El aceite de oliva no sustituye al ibuprofeno

Marca España promueve un aceite como alternativa al medicamento, sin que existan pruebas científicas que respalden sus supuestos poderes antiinflamatorios. ¿Qué hay de verdad y mentira en las virtudes del aceite de oliva?

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El aceite de oliva no sustituye al ibuprofeno
No es ibuprofeno, pero va bien para muchas otras cosas.

Se llama aceite de oliva virgen extra Fergus, se vende en farmacias, y se propone literalmente como un “jarabe de vida” con varias virtudes -no demostradas- para la salud, a cual más inadecuada y fraudulenta. Sus supuestas capacidades anticancerígenas o antiinflamatorias, sin pasar por alto por sus propiedades antineurodegenerativas, cardioprotectoras, antienvejecimiento y digestivas son un verdadero timo.

La polémica saltó a la palestra cuando Marca España se posicionó abiertamente en Twitter para promover su uso como un sustituto alternativo del ibuprofeno. El tiro le salió por la culata, y a las pocas horas Marca España retiró su mensaje explicando que lamentaban que su mensaje hubiera “inducido al error”.

La mayor parte de bondades, incluida la de su presunto efecto antiinflamatorio -el famoso “ibuprofeno natural”, sic- recaen sobre un polifenol concreto presente en mayor o menor proporción en la mayoría de los aceites de oliva virgen: el oleocanthal. Una sustancia que se postuló hace años como un elixir de la salud para-casi-todo pero que ha terminado siendo un gran ‘bluf’, salvo para algunos inversores con más perspectiva comercial que científica.

El polifenol milagroso que no fue

A estas alturas, los artículos científicos que evalúan de algún modo las propiedades del olecanthal se reducen en PubMed a tan solo a 76. Un rédito minúsculo para cualquier sustancia con tantos supuestos beneficios: varios estudios in vitro o con modelos animales, algunos con resultados esperanzadores -otros no- que no se han concretado en estudios in vivo con humanos. Además, el oleocanthal servía a los promotores de este aceite para justificar otras propiedades del tipo antienvejecimiento y moduladoras de la degeneración nerviosa en base a estudios puntuales.

Más allá de las propiedades mencionadas, sí que es cierto que el aceite de oliva virgen, sea el que sea -no solo el de este origen y marca, cualquiera- está asociado de forma convincente y demostrada con la mejora de los niveles plasmáticos de LDL-colesterol o lo que vulgarmente se conoce como ‘colesterol malo’. El resto, en mi opinión, es fraude, al menos legalmente.

Los que deciden qué se puede decir sobre el aceite de oliva, y qué no

En la actualidad, para poder hacer cualquier alegación de salud sobre un alimento, debe validarse por al menos dos de los reglamentos europeos que se encargan de ordenar estas cosas para que nuestros supermercados, y por lo que se ve también nuestras farmacias, no se conviertan en un sindiós. En concreto se trata del RE 1924/2006 -relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos- y el RE 432/2012, una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos, distintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y el desarrollo y la salud de los niños.

En virtud del primer reglamento se establece un protocolo mediante el cual los ciudadanos o las empresas pueden abrir un proceso de consulta, en el que aportan las pruebas pertinentes a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Después esta aceptará o rechazará las alegaciones de salud sobre el alimento o componente en el mismo: en el primer caso se permitirá y será legal hacer tales alegaciones en la promoción y venta del alimento en cuestión. En el segundo, no. Es fácil, ¿verdad?

Los que no lo preguntan

Existe un rincón en la web en el que cualquier ciudadano puede contrastar qué es lo que ha sido consultado a la EFSA en este terreno y cuál ha sido su decisión (o si todavía la consulta está en trámite) sobre atribuir a un alimento o sustancia una u otra cualidad sobre la salud. Para ello conviene poner en el campo “keyword” el término de búsqueda y pulsar sobre “search”.

Pues bien, en el caso del oleocanthal, no hay ni una sola consulta realizada. Por lo que podemos decir sin miedo a equivocarnos que cualquier alegación que se haga sobre esta sustancia es directamente ilegal.

Sobre lo que sí se ha posicionado positivamente la EFSA es respecto a la capacidad del aceite de oliva para regular el metabolismo lipídico; concluyendo que es eficaz a la hora de controlar el LDL-colesterol. Lo consigue gracias a una proporción concreta de ácidos grasos monoinsaturados presentes en cualquier aceite de oliva, si se consume en lugar de otras fuentes alimenticias ricas en ácidos grasos saturados.

Pocos argumentos complacen tanto a la hora de elegir un alimento como los que sostienen que su consumo reduce el riesgo de enfermedades tan terribles como el cáncer, la degeneración nerviosa, el dolor o el envejecimiento. A esta complacencia Julio Basulto le llama, con acierto, ‘el efecto talismán’, y puntúa doble si el alimento va a funcionar como sustituto de los temibles fármacos. Encontramos un ejemplo similar, aunque bastante peor para la salud, en aquellos titulares en los que se promovía el consumo de cerveza en sustitución del paracetamol.

Hipócrates, al rincón de pensar

La culpa hay que echársela, en cierta medida, a Hipócrates. A él se le atribuye la famosa frase “que tu medicina sea tu alimento y tu alimento tu medicina”. Él sabría a qué se refería, pero a día de hoy este concepto ha sido fagocitado secuestrado por ciertos colectivos que la usan como lema en su escudo de armas. A pesar de no faltarle cierta razón -cuando se interpreta bien-, se encuentra actualmente en el mismo saco que términos como “holístico”, “natural” o “ecológico”.

En este juego también hay quien busca generar buen rollo para aumentar su visibilidad. Los anglosajones lo llaman click-bait, que vienen a ser cebos para compartir fácilmente. En muchos fraudes hay cooperadores necesarios, como algunas farmacias, y también cómplices, como algunos medios de comunicación.

El aceite de oliva virgen es un producto fetén nutricionalmente hablando, con el que muy probablemente podrás mejorar tu alimentación en base a vaya-usted-a-saber-qué que contenga. Forma parte sin lugar a dudas del núcleo duro de la dieta mediterránea -sea ésta lo que sea- y es más que probable que junto a otros elementos adecuadamente escogidos te ayude a obtener la mejor jugada con las cartas que te han repartido.

Pero no flipes: no hay alimentos talismán. Y menos a 40€ el litro y en farmacias, cuando el que encuentras por 5 o 6 en tu supermercado es exactamente lo mismo.

Juan Revenga es dietista-nutricionista, biólogo, consultor, profesor en la Universidad San Jorge, miembro de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN) y un montón de cosas sesudas más que puedes leer aquí. Ha escrito los libros “Con las manos en la mesa. Un repaso a los crecientes casos de infoxicación alimentaria” y “Adelgázame, miénteme. Toda la verdad sobre la historia de la obesidad y la industria del adelgazamiento” y -muy importante- es fan de los riñones al jerez de su madre.

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