Las quejas de los lectores: una pasta que pide Omeprazol

Una receta de pasta con mucho limón, otra con nata desaparecida o una tarta de higos con bajona son algunas de las tribulaciones que han hecho arremangarse a la Defensora del Cocinero en octubre.

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Hunkiskilloso ha aprovechado su día anual de inspiración para escribir a esta defensora: “Hay una errata en el título de la receta pasta con salsa de berenjenas y limón. La receta insta al uso de 2 limones para 800 gramos de berenjena, sin embargo, con esa cantidad de limón, la salsa ni es de berenjenas, ni tiene pasta. Por lo tanto, el título debería ser ‘limón con pasta, con un ligero toque de berenjena’, y deberían recomendar el uso de un protector estomacal, junto a los ingredientes.”

Mientras intenta descifrar el sentido de la segunda frase, Mònica Escudero responde por su receta: “Los italianos son bastante desprejuiciados y generosos con el limón en sus recetas. La que cito como inspiración, de Giada de Laurentiis, lleva el zumo de tres limones para cuatro raciones” y alude a los gustos personales como referencia para el uso de ingredientes con sabores potentes: “Si ya sabes que el limón te gusta más bien poco, ajusta las cantidades de las recetas normales a tu gusto. O no lo pongas.”

Las recetas con limón exprimido suelen ser problemáticas por dos motivos: el tamaño de los limones y el grado de tolerancia al sabor ácido de cada comensal. En el mercado podemos encontrar limones pequeños, medianos y grandes que pueden multiplicar la cantidad de zumo obtenida exprimiendo las mismas unidades.

Dos limones enteritos. MARTA MIRANDA

Si los redactores comidistas indicaran el tamaño exacto de cada ingrediente, viviríamos en un mundo ideal, pero la realidad es otra y hay que echar mano del sentido común. He cocinado la pasta y el resultado ha sido muy bueno. Tuve la precaución de ir añadiendo el zumo poco a poco a la masa de berenjena y probando hasta dar con el punto de limón a mi gusto, que coincidió con la medida de dos limones medianos. Desde El Comidista agradecemos esa fe ciega y ácida que nos profesáis, que os hace renegar de vuestra limonfobia y regar los platos con zumo de limón a lo loco, pero recomiendo encarecidamente que hagáis uso de un recurso muy valioso: el sentido común para probar las mezclas y adaptarlas a vuestras poderosas papilas gustativas.

La nata no está

Reyes me envía un correo sin asunto para estimular mis neuronas, ejercitar mi capacidad de adivinación y plantear una duda: “Me encanta la receta, pero tengo una duda: en el sirope de chocolate comentaste que le iba muy bien la nata, pero en la receta no está. Y, aunque se le pusiera, ¿aguanta unos días en la nevera?”.

Mis sabuesos y yo conseguimos al fin dar con la receta –o eso creemos– y dedujimos que se trataba del mix de tortitas y sirope de chocolate casero. En uno de los últimos párrafos, Ana Vega apunta que la nata es opcional, aunque matiza que es muy recomendable añadirla. Como se puede ver en la foto que ilustra la receta, ella puso un buen gurruño de nata coronando una torre de tortitas, pero nos privó de la receta, quizá por lo fácil que es hacer nata montada. Pero, queridos cocineros comidistas, ¿para que está esta defensora sino para serviros?:

  • Escoge una nata con una alta proporción de grasa, mejor si tiene un 35,1 %.

  • La nata tiene que estar muy fría. Mete el brick de nata, el bol y las varillas que vayas a utilizar en el congelador durante 30 minutos antes de montar la nata.

  • Para montarla, simplemente pon la nata en el vaso de la batidora, coloca las varillas en el cuerpo de la batidora y bate hasta que empiece a estar espesa.

  • No batas en exceso, porque la nata se podría convertir en mantequilla.

  • Al final, añade azúcar glass a tu gusto mezclando a mano con una espátula.

