Diez patatas de bolsa que deberías probar

¿Babeas solo pensar en patatas fritas? ¿Crees que el paraíso está en el punto justo de sal? ¿Leer estas líneas ya te ha generado un antojo insoportable? Felicidades: nuestras recomendaciones de hoy son para ti.

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Que las patatas fritas son una de las mejores cosas del mundo es una verdad absoluta sobre la que mejor ni discutir (ahí-ahí con frotarse la marca de las gafas en la nariz cuando te las quitas y nadar en pelotas). Si están crujientes y perfectamente fritas en aceite limpio y sabroso, con el punto justo de sal, doradas y diciendo “cómeme” son una de las tentaciones más difíciles de evitar, especialmente si se acompañan de (inserte aquí su bebida de aperitivo favorita).

Como el servicio público que somos, hemos decidido buscar las mejores patatas fritas que se puedan encontrar, para que cada caloría ingerida esté perfectamente compensada con sabor, textura y puntos de felicidad vital. Para ampliar nuestro radio de acción con patatas de producción local de diferentes zonas de España, hemos reclutado a un grupo de expertos en cosas de comer –y algunos también de beber– para encontrar juntos el Santo Grial del tubérculo y el aceite de oliva. Muchas de ellas se pueden encontrar en supermercados bien surtidos, otras se venden online y un par son tan indies que tendrás que acercarte allí a por ellas (o morirte sin probarlas, tu verás).

Patatas Fritas Cervantes

Empezamos con una recomendación totalmente artesanal y de barrio de Roberto Castán y Paula Móvil de La Vermutería Pop-Up, un combo que se dedica a montar eventos con espíritu vermutero, fiestero y musical en diferentes locales de la capital. Roberto y Paula nos cuentan que la Fábrica de Patatas Fritas Cervantes (C/Cervantes, 9) es uno de sus lugares favoritos para peregrinar y ponerse gochos a chips. “Sus patatas son la bomba (y con el punto perfecto de sal justo para no parar de comerlas)”, aseguran. Yo las he probado gracias a un amigo madrileño que también es fan, y estoy completamente de acuerdo con ellos. Precio: se venden solo en su local y a peso, y cuestan 8€ el kilo.

Patatas Pijo y patatas Acho

¿Por qué aparecen dos marcas diferentes en una misma recomendación? Porque detrás de la de Sergio Gallego, periodista y crítico gastronómico de La Verdad de Murcia, hay un culebrón que no permite separarlas. Sergio nos cuenta que en Murcia hay desatada una guerra empresarial patatera: “Por un lado, la marca Acho Qué Bueno (coletilla murciana derivada de la palabra muchacho) lanzó en 2015 una línea de patatas fritas de bolsa que tuvo una gran aceptación por su sabor, pero sobre todo por la murcianía que vendía en las redes sociales”.

Esto pilló un poco desprevenida la empresa Rubio, protagonista hasta entonces del pataterío murciano, pero no tardó en responder lanzando las ¡Pijo Qué Rico!', patatas que plantean su comunicación casi de la misma forma que las Acho: apelando a la murcianía de otra palabra muy de la tierra. “Ambas marcas han incorporado el sabor a pimienta y limón, que es como más se consumen en Murcia y el hecho claramente diferenciador del resto de ofertas”, apunta nuestro experto.

“Quizás, entre tanta oferta mediática por parte de ambas marcas, Murcia esté viviendo un momento interesante en cuanto a patatas fritas de Murcia se refiere”, reflexiona Sergio. “Pijo solo utiliza empresas y productos de la Región en todo su proceso, mientras que Acho lanzó sus patatas bajo el lema de ‘hechas con sal del Mar Menor’, aunque organolépticamente hablando sea casi imposible diferenciar unas de otras”. Ser de Pijo o de Acho: el hecho diferencial que romperá Murcia. Precio: en Intercesta las patatas Acho de 140 g cuestan 1,20€ y las Pijo 1€ la bolsa de 130 g. El historión es gratis.

Patatas Corominas

Esta sección no tendría sentido sin la recomendación de Alberto García Moyano, el hombre al frente de nuestra web vermutera de referencia: En Ocasiones Veo Bares. Las patatas que le roban el corazón son las Corominas, “made in Badalona desde los años 40". "Fritas como Björk manda, que se note que ahí hay aceite, pero sin encharcar y sin aditivos. Digo yo que algo de verdad debe haber ahí porque a pesar de ser papas de bolsa no son inmortales”.

Alberto matiza que está bien que pase esto porque, “como ocurre con los congelados, que estén ahí un tiempo en condiciones decentes no significa que puedan estarlo toda la vida”, y esto lo sabe cualquiera que haya sido víctima de una patata rancia pero de impecable aspecto. Precio: en sus tiendas las bolsas de 180 g cuestan 1,85€, y me cuentan que en Barcelona también venden en los supermercados Condis de c/Padilla y c/Caspe y en Caprabo.

