Ensalada marroquí de calabacín
El tajín no es obligatorio.

Ensalada marroquí de calabacín

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¿Crees que el calabacín es el mayor sosainas de la huerta? Descubre esta forma de prepararlo sencilla, sabrosa y muy moruna e ingresa en la secta de los adoradores de la cucurbitácea verde.

Como todo en la vida, salvo la tortilla de patatas y los 'snatch games' de 'Ru Paul's Drag Race', el calabacín tiene sus pros y sus contras. Por un lado, es una de las hortalizas que menos curro da: basta con lavarlo, picarlo, echarlo a la sartén y en pocos minutos lo tendrás listo. Por otro, no destaca por llevar el festival del sabor a tu plato, y sus detractores se quejan de que es más intrascendente que Eva González en Masterchef.

A mí, personalmente, me gusta. Pero reconozco que hay que darle alegría Macarena cuando te metes a cocinarlo para no sentir la bajona de la verdura sosonga. Por eso la receta de hoy, que no es mía sino del maravilloso libro 'Las verduras de muchas maneras', de Karin Leiz, ha constituido una auténtica revelación. Aunque no responde mucho a nuestro concepto de "ensalada" -es verdura cocida, pero se toma fría-, espabila el calabacín a base de pimentón y lo transforma en un producto agradecido. Y además con una técnica tan fácil como carente de engorro fritanguero.

La cocción en agua de la cucurbitácea puede sonar a Everest del aburrimiento, pero la gracia es que debes usar poco líquido y reducirlo al máximo, con lo que los sabores se concentran y no hay efecto caldichi. El vinagre, el ajo y el comino actúan como potenciadores, y como no hace falta usar mucho aceite, el resultado es sorprendentemente ligero. Por si fuera poco, la técnica vale para otras verduras: yo lo he probado con cebolla picada en juliana gruesa y está espectacular, y supongo que valdrá también para zanahorias, chirivías, alcachofas o hinojos.

He hecho pocos ajustes a la receta original: añadir parte del aceite al final para que no pierda tanto aroma y darle un golpecillo final de vinagre para que suba la acidez. También sugiero tomar los calabaciones con bulgur y servirlos templados, aunque fríos con cualquier otro acompañamiento -o solos- también están buenísimos.

Dificultad

Para personas que no saben distinguir un calabacín de un pepino.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 800 g de calabacín
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cucharada de pimentón de la Vera
  • 1/2 cucharadita de comino molido
  • 2 cucharadas de vinagre de Jerez
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Sal

Preparación

Cortar longitudinalmente los calabacines sin pelar, y eliminar parte de la semilla interior si tienen mucha. Picar en dados de unos 2 centímetros y ponerlos en una cazuela baja.

Añadir los dientes de ajo aplastados, el pimentón, dos cucharadas de aceite y sal. Mojar con agua hasta que sobresalgan un poco los dados de arriba. Es decir, no echar agua a cascoporro, sino una base para que los calabacines se hagan. Poner a fuego medio.

Cuando el líquido haya hervido y esté casi evaporado del todo, añadir el vinagre y el comino. Dejar reducir del todo, retirar del fuego, añadir las otras dos cucharadas de aceite, remover y dejar enfriar.

Corregir de vinagre y sal al gusto, y servir templados o fríos con bulgur o cuscús. También están buenos solos, con arroz, pasta o lo que apetezca.

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