9 platos con sobras de pollo asado

Recicla los restos del clásico asado dominical y conviértelos en sabrosos bocadillos, empanadas marroquíes, ensaladas y hasta caldo. De regalo, algunos trucos para devolver a la vida las piezas más secas.

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9 platos con sobras de pollo asado
Por si las sobras.

El pollo asado es un clásico dominical nacional tan arraigado como el vermú, la misa o escuchar tres partidos a la vez en Carrusel Deportivo. En algunas regiones se compra directamente preparado a l´ast, en otras lo normal es currárselo en casa (si te toca hacerlo, este vídeo puede ayudarte bastante). Pero si hay algo que une a España más que el visionado de Cuarto Milenio o First Dates son las sobras de ese pollo, las pechugas que los que son “más de muslo” evitan como si fueran kriptonita. O esa mitad de ave extra -que siempre se compra para que nadie se quede con hambre y termina languideciendo en la bandeja con todo el mundo está más que servido- puede convertirse en varios platos deliciosos que nada tienen que envidiar al original. Apúntate estas ideas y empezarás la semana con una comida resuelta.

Coronation Chicken

Coronation chicken versión ensalada. MARTA MIRANDA

Nuestra Defensora regente, Marta Miranda Arbizu, tiene en su blog dedicado a la cocina lenta más de una receta con el pollo asado como protagonista. En esta ocasión procede pedirle prestada la del Coronation Chicken, un plato a base de pollo, mayonesa, y curry que ya tiene 64 años, pero no tiene pensado jubilarse todavía. ¿Que cómo sabemos su edad exacta? Porque se inventó para formar parte del picoteo informal para los invitados extranjeros en la coronación de Isabel II. También es vox populi que su creador no fue un cocinero, sino la florista Constance Spry, encargada de los arreglos de la ceremonia. El caso es que está muy bueno y se puede comer en ensalada, canapé, tartaleta bocadillo o -esto es una desviación personal, me temo- rellenando unos huevos duros.

Bocadillo César deconstruido

“Ya hemos estado leyendo a Ferran Adrià”, pensaréis algunos. Pero en este caso la cosa no va de complicarse la vida, sino de hacerla más fácil: en lugar de currarse la salsa que da nombre a la ensalada, simplemente pondremos todos los ingredientes entre un trozo de barra de pan abierto por la mitad y tostado. Anchoas, pollo, parmesano, lechuga y unas anchoas y ya tenemos todo el sabor de este mítico plato. Yo no le pondría mayonesa, aunque es la base de la salsa original: con un aliño de aceite, limón, salsa Perrins, sal y pimienta me llega, pero podéis ponérsela si os apetece una textura más untuosa.

Aguacates rellenos

Para preparar este platazo necesitaremos restos de pollo asado, guacates, cebolla, limón, pepinillos en vinagre, sésamo, unas ramitas de cebollino, mostaza de Dijon al gusto (opcional), sal y pimienta. Empezaremos desmigando bien el pollo con las manos, y pelando y picando fina la cebolla y los pepinillos. Abrir los aguacates por la mitad, reservando las cáscaras. Sacarles la carne y mezclarla con la cebolla, los pepinillos, el zumo del limón, la carne del pollo, el sésamo, la mostaza –si se quiere–, sal y pimienta. Rellenar las cáscaras y servir con cebollino picado por encima.

Un aguacate sin tostada es posible. MIREIA RODRIGUEZ

Ensalada tailandesa

Hay un montón de ensaladas de inspiración asiática que pueden convertirse en un plato único resultón si les añades un poco de pollo asado. Por ejemplo, una a base de pepino, pimiento y zanahoria, con un aliño un poco picante, cacahuetes y cilantro, perfecta para esos días en los que el calor te deja sin fuerzas ni para comer. Sustituye las gambas de estos fideos por pollo desmigado cuando refresque y tengas más hambre

Pastela de pollo

Usar un pollo ya cocinado puede acortar bastante la preparación de la pastela, un plato marroquí con un punto dulce que se toma como entrante, en el que la carne se mezcla con cebolla guisada, almendras y un montón de especias. Después se rellena con ella un molde forrado con varias capas de pasta brick pinceladas con mantequilla, y se hornea. El resultado se toma tibio y está como para repetir cinco veces y pasar del resto de la comida.

Patatas con doble horneado

El reciclaje perfecto. MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA

Si preparas el pollo en casa, automatizar el gesto de ponerle al lado -o debajo, en la bandeja extra que tienen casi todos los hornos- unas patatas, cebollas, berenjenas o pimientos te dará un montón de alegrías culinarias durante los siguientes días. Por ejemplo, podrás preparar estas patatas con doble horneado, una receta de aprovechamiento deliciosa y baratísima en la que puedes reciclar cualquier sobra del asado (incluso los trocitos pegados a la carcasa y los huesos que suelen acabar, junto con estos, en la basura). Aquí proponíamos un sofrito a base de cebolla y champiñones, pero se podría usar puerro, zanahoria y tomate si es lo que tenemos en la nevera: seguro que sale bien.

Relleno para sandwiches

Rellenar unos sandwiches es un destino digno hasta para el pollo que hemos desterrado por estar más securrio que el Gobi. Si aligeramos una mayonesa con un poco de zumo de naranja y limón y desmenuzamos bien el pollo le devolveremos la hidratación que perdió durante el asado y dejará de estar correoso y hacer bola. Solo tendremos que añadir hortalizas picadas al gusto y listo. Ahora viene la parte más difícil en los tiempos que corren: encontrar un pan de molde digno en el que meter esa maravilla. Una pista: no está en el supermercado.

Pollo a la vinagreta

Otra manera de devolver la jugosidad a unas pechugas que ha visto tiempos mejores -sin usar mayonesa-, es mezclarla con una vinagreta o un escabeche rápidos. Córtala en rodajas no muy gruesas y déjalas un buen rato -mejor de un día para otro- en un escabeche refrescante como el de esta receta de pavo. ¿Una versión en la que no haga falta ni encender el fuego? Esta vinagreta de mostaza y miel. Cuando los jugos hayan sido absorbidos por la carne, sírvela con arroz, sémola, patatas cocidas o sobre un lecho de pepino o calabacín crudo.

Caldo de huesos

No se tira nada. MARTA MIRANDA

Marta Miranda, fuente de inspiración sin fin, publicó el pasado invierno una receta que me hizo tilín desde el primer momento, porque hace una de mis cosas favoritas en la cocina: sacar algo delicioso de algo que iba a ir a la basura. Se trata de un caldo hecho con los huesos del pollo asado, esa carcasa pelada que indica que la comida del domingo a mediodía ha terminado y que el lunes nos espera, inexorable. Congelando los huesos de tres o cuatro pollos y añadiendo las clásicas verduras para caldo, podremos conseguir tres o cuatro litros de un elixir que lo mismo nos alegrará un arroz que servirá como base para una sopa. Si no tienes crockpot, hazlo en una olla a fuego bajo durante seis u ocho horas: alucinarás con la profundidad de su sabor.

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