Helado de fresa sin heladera
. Ponle pegas, si te atreves

Helado de fresa sin heladera

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¿Harto de los que presumen sin parar de sus helados caseros? Tú también puedes hacerlo y encima sin necesidad de comprar máquina ni de tener mil cacharros. Chincha rabiña para los que no lo han descubierto antes.

Llega el calorcico y el mundo se divide en dos clases de personas: los que nos conformamos con helados comprados de diversa calidad, y los que se pasan seis meses al año dando el turre con lo bien que les salen los helados caseros. “Uy, chica, es que no hay comparación”. “Lo preparé en un momentito mientras hacía posturas de yoga y pensaba en física cuántica”. Malditos sean.

Mientras el común de los mortales no tiene sitio ni dinero para un aparato más en su cocina, los heladeristas divagan sobre azúcar invertido y proporciones áureas de huevos y grasa. No sólo disponen de un privilegiado congelador con capacidad para dos estadios de fútbol, sino que practican el proselitismo militante. Te mandan whatsapps intempestivos con muchas exclamaciones, anunciando la llegada de “¡¡¡LA oferta de LA heladera!!!” de tal supermercado como si bajara el mismísimo Mesías de los cielos.

Pero eso se ha acabado. Porque tú, sí, tú, también puedes hacer helado en casa. Aunque no te compres el dichoso aparato y tu congelador se parezca a la pantalla final del Tetris. La clave está en descomplicarse la vida y usar un par de trucos, aceptando por el camino que no te va a quedar 100% perfecto, pero sí buenísimo. Para que un helado quede cremoso y cochinote, debe congelarse a la vez que se bate y airea. No hay más.

Como nosotros no tenemos heladera para conseguir este efecto, tendremos que suplir su falta con nata montada –que ya incorpora aire– y un batido enérgico. El problema de la cristalización lo arreglaremos congelando los ingredientes en dos fases, ayudados por la leche condensada y el poder anticongelante del alcohol.

La que expongo aquí es la forma más sencilla que he encontrado de hacer helado de fresa después de haber probado unas cuantas versiones. Como las fresas contienen una gran cantidad de agua, aprovecharemos ese mismo líquido ya cristalizado para poner en marcha la congelación del resto de ingredientes. Tan sólo os hace falta un procesador de alimento o el típico accesorio picador que suele venir con la batidora. Si es pequeño, triturad en varias tandas y haciendo pausas para no recalentar el motor.

¿Que no tenéis semejante adminículo? Pues hacéis primero con las fresas una reducción similar a la mermelada, para eliminar toda el agua posible, la trituráis lo mejor posible y la mezcláis con la leche condensada y la nata montada. Al congelador con ella. Para conseguir la tan ansiada cremosidad, lo mejor es batir de nuevo el helado una vez esté casi congelado (los que quieran sacar nota que repitan este proceso), o incorporar otros ingredientes que ayuden a la untuosidad, como plátano o queso crema.

Otros métodos que funcionan son 1) batir la mezcla en un bol dentro de otro con hielo y sal, o 2) meter la receta base de cualquier helado en un bote hermético, éste a su vez en una bolsa o lata con hielo y sal gorda y agitar como si no hubiera un mañana. Pero queda mucho sol por delante y tendremos tiempo de sobra para ver estos y otros apaños.

Un consejo final: usad un táper o recipiente ancho y bajo, para que el helado tarde menos en congelarse y lo haga de manera más uniforme. Ya sólo os queda disfrutar y fardar de helado casero sin heladera. Muajajajá.

Dificultad

Cero coma cero.

Ingredientes

Para 1/2 litro de helado

  • 500 g de fresas
  • 200 ml de nata para montar, fría
  • 150 ml de leche condensada
  • Opcional: 1 cucharada de licor de cereza, mora, arándanos o vodka

Para los tropezones (opcionales)

  • 100 g fresas limpias en trozos pequeños
  • 50 g de azúcar
  • 1 cucharada de zumo de limón

Preparación

  1. Lavar y secar las fresas. Quitar hojas, rabitos y partes estropeadas. Cortar las fresas en láminas finas y colocar éstas sin amontonar en una bandeja que quepa en el congelador. Otra opción es ponerlas en un táper con film plástico entre capa y capa para que no se peguen entre sí. Tapar y congelar al menos 6 horas.

  2. Montar la nata.

  3. Sacar las láminas de fresa del congelador y triturarlas en un procesador o picadora junto a la leche condensada hasta conseguir una crema espesa con textura parecida al helado.

  4. Añadir la nata montada a la mezcla de fresas, en varias tandas y con movimientos envolventes para que no pierda volumen. Agregar el licor (opcional).

  5. Verter la mezcla en un recipiente hermético limpio y seco. Colocar film plástico al contacto sobre la superficie para que no se forme escarcha, colocar la tapa y meter en el congelador.

  6. Idealmente, y para conseguir más cremosidad, se puede sacar a las 3 horas para volver a batirlo. Congelar de nuevo.

  7. Para los tropezones: calentar en un cazo las fresas cortadas finamente, el zumo de limón y el azúcar. Reducir a fuego lento hasta conseguir una mermelada espesa. Dejar enfriar por completo y echarla por encima del helado, repartiéndola en una capa fina. Volver a tapar y a guardar en el congelador.

  8. Sacar el helado a temperatura ambiente 10 minutos antes de consumirlo.

¿Has intentado hacer esta receta u otras de El Comidista, y no te han salido bien? Quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com

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