bilbao en esta época, que recuerda ligeramente a un bollo por su miga amarillenta y su leve dulzor. El proceso de elaboración es simple, pero tiene su qué: hay que lograr ese punto mágico en el que el pan está bien empapado en leche pero aún conserva la suficiente entereza como para no desintegrarse en su viaje a la sartén, previo unte en huevo batido.

Mi madre jamás caramelizó las tostadas (así se llaman a las torrijas en mi pueblo): esa costumbre tan sobada, que se ha extendido como la peste bubónica por todos los restaurantes con pretensiones de España, no existía en sus tiempos. Simplemente les espolvoreaba azúcar y canela por encima, y chimpón. Yo, que no soy muy goloso, alcanzaba cifras récord de consumo de dulce con ellas, así que te aconsejo que si te lías a hacerlas, tengas un batallón de potenciales consumidores cerca para no abandonarte al vacaburrismo más hedonista.

Dificultad

No hace falta ser de Bilbao.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 1 barra de pan para torrijas, de viena, candeal o cualquier pan de miga densa.
  • 1 litro de leche entera fresca (si es de tetrabrik, 900 ml de leche más 100 ml de nata)
  • 2 huevos
  • 1/2 rama de canela
  • Canela en polvo
  • Azúcar
  • Aceite de girasol o de oliva suave

Preparación

  1. Cocer la leche con tres cucharadas de azúcar y la rama de canela durante 10 minutos a fuego suave, con cuidado de que no se vaya.

  2. Cortar el pan en rebanadas de dos dedos de grosor. Repartirlas en una fuente baja y empaparlas con la leche, eliminando la canela.

  3. Batir los huevos en un plato hondo. Preparar un plato con papel de cocina, y otro con azúcar mezclado con canela en polvo al gusto.

  4. Calentar aceite abundante en una sartén. Escurrir muy ligeramente las torrijas sin apretarlas (tienen que conservar la leche, pero no chorrear), pasarlas por el huevo ayudándose por unas palas o cucharas, y freírlas en el aceite muy caliente. Sacarlas al plato con papel para que pierdan el exceso de grasa.

  5. Pasarlas finalmente por el azúcar con canela, y de ahí a la fuente en la que se vayan a servir. Están buenísimas calientes y a temperatura ambiente, y mejor consumirlas en el día sin que pasen por la nevera.

¿Has tenido problemas preparando esta receta o cualquier otra de El Comidista? Escribe a la Defensora del Cocinero: defensoracomidista@gmail.com

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