Bizcocho de remolacha y frutos secos
Jugoso, sano y con enjundia: un sueño hecho bizcocho.

Bizcocho de remolacha y frutos secos

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Ya está aquí el otoño y con él llegan el fresquete, la batamanta y las ganas de encender el horno ¡Inaugura la temporada repostera con un dulce reconfortante!

No mientas, cuando oyes que un postre es saludable -o healthy, que dicen los botarates- te echas a temblar. En tu mente se vislumbran dos opciones, o algo tan extremadamente sano que sabe a paja e inanida o una especie de simulacro reposteril hecho a base de sucedáneos decepcionantes. Afortunadamente, existe una vía alternativa gracias a la cual podrás retozar en bizcocho sin sentirte demasiado pecador: añadiendo fruta u hortalizas a la masa, reduciendo la cantidad de azúcar de la receta, cambiando la mantequilla por aceite o agregando una cantidad importante de fibra a la ecuación.

Todos estos consejos ya los dimos en su día, pero hoy traemos una receta práctica en caso de que sigas pensando que un pastel así debe de ser un ladrillo. Pues de eso nada, monada, porque este bizcocho es sabroso, húmedo y viciosillo en grado sumo. La remolacha, musa de la temporada otoño-invierno, además de en ensaladas, sopas, cremas o hamburguesas vegetales se puede usar con éxito en la repostería para teñir masas pero también como ingrediente principal. En este postre aporta un toque dulce y especial -no, no sabe a tierra- subrayado por pasas, nueces y semillas que nada tiene que envidiar a ningún plum-cake.

Basándonos en una receta de Nigel Slater, hemos sustituido el aceite de girasol por el de oliva y reducido drásticamente la cantidad de azúcar sin que el resultado se resienta, una ordalía que bien se merece un trozo de pastel en nuestro honor. Las remolachas, eso sí, tienen que ser crudas. No sólo porque están en su mejor momento, sino porque usar las que vienen cocidas añadiría demasiada humedad y cero sabor. Vete a tu frutería, hazle la rosca a quien haga falta y consigue un manojo; en caso de que sea misión imposible, sustituye la remolacha por zanahoria y punto pelota. El bizcocho no quedará del mismo color pero la textura será parecida.

Del mismo modo, puedes cambiar las nueces por otros frutos secos y las pasas por arándanos o trozos de ciruela pasa. “¿Y si no tengo azúcar moreno puedo echar del normal?” Pues claro, recuerda que el moreno no es menos pernicioso que el azúcar blanco refinado, simplemente es diferente. Otorga a las masas humedad y un sabor acaramelado; pero ojo: esto sólo pasa con el azúcar moreno mascabado de aspecto húmedo y fino, que poco tiene que ver con lo que habitualmente nos venden como tal.

El glaseado es completamente opcional, así que si estás intransigente con el dulce, elimínalo. Si eres un poco vacaburro, pasa al siguiente nivel haciendo la receta en un molde redondo para tartas y cubre o rellena el bizcocho con queso crema batido con azúcar. Al fin y al cabo, el resto será casi (casi) sano.

Dificultad

La de acabar con las manos teñidas de rosa durante un par de días.

Ingredientes

Para 10 personas (un molde rectangular de 25 cm)

  • 140 ml de aceite de oliva suave
  • 150 g de azúcar moreno mascabado o 130 g de azúcar blanco
  • 3 huevos
  • 50 g de nueces peladas y picadas
  • 75 g de pasas sin pepitas
  • 75 gramos de semillas variadas (lino, calabaza, sésamo, amapola…)
  • 150 g de remolacha cruda
  • 200 g de harina de trigo integral (o normal)
  • 9 g de impulsor (Royal)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de canela

Para el glaseado

  • 4 cucharadas de azúcar glas
  • 1 cucharada de zumo de limón
  • Semillas al gusto

Preparación

  1. Batir el aceite con el azúcar. Separar las yemas de las claras, guardando las últimas en la nevera. Añadir las yemas una a una a a la mezcla anterior (azúcar + aceite), batiendo después de cada adición.

  2. Agregar las nueces, las pasas y las semillas. Revolver bien. Quitar la piel de la remolacha y rallar la raíz entera con la ayuda de un rallador sobre la masa. Revolver.

  3. Mezclar aparte la harina, la sal, la canela (u otras especias) y el impulsor. Revolver con un tenedor para que no queden grumos.

  4. Añadir poco a poco los ingredientes secos a los húmedos, integrándolos perfectamente en la masa. Dejar reposar la masa media hora, tapada y a temperatura ambiente.

  5. Encender el horno a 180 grados con calor arriba y abajo.

  6. Engrasar ligeramente el molde con aceite y colocar en su fondo un trozo de papel de horno, para poder sacar el bizcocho cómodamente.

  7. Batir las claras a punto de nieve y cuando tengamos un merengue consistente, agregarlo en cuatro partes a la masa principal, con movimientos suaves y envolventes. Verter la masa del bizcocho en el molde y meterlo en el horno a media altura.

  8. Después de 30 minutos, cubrir la parte superior del molde con papel de aluminio (para que no se queme) y dejarlo así otros 20 minutos.

  9. Comprobar con un palillo que la masa esté húmeda pero no pegajosa. Sacar el molde del horno y dejar que se enfríe por completo.

Para hacer el glaseado, mezclar azúcar glas con un poco de zumo de limón -muy poco- hasta conseguir una textura espesa, como de cola de carpintero. Echar por encima del bizcocho desmoldado con una cuchara y espolvorear con semillas.

Si haces esta receta, comparte el resultado en tus redes sociales con la etiqueta #RecetasComidista. Y si te sale mal, quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com.

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