Las quejas de los lectores: un engrudo de sopa de miso

Y unas croquetas con pinta de ser familia de Jabba el Hutt, una masa de coca que no sube y un festival del sésamo: las tribulaciones de la Defensora del Cocinero en el mes de febrero están servidas.

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Mar y Blanca no se conocen aún, pero ambas han conseguido el mismo resultado al hacer la sopa de miso con fideos y champiñones: “He seguido la receta al pie de la letra pero no entiendo el resultado, parece una sopa de cacahuete”, confiesa Mar mientras Blanca se desahoga así: “De sabor estaba rico pero me ha salido con textura de puré. En la foto era más líquido y oscuro. ¿Qué he hecho mal?”

A cada cual más apetecible. BLANCA Y MAR

He echado mucho de menos a Mònica Escudero durante su ausencia en esta consulta defensora, tanto que deseaba vehementemente darle un poquito con mi porra de castigo en su rentrée, pero, una vez hecha la receta, debo dirigir la porra hacia Mar y Blanca, Blanca y Mar.

Todo apunta a que nuestras lectoras leyeron la receta con los ojos poseídos por Valerio Lazarov, triturando con alegría todo lo que encontraron en la encimera: los puerros, la cebolla, el tofu, la mantelería, la jarra del agua, los servilleteros y al vecino que vino a por sal. La sopa resulta medianamente espesa, pero con trozos de verdura y cacahuete claramente diferenciados del caldo incluso triturando a lo vasco. También es posible que se hicieran un lío con los pasos de la receta y no utilizaran todo el caldo, sino únicamente el indicado para triturar. Antes de tirar la toalla definitivamente os dejo aquí un mantra: LEED ATENTAMENTE LAS RECETAS.

Ningún tofu fue triturado en esta prueba. MARTA MIRANDA

En la redacción Comidista ha calado mucho este caso de telepatía engrudil y no dejamos de fantasear con un First Dates de las cosas del comer con Blanca y Mar como protagonistas. Lo que el miso ha unido, que no lo separe la túrmix.

Pastel frío de croquetas en tres cocciones

Pilar ha inventado el pastel frío de croquetas en tres cocciones: “Hemos tenido varios intentos fallidos de preparar este plato fetiche. La masa nos queda bastante cremosa además de sabrosona. El problema viene a la hora del empanado y la fritura. Con el último post del día de la croqueta creíamos haber encontrado el camino, pero este fue el resultado. Iluminadnos por favor, ¿en qué hemos fallado? ¿Tenemos que congelar antes de freír?”

Mi primera recomendación es que os quitéis las manoplas de jugar con la nieve cuando vayáis a bolear las croquetas. En la foto que adjuntas –que es preciosa y quiero una copia en cartón pluma para mi dormitorio– se aprecia un artístico degradado que va de la croqueta torrefacta a la crudité y me hace pensar que tenéis un serio problema con la fritura, además de con la masa. Bueno, que tenéis un serio problema en general.

Ummmm… ¡food porn!. PILAR

Ese amasijo de bechamel con gabardina habla de una masa que no se ha refrigerado lo suficiente y, al freírla, se ha vuelto loca y os ha hecho la pedorreta. La masa debe refrigerarse –ACHTUNG, no congelarse– durante varias horas o un día entero para que tenga una consistencia adecuada que permita poder formarla y resistir el baño de aceite hirviendo.

También se adivina que habéis tenido un quilombo con la fritura y que habéis echado las croquetas como Dios os ha dado a entender –unas con el aceite a tope, otras más bien templado– sin tener en cuenta la temperatura, que debe ser constante y en torno a los 175º para asegurar una costra decente que contenga la bechamel y una fritura uniforme de todas las tandas. Porque, Pilar, las croquetas se fríen en tandas de pocas unidades cada una, de lo contrario se consigue un pastel frío de croquetas en tres cocciones como el tuyo.