Patatas de corte grueso Rubio

Estas chips, con tres veces el grosor y tamaño de la versión clásica de la pataturria de toda la vida, ha sido de las más votadas por nuestro comité de expertos. Desde La Vermutería Pop-Up, se declaran fans porque “funcionan para comerlas solas pero también para bañarlas en cualquier tipo de salsa para aperitivo, ya que aguantan muy bien y no se ablandan con facilidad”. También recomiendan tomarlas con sriracha (consejo extensible a casi cualquier cosa que vayas a llevarte a la boca). Alberto García Moyano no ve tan claro lo de picotearlas de la bolsa sentado en el banco de un parque, pero coincide en que “en plato con unos mejillones/piparras/boquerones encima son un aperitivo macanudo”. Precio: unos 2,50 € el paquete de 225 g.

Bonilla a la vista

El jefe de todo esto, Mikel Iturriaga, se pone tierno recordando su primera experiencia con sus chips favoritas. “Nunca olvidaré la primera vez que probé estas prodigiosas patatas fritas. Fue en el restaurante Coure, y el cielo se abrió ante mis ojos. Aunque luego me di cuenta de que en realidad se me había abierto el infierno, porque como yonqui de las chips las Bonilla representan el más grave peligro que existe para mí y para mi esplendorosa figura”.

Mikel confiesa que le chiflan porque son extracrujientes, tienen el grosor perfecto, saben a patata y aceite limpio. "Y si te pillan en un momento de hambre, puedes acabar con media lata XL con toda tranquilidad”. Precio: por 21,75 € tienes 5 bolsas de 300 gramos, por 15,60 € 24 de 30 y 3 latas de medio kilo salen a 37,50 (entre otros formatos).

Patatas Vicente Vidal

Dos de nuestros recomendadores más dicharacheros han citado esta marca como una de sus favoritas entre las patatas mainstream. Chantal Amorós, repostera de La Chicha Yeyé en el Puerto de Santa María –y autora de la tarta de queso más deliciosa que he tenido la suerte de probar–, declara su amor por las Marinas de sal de Formentera, balsámico y pimienta, para comerlas “así, tal cual, acompañadas de Coca Cola con hielo y limón y una detrás de la otra”.

Alberto García Moyano –que a base de servir vermuts y otras delicias en la Bodega Carol y la Montferry se ha convertido en un experto en la materia–, se decanta por las Gran Selección. "Sólo les achaco que vengan en caja de cartón cubriendo a la ya suficiente bolsa de plástico. Están crujientes, sabrosas y sin pringue de aceite”. Para homenajes, coincide con Chantal y se lanza de cabeza a las Marinas con sal. Precio: Unos 2 euros las Gran Selección de 165 g, las Marinas de 150 g alrededor de 1,50€.

Tyrell´s

Mis patatas fritas favoritas son inglesas, y encima no siempre son patatas. Me enloquecen las chips de cheddar maduro y cebollino –con cebollitas encurtidas, como ellos mismos recomiendan, son un aperitivo imbatible– y las de sal y vinagre de sidra, mejor si van acompañadas de una cerveza IPA. Son ligeras, están perfectamente fritas, tienen el grosor perfecto y su sabor está perfectamente definido y es extrañamente natural.

Pero los caminos de las chips son intrincados, y mis favoritas del mundo son estas de remolacha, chirivía y zanahoria, solo con un punto de sal. Tal vez sea por ir cambiando de sabor a cada bocado, por el sutilísimo punto dulce de estas raíces o porque directamente les ponen droga, pero probarlas es amarlas. Precio: Las de cheddar y las de sidra cuestan unos 2,40€, y las chips de verdura sobre 3,80€.

Patatas Torres

La patata de batalla favorita de Mikel Iturriaga, que nos cuenta de ellas que “Torres empezó siendo una churrería en Premià de Mar (Barcelona) a finales de los sesenta, y en cuatro décadas han construido un miniemporio que les permite estar presentes en muchos supermercados”.

Si tienes posibles, Mikel recomienda tirarse hacia la gama Selecta, que es más finolis –tanto, que las hay con sabor a trufa o caviar, el colmo de la chip gourmet, aunque mis favoritas son las de hierbas mediterráneas. “Pero cuando el invierno está llegando a tu bolsillo, puedes confiar en las básicas como patatas decentes fritas con corrección en aceite de girasol”. Precio: 8 bolsas de 180 g de las artesanal cuestan 15,50 €, 8 de 125 g de trufa, 21,50 € y podéis consultar el resto de precios aquí (o buscarlas en un supermercado bien surtido).

Cortijo del Olivar

Nuestra gadita favorita, Chantal, que además de ser maestra repostera tiene un master en aperitivos (presencial), nos recomienda con fervor que probemos las papas fritas de Cortijo del Olivar. Su favoritas son las artesanas al natural “30 segundos al micro, con un chorrete de limón y una puntita de pimentón. Chatito de vermut casero y felicidad asegurada”.

Dicen en su página web que son “cortadas en finas lonchas y fritas en una mezcla perfecta de aceites de oliva y de girasol. Al punto de sal y sin conservantes ni colorantes añadidos. Totalmente artesanas, al natural, como las de siempre”. Si tienes paladar aventurero, prueba las de sabor a ajo, chorizo o chilindrón. Precio: 2,35€ los 170 g.

¿Cuáles son tus patatas chips favoritas? Cuéntanoslo en los comentarios y hagamos juntos un mundo mejor.

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