Crema de escalivada
. Fría o caliente, está buenísima de las dos maneras

Crema de escalivada

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En el momento del año en el que no se sabe si va a hacer temperatura de otoño o de verano, las sopas que pueden tomarse frías o calientes son un salvavidas. Esta es una de ellas, y está buenísima de las dos maneras.

La escalivada es uno de esos platos que uno no sabe muy bien cuándo preparar. Es un plato que se toma a temperatura ambiente o más bien fresco, con lo cual apetece más en los meses de calufa, pero para hacerlo tienes que encender el horno, la barbacoa –este supuesto es el más apetecible– o la chimenea (muerte caracolera). Sus ingredientes principales son hortalizas veraniegas, así que volvemos al verano de nuevo. Un jaleo, vamos.

Digamos que ahora que por las noches refresca mientras los días aún son cálidos es un buen momento para dedicarle a la escalivada la devoción que merece. Recordemos también que el horno tiene dos bandejas que podemos llenar para después darle a esta deliciosa verdura asada todas las vidas que queramos.

Desde el relleno de unos canelones hasta una salsa para pasta mucho más rápida –picada a cuchillo y listo–, pasando por croquetas -imprescindible escurrirla muy bien–, flanes salados, ensaladas o patés vegetarianos, sus posibilidades son casi infinitas, y todas muy sabrosas.

Una de ellas, posiblemente de las menos conocidas, es la de hacer con ella una crema que se puede tomar fría o caliente (y convertir en puré o una crema mucho más ligera quitando o añadiendo caldo, teniendo siempre en cuenta que la versión espesa mejora mucho caliente y la ligera gana con el frío). La fórmula que presento es la más básica, solo lleva caldo y un poco de leche evaporada para conseguir una textura ligera y cremosa. A partir de aquí, se puede toquetear hasta el infinito.

Unos filetes de anchoa troceados, unas migas de bacalao desalado, queso curado en lascas o un poco de olivada pueden alegrar la crema sin tener que invertir tiempo en ella. Para convertirla en un plato sofisticado y con un juego de texturas divertido –solo en versión fría, de lo contrario se fundirá–, podéis hacer una gelatina con el jugo que hayan soltado los pimientos durante la cocción y ponerla en dados por encima.

Dificultad

Si tienes un minipimer puedes hacerla.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 2 pimientos
  • 2 berenjenas
  • 1 cebolla
  • 150 ml de leche evaporada
  • 500 ml de caldo de pollo o verdura
  • Sal
  • ¼ de cucharadita de tomillo
  • Pimienta
  • Aceite de oliva
  • 1 rebanada de buen pan de hogaza de 1 dedo de ancho

Preparación

  1. Asar las verduras al horno a 180 grados –con calor arriba y abajo, si se puede– durante aproximadamente una hora y cuarto (o hasta que las verduras estén deshinchadas y tengan la piel tostada y separada de la carne).
  2. Cuando sea posible hacerlo sin quemarse, recuperar el jugo de cocción de la bandeja, pelar las verduras y triturarlas con la leche evaporada, el caldo y sal al gusto.
  3. Quitar la corteza al pan y dorarlo en una sartén con una cucharada de aceite de oliva (no freír).
  4. Llevar a ebullición un par de minutos la crema para que se unifique la textura y se unan los sabores, poner el pan encima, unas gotas de aceite, pimienta negra recién molida y servir inmediatamente.

¿Has intentado hacer esta receta u otras de El Comidista, y no te han salido bien? Quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com

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