Las leyes de la auténtica boloñesa

La boloñesa es una de las salsas italianas más degradadas. Cuando pruebes la deliciosa receta original, verás el abismo que la separa de la carne picada con tomate que se suele servir en España.

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La lluvia dorada es parmesano. /

Lo confieso: llevaba sin hacer boloñesa desde los noventa. Es una salsa que entonces consumía por pura supervivencia -qué bonito cuando te vas de casa y no sabes ni cocer una patata-, y que después siempre vi como comida de batalla, diseñada para atiborrar a niños y adolescentes tiquismiquis de los que no toman verdura.

Qué ignorante era. Como he podido comprobar esta semana, la auténtica boloñesa casera es una delicia que se parece bien poco a la carne picada con tomate que se suele tomar en España. Salsa (o mejor dicho, ragú) de sabores profundos y reconfortantes, no hay más que juntarla con un poco de pasta o unos ñoquis para que se produzca el milagro. Y hacerla no es difícil: sólo requiere cuatro preparativos básicos y un largo rato de horno que puedes dedicar a otras cosas como limarte las uñas, mandar selfis por Snapchat o leer a Kierkegaard.

¿Cómo? Sólo tienes que seguir unas pocas leyes tal como se cuentan en el vídeo de arriba. Adelanto en primicia: es mejor tomarla con pastas cortas que con espaguetis.

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