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No digas "foodie", di "comidista"

La Fundeu recomienda usar el término "comidista" en sustitución del anglicismo para designar a los aficionados a la comida. El inventor de la palabreja se declara agradecido y emocionado.

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No digas
. Debería poner "comidista".

Queridos periodistas, blogueros, tuiteros, youtubers y personas a las que les gusta comunicar: no uséis más la palabra “foodie” cuando queráis hablar de esos plastas que están todo el rato dando la tabarra con las recetas, los restaurantes y la actualidad gastronómica en general. A partir de ahora, si queréis respetar la lengua de Cervantes, Góngora y La Veneno, deberíais escribir “comidista”.

Esto no lo digo yo en pleno ataque de egomanía, sino que lo sugiere la Fundeu, una institución asesorada por la Real Academia con bastante más autoridad en cuestiones lingüísticas. La Fundación del Español Urgente, organismo que trata de impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación, ha hecho pública hoy esta recomendación, que acaba para siempre con el drama vivido por las personas que aman la comida pero odian los extranjerismos.

“El término comidista es una alternativa adecuada en español a foodie (o foody), anglicismo informal con el que se alude a los aficionados a la comida, la cocina y todo lo que se mueve en torno a ese mundo”, asegura la Fundeu. “En las informaciones sobre el mundo de la gastronomía es frecuente leer frases como ‘Coliflor para foodies’ o ‘Ahora está muy de moda ser foody”.

La institución explica que ninguna de las traducciones habituales de la palabra responden exactamente a su significado en inglés: “Gourmet’ o ‘gurmé’ se refiere a una ‘persona de gustos exquisitos en lo relativo a la comida y a la bebida’, un ‘gastrónomo’ es un ‘entendido o experto en gastronomía’ o ‘aficionado al buen comer’ y, por último, la voz coloquial ‘cocinillas’ alude más bien a la persona ‘aficionada a cocinar’. A diferencia de estos tres términos, el sustantivo inglés foodie se emplea con un sentido más amplio, pues designa a las personas a las que les gusta no solo comer fuera, sino también cocinar, probar nuevas recetas y sabores o estar al tanto de las novedades a través de programas, revistas y webs”.

Según la Fundeu, “la voz ‘comidista’ tiene su origen en un popular blog de gastronomía español creado en 2010 por Mikel López Iturriaga para tratar sobre la comida y todos los aspectos que la rodean”. La fundación aclara que el sufijo “-ista” se emplea a veces con el significado de “aficionado a”, y pone un ejemplo que no sé si leer como una indirecta hacia mi persona: “juerguista” como “aficionado a la juerga”. “Por lo tanto”, concluye, “para hablar en general de los aficionados a la comida, en los ejemplos anteriores podría haberse escrito «Coliflor para comidistas» y «Ahora está muy de moda ser comidista».

Si la recomendación de la Fundeu no te convence, piensa que ha habido quien ha propuesto "fotococinilla" como traducción de foodie. Por mi parte, como inventor del término "comidista", debo decir que estoy lleno de orgullo y satisfacción como el rey Juan Carlos y agradecida y emocionada como Lina Morgan, todo a la vez. Quién me iba a decir a mí que aquello que se me ocurrió una noche allá por mayo de 2010, cuando pensaba en cómo llamar a mi nuevo blog en EL PAÍS y no encontraba nada que explicara su batiburrillo temático, iba a acabar bendecido por tan altas instancias.

Ya que me siento como si me hubieran dado un Oscar, aprovecho para dar las gracias por la inspiración a los autores de la web estadounidense Foodista y quien quiera que pronunciara por primera vez el palabro “fashionista”. Ahora ya sólo falta que los académicos de la RAE se pasen un día con las copas e incluyan “comidista” en el diccionario, para que el humilde licenciado en Filología Hispánica que escribe estas líneas pueda morir en paz y con la autoestima en la estratosfera.

De "munchies", "toppings" y sobremesas

Mònica Escudero

Ahora que la Fundeu ha demostrado su excelente criterio adaptando palabras relacionadas con la comida que solo existen en inglés –o funcionan mucho mejor en ese idioma–, es buen momento para plantearse si hay otras que también deberían traducirse. Por ejemplo, “topping”, que viene a ser “acompañamiento que se le pone a la comida encima”. En castellano podemos decir guarnición, sí, pero esta puede ir al lado o no y hay que especificarlo, mientras su voz inglesa lo dice todo en una misma palabra, que puede servir también para salsas o aderezos.

Tampoco hemos encontrado aún la palabra española para “brunch”, siendo “desayuno tardío” la expresión –de siete sílabas, ni más ni menos– que pueden usar los que no quieren mancillar la pureza idiomática de su conversación. También echo de menos la traducción oficial de “to dip” –españolizado como “dipear”–, que implica a la vez mojar, untar y hacer cucharita con una herramienta comestible para llevarse a la boca una preparación de textura cremosa. Y sería maravilloso poder referirnos a los ataques de hambre que nos hacen atacar la nevera a lo zombie cuando venimos de juerga sin tener que llamarlos “munchies”.

Hecho este llamamiento, sueño también con el día en el que las autoridades competentes de la lengua inglesa sepan que viven sin conceptos tan bellos como la merienda-cena, la sobremesa, la recena, el cortado o los tropezones, se pongan también manos a la obra y el mundo sea un lugar de comunicación entre todos aquellos a los que nos gusta comer bien. O sea: los comidistas.

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