Nuestra lectora no ha podido evitar incluir una postdata: “Mikel, soñé que nos invitabas a tu fiesta de cumpleaños en el sitio de bodas con más fama de nuestro pueblo. No recuerdo el menú, pero sí que a la salida hacíamos fila india y nos repartías chuches.”. Emocionado, el hombre de los caramelos responde así: "Siempre me hace ilusión que los lectores tengan fantasías húmedas conmigo, pero Pilar, tu sueño me ha fascinado. No descarto que sea un augurio: cuando mi estrella decline y me convierta en el Alonso Caparrós de la gastronomía, me veo celebrando mi cumpleaños en cutre-antros de carretera y repartiendo pastis cual Willy Wonka de la droga".

Coca inactiva

María Teresa siguió al pie de la letra la receta de coca violeta de aceitunas y anchoas y se pregunta qué pudo ir mal: “Mezclé los ingredientes y cada 15 minutos vuelta pacá y vuelta pallá con la masa y luego a la nevera hasta hoy. Extiendo la masa como indica la receta, le pongo los tomatillos y la cebolla, y al horno. A los 10 minutos no ha subido. Pienso que no pasa nada y bajo el horno. 10 minutos más y la coca sigue igual. Por si acaso, la dejo 5 minutos más. Nada. Una suela de zapato que hay que tirar a la basura. ¿En qué me he podido equivocar?”

María Teresa, consultando con Ibán Yarza, me da en la nariz que te pasaron material chungo en la tienda de levaduras o vives en un iglú. Nuestro panadero de cabecera intenta descubrir qué pudo pasar: “Puede que la masa estuviera demasiado fría (una masa de pan vive contenta donde el hombre vive contento, idealmente en Canarias a 24º, pero a una temperatura de casa sobre los 20º fermenta sin problemas). Habiendo revisado la temperatura de la masa, la mirada únicamente puede recaer sobre la levadura: ¿estaba en orden y dentro de la fecha? ¿Estaba bien pesada?”

Si ninguna de las anteriores respuestas satisface a María Teresa, puede que Cuarto Milenio tenga las claves de su masa zapatera: “De las incontables veces en que hecho pan solo una vez me falló la levadura”, asegura Yarza. ”Compré una levadura en sobre en el súper que estaba dentro de la fecha de uso. Hice varios panes, ninguno fermentó un ápice. Nunca había visto nada parecido ni lo he vuelto a ver”.

Un hummus desproporcionado

Ana María pide que arreglemos lo que considera un desaguisado y metedura de pata comidista: “¿Es correcta la proporción de 250g de garbanzos por 270g de tahine? Me ha salido una pasta entre el cemento y el pegamento. ¿Podrías confirmarme la cantidad correcta y arreglarlo en el vídeo?”

Ana María reciclando el hummus. GIPHY.COM

Antes de arreglar nada, he ido a la fuente de la videorreceta, el libro Jerusalén, de Yotam Ottolenghi. Ya en la primera línea, el autor cuenta que la receta lleva una buena cantidad de tahina, y las medidas coinciden exactamente con el vídeo en cuestión. Embutida en mi disfraz de Salomón recién planchado, pongo un poco de sabiduría defensora en este asunto.

Ana María, distraída por la vuelta de Isabel Pantoja a los escenarios, no reparó en que en el vídeo se utilizan garbanzos secos y pesó 250 gramos de garbanzos cocidos. Es posible que en su relajación se quedara con la visión de los garbanzos cocinados triturándose mientras se sobreimpresiona la lista de ingredientes, en la cual no se especifica si son cocidos o secos.

Para que ningún lector atolondrado vuelva a hacer Aguaplast de garbanzos, me veo obligada a dejar una nota al pie del vídeo aclarando el asunto. Y como os quiero como si fuerais mis propios hijos, añadiré en mi glosa la cantidad de garbanzos cocidos adecuada –600 gramos– para cuando os invada la galbana y uséis garbanzos de bote, gandules.

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