Un despilfarro energético

Huevos que podrían cocerse en un minuto al fuego –o no–, mayonesas que no emulsionan y albóndigas achorizadas, nuevas cuitas para la entrega de septiembre de la Defensora del Cocinero.

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Rubén nos escribe en su día bueno para reprocharnos nuestro disparatado gasto energético: “no entiendo como podéis, unos profesionales como vosotros, poner a cocer los huevos 7 minutos. En mi casa, con una cocina normal, una cacerola normal y un tío normal como yo, con un minuto quedan estupendamente. Sólo hay que dejarlos después un ratito en el agua. Sois unos despilfarradores energéticos”.

Sospecho que Rubén es mi abuela escribiéndome desde el más allá. Lo de “un ratito” como medida de tiempo en cocina le ha delatado. Abuela, te quiero mucho y te echo mucho de menos. Como esta defensora es de mucho experimento y de mucho derrochar género, he cocinado cuatro huevos a la manera de Rubén/Miabuela para intentar verificar su método y descubrir cuánto es “un ratito”.

Experimento científico. MARTA MIRANDA

Parece que los ratitos de Rubén son eternos, ya que en ninguna de las cuatro pruebas he conseguido un huevo con la clara suficientemente cuajada y que no se rompa ni se desparrame al pelarse. Con un minuto de hervido y un reposo de 10, 20, 30 y 40 minutos, los huevos quedan sin hacer, con pocas diferencias entre sí. Creo que, para espanto de nuestro lector, seguiremos teniendo una conducta poco profesional y despilfarradora, cocinando los huevos durante 7 minutos. Que no tenemos toda la eternidad, Rubén.

UNA HORCHATA MAL TRITURADA

Javier cuestiona la receta de horchata para un verano azul: “Creo que no funciona. Al menos en las proporciones facilitadas. He seguido la receta al pie de la letra: compré las chufas, las puse en remojo más de 24 horas, las he batido con batidora de vaso y hasta aquí. La proporción de agua deja la horchata totalmente aguada. No es la horchata de Alboraya que recuerdo, ni de la Sirvent en Barcelona, ni de Giovanni en El Prat de Llobregat. Investigaré más, pero vuestra receta no es la buena. Seguramente y al hacerlo en casa se debería aumentar la proporción de chufa utilizada o reducir el agua a añadir.”

Creo que ha llegado el momento de exigir a la dirección de El Comidista una gira Alboraya-Barcelona para poder probar las horchatas con las que sueña nuestro lector. Como sé que no va a colar, me he puesto a lo mío y he hecho la horchata comidista. Tengo que decir que estoy muy impresionada por la capacidad de Javier de cuestionarlo todo en la receta menos su destreza a la hora de triturar la chufa. Al contrario de lo que asegura, las proporciones son buenas, con un resultado muy parecido a las horchatas naturales que se pueden degustar en horchaterías de las buenas.

A partir de aquí, hay que retorcer y retorcer. MARTA MIRANDA

El problema viene al triturar la chufa. Echo en falta más líquido en la fase de triturado. La receta indica 200ml de agua para 250g de chufa remojada. Esta proporción inicial, dependiendo de la batidora que cada lector tenga, puede dar mal resultado, impidiendo que las chufas se trituren adecuadamente. Recomiendo añadir 500ml de agua para poder triturar a gogó y obtener una masa homogénea de la que se extraiga la máxima sustancia de la chufa.

Ya sabes Javier, si confías en esta defensora y te animas a repetir la hazaña, tritura las chufas un buen rato con medio litro de agua y no pares hasta que consigas una masa pastosa. Luego saca toda la fuerza de tus entrañas para filtrar la masa, primero sobre un paño posado en un colador, y luego retorciendo ese paño hasta que salga la última gota de líquido. Una vez colado el asunto, añade el resto del agua hasta completar el litro indicado. Palabrita de defensora que funciona.

ALBÓNDIGAS ENCHORIZADAS

Enol, CEO de la Asociación de Guasones que Cambian el Nombre a Mikel Iturriaga (AGCNMI), se ha animado a enviarme esta consulta tras días de estéril investigación privada para dar con la solución a su duda existencial: “Querido Hiker: Muchas gracias por tu receta de las albóndigas. Ha sido el primer plato que he cocinado para mi novia y la verdad que no me ha salido mal. Aunque me invade la curiosidad. No entiendo muy bien porque pones 100 g de chorizo en la receta, creo que es demasiado porque he encontrado chorizo hasta en el lambrusco.”

Mikel, CEO de este negociado, se explica con una razón de peso: "Le pongo 100 g de chorizo porque me gusta el chorizo”. Después expresa su comprensión hacia la chorizofobia de Enol: “Entiendo que puede ser una proporción excesiva si el embutido en cuestión es muy fuerte, por lo que introduzco una pequeña corrección en los ingredientes: entre 50 y 100 g de chorizo dependiendo de la clase del mismo y de lo potentes que las quieras.” No sin cierta emoción, Iturriaga despide así su parlamento: “Agradezco la sugerencia de Enol y espero ansiosamente el mail de algún otro lector quejándose de que en la receta no están las cantidades exactas".

LA MAYONESA QUE NO ESPESA

Antonio nos escribe desde la caja del supermercado mientras le facturan un palé de mayonesa industrial con la cual resarcirse de los daños al honor causados por nuestra receta de mayonesa: “Puedo haber estado batiendo mas de 5 minutos las dos yemas y NUNCA cogieron el punto de espesor que hacía falta. Mientras más batía, más aguada quedaba. Por más aceite que le puse, nunca pasó del punto de ser una salsa líquida.”

Nuestro lector no se dio por vencido y probó con claras, sin claras, con huevos fríos y del tiempo, con limón, sin él, con vinagre, con todo al tiempo, y nos cuenta que el resultado de todas estas pruebas fue un líquido, nunca una mezcla espesa. Antonio se despide el mundo de la mayonesa casera con esta frase: “Docena y media de huevos después sólo me queda presentar mi queja ante su Señoría.”

Antonio y la mayonesa de bote, a partir de ahora. GIPHY.COM

Antonio sí que sabe cómo me gusta que me traten en esta tribuna. Con lo de “su Señoría” me ha ganado para siempre, tanto que despedí a mi familia durante unas horas y me encerré en la cocina con varias docenas de huevos y un bidón de aceite dispuesta a vengar su Mayonesagate. Mis huevos emulsionaron a la primera, por lo cual no puedo sacar tarjeta roja a la receta. La conclusión es que Antonio pertenece a ese sector de la población al que la mayonesa no le monta ni a tiros, una cuestión a la que ni los más empollones de la ciencia comidista han sabido dar explicación.

Para consolarle, le recomiendo que eche un vistazo a este interesante artículo de José Carlos Capel sobre el tema, cuya lectura le hará empatizar con Tomás Cano, con cuatro mayonesas cortadas consecutivas a sus espaldas. Emplazamos a Iker Jimenez a que coja el testigo de este asunto y le dé el tratamiento que merece en próximas entregas de Cuarto Milenio.

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