Tomates verdes (o rojos) fritos
Los tomates verdes no te volverán a amargar la vida.

Tomates verdes (o rojos) fritos

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Inspirada por la gran pantalla, esta receta es perfecta para aprovechar los tomates duros y de paso conseguir un aperitivo en HD, Cinemascope y estereofonía.

Da igual que la hayas visto chiquicientas veces y recuerdes cómo moría el malo. Si emiten Tomates verdes fritos (1991) cualquier domingo por la tarde acabarás viéndola de nuevo de cabo a rabo. Quizás porque es una película idónea para la mantita y el sofá, porque sale Kathy Bates o porque muestra generosamente la cocina sureña más arquetípica, llena de barbacoas y frituras.

Fannie Flagg escribió la novela en la que se basa el film inspirándose en una historia familiar. Su tía, Bess Fortenberry, había tenido un pequeño restaurante en Irondale (Alabama, EEUU) durante cuatro décadas en el que se servían sándwiches, pollo frito, okra, pan de maíz y otros platos típicos del sur de Estados Unidos. Entre ellos figuraban también los famosos tomates verdes fritos como guarnición o aperitivo, una receta sencilla y tradicional que se volvió extremadamente popular tras el estreno de la película.

En realidad se trata de rodajas de tomate rebozadas con una mezcla de leche, harina y maíz que se puede utilizar para freír cualquier otra clase de hortaliza. El color verde de los tomates no es característico de una raza en particular sino prueba de su falta de maduración. Aprovechaban así los frutos tardíos o que estaban duros antes del fin de su temporada, de modo que si queremos hacerlos en casa lo mejor sería tener una mata a mano, porque los tomates que llegan a nuestras tiendas suelen estar maduros o como mínimo entreverados.

¿Hay alguna diferencia si utilizas un tomate rojo como la grana? La primera, que será más difícil cortarlo en una rodaja consistente. La segunda, que sabrá más dulce y se pierde un poco la gracia de la acidez del tomate verde. Intentad usar tomates poco maduros y firmes al tacto, y ya arreglaremos la cuestión del sabor añadiendo una salsa agria de origen 100% sureño.

La fórmula para los tomates verdes fritos viene directamente del recetario de Fannie Flagg Original Whistle Stop Café Cookbook, y se hace en teoría con buttermilk. Como no es fácil encontrar este tipo de leche fermentada en nuestras tiendas –aunque aquí os explicamos cómo prepararla–, se puede sustituir por leche cuajada con zumo de limón o como explico en la receta, por yogur rebajado con leche. Flagg utiliza un rebozado en dos pasos, pasando primero el tomate por huevo batido con buttermilk y después por una mezcla de harinas de trigo y maíz, sal y especias.

Atención porque la harina de maíz no es Maizena, que es almidón de maíz, sino la amarilla y gruesa indicada por ejemplo para hacer arepas, que aporta un punto especial de crujiente al rebozado. Si os queréis descomplicar la vida, los antiguos propietarios del Irondale Café utilizan para los tomates verdes fritos una receta más fácil, en la que las harinas, sal y especias se mezclan directamente con leche para conseguir una pasta espesa con la que se untan las rodajas de tomate. A freír y chimpún.

Probad sí o sí a hacer la salsa, que está buenísima, y aprovechad las sobras del rebozado para freír una tanda de berenjena o calabacín, que quedan fetén.

Dificultad

Lo más complicado es quitarte el olor a fritanga después.

Ingredientes

Para 2 personas

  • 500 g de tomates verdes o poco maduros

  • 100 g de harina normal de trigo

  • 50 g de harina de maíz (para hacer arepas, no Maizena)

  • 1 huevo

  • 125 g de yogur natural

  • 50 ml de leche

  • cayena en polvo u otro tipo de condimento picante

  • Sal

  • Pimienta

Para la salsa

  • 1 cebolleta

  • 1 diente de ajo picado

  • 2 cucharadas de zumo de limón

  • 2 cucharadas de mostaza en salsa

  • 3 cucharadas de mayonesa

  • 125 g de yogur natural

  • 1 cucharada de aceite de oliva

Preparación

  1. Lavar los tomates y cortarlos en lonchas de 1 cm de grosor. Colocarlos sobre papel absorbente para que pierdan humedad.

  2. Batir el huevo y mezclarlo con el yogur y la leche.

  3. En un cuenco aparte, mezclar las harinas, una pizca de sal, pimienta y cayena en polvo u otras especias al gusto.

  4. Calentar una sartén grande con aceite de oliva a fuego medio-alto.

  5. Pasar las rodajas de tomate por la mezcla de huevo y yogur, escurrir y rebozar con una buena capa de los ingredientes secos.

  6. Freír los tomates en tandas pequeñas dejando suficiente espacio en la sartén. Cuando el lado inferior esté dorado, dar la vuelta y freír la otra parte.

  7. Depositar los tomates ya fritos sobre papel absorbente y repetir la operación cuantas veces sea necesario, sin dejar que el aceite se queme. 

  8. Hacer la salsa picando finamente la cebolleta y el ajo, agregando todos los demás ingredientes hasta conseguir una textura espesa y homogénea. Servir inmediatamente.

¿Has intentado hacer esta receta u otras de El Comidista, y no te han salido bien? Quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com

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