  • Procura hacer la cantidad justa. Si sobra, guarda la nata en frío sólo de un día para otro.

 Higos a mogollón

Valeria escribe un correo en dos tiempos. Antes de hacer la tarta de higos y aceite de oliva pregunta: “Tengo entendido que es pecado mortal abrir el horno antes de la primera media hora al hacer bizcochos. ¿Cómo se debería hacer para añadir el resto de los higos a los 15 minutos de cocción? ¿Se puede esperar más?”. Una vez cocinada la tarta, nos cuenta su experiencia “Por si acaso, no me arriesgué y opté por poner TODOS los higos antes de meterla en el horno. La he sacado y nada que ver con la de vuestra foto. Había muy poquita masa para tanto higo, la próxima vez duplicaré cantidades excepto higos, porque ha quedado casi plana.”

Mikel López Iturriaga se ha refugiado en el bunker que tiene preparado para cuando le interpelo con recetas de hace siglos, así que he tenido que remangarme y darles fuerte al higo y a las varillas.

Los higos de la defensora no son multitud. MARTA MIRANDA

Confieso que temí que la masa se viniera abajo al abrir el horno para incorporar el resto de fruta, pero no hubo problema porque ésta aún no estaba cocida: tras sembrarla de higos, quedó en el mismo nivel y siguió subiendo. Para que todo vaya bien, aconsejo añadir los higos con rapidez y dejar el horno cerrado mientras tanto para que no pierda calor.

Respecto a la segunda pregunta, con unos ingredientes en buen estado y una ejecución correcta, la masa es más que suficiente, resulta esponjosa y está proporcionada a la cantidad de higos. ¿Qué le ha podido pasar a la tarta de Valeria? Mi CSI defensor apunta a cuatro hipótesis:

  • La levadura estaba más caducada que Carracuca.

  • Batió la mezcla de huevos con el brazo triturador de la batidora, evitando así que la masa cogiera aire y quedara esponjosa. Batid siempre con batidora de varillas eléctricas, my friends, o conseguiréis cocinar bizcochos con la consistencia de una filloa.

  • No mezcló la harina a mano y con movimientos suaves, sino con la túrmix a todo trapo, convirtiendo la masa en un conglomerado plano y sin gracia.

  • Se fio del frutero cuando le dijo: “Pasa un poco de 300 gramos, ¿lo dejo?”, y terminó añadiendo media tonelada de higos a la mezcla.

No aparece la receta

Beñat comienza el día haciendo balance de sus logros: “He probado a hacer cookies un par de veces y el resultado no ha sido bueno. Se prometían unas galletas preciosas y crujientes y no pasan de tener la textura de un macaron aplastado.” Continua pidiendo ayuda antes de hacer otro intento: “Mi objetivo es una galleta como las de la foto de este artículo, el problema es que no viene la receta. Y eso se repite: cuando hay una foto con algo muy apetecible, no aparece la receta.”

Beñat y su quincuagésima bandeja de cookies. GIPHY.COM

Frustrado, no ceja en la búsqueda de la receta del éxito: “La que mejor impresión me da es la de The Toll House; aunque, al ser una receta bastante antigua, igual no funciona tan bien como funcionaba. ¿Algún consejo para mi búsqueda de los cookies perfectos?”

Querido Beñat: ¿de dónde viene ese empeño en buscar recetas donde no debe haberlas? A nosotros nos gustaría poder dar la receta de todo lo que sale en las fotos: las galletas de marca, la salsa de tomate de bote, las patatas fritas de bolsa o la eterna juventud, pero andamos superliados y no nos da la vida. Como mi bondad es infinita, no te voy a dejar tirado en la cuneta de las galletas crujientes y te voy recomendar que leas el artículo de Ana Vega Biscayenne en el que lo cuenta todo sobre cómo hacer galletas con pepitas de chocolate. Que Dios reparta suerte.

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