Reinas de copas: las mujeres que revolucionan el mundo del vino

Aunque algunos se resistan, elaborar vino ya no es sólo cosa de hombres. La presencia femenina en las bodegas crece y algunos de los vinos más interesantes del momento están firmados por mujeres.

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Reinas de copas: las mujeres que revolucionan el mundo del vino
Mar Peique en el viñedo de la bodega familiar.

El “portavoces y portavozas” de Irene Montero, el #másmujeres de los abanicos rojos de la gala de los Goya, los premios Feroz entregados solo por mujeres y el inminente paro del 8 de marzo: en 2018 ha arrancado con las reivindicaciones femeninas al orden del día. En el mundo del vino, que sin ser tan relevante –de momento- como el de la política o el de las artes también va ganando enteros. Ha llegado el momento del "enólogos y enólogas", "bodegueros y bodegueras", "vinateros y vinateras", "vendimiadores y vendimiadoras"…

No es una revolución que dé para gala, pero sí para libro, asociación y artículo (este, concretamente). La asociación es Amavi (Asociación de Mujeres Amantes de la Cultura del Vino), que pelea por dar protagonismo a las mujeres en un mundo tradicionalmente masculino, y el libro es Reinas de Copas (Tolosa Wine Books) y lo ha escrito un periodista nacido en la Transilvania rumana llamado Zoltan Nagy, que tiene delito que tenga que venir un transilvano a poner en valor este tema.

Me pongo en contacto con Zoltan tras leerme –en diagonal, tampoco voy a ir aquí de gafotas- su libro, y me cuenta que varias bodegas de renombre de Rioja y Ribera del Duero no quisieron aparecer en su texto solo por el hecho de que su enóloga fuera una mujer. “El vino es bueno porque se elabora bien, y no influye si la mano es masculina o femenina”, decían. Que algunas bodegas no quieran aprovechar la oportunidad de sacar pecho (¡ha dicho pecho! ¡Lapidación!) en un libro bajo esa excusa demuestra que algo está cambiando, que no solo hay cada vez más mujeres liderando proyectos de enología, o con puestos de gran responsabilidad en bodegas, que las hay, sino que algunas ya se permiten el lujo de no necesitar presumir de ello, porque lo ven como algo de lo más natural.

En Amavi, donde manejan varios estudios sobre el tema, afirman tal vez tampoco lo es tanto: solo el 4% de las veces en que un camarero ofrece la carta de vinos se lo ofrece a ella -entiendo que se refiere a cuando salen a comer parejas heterosexuales-; y que eso de que rosados y blancos para ellas es un injustificado cliché porque casi el 50% de las mujeres prefieren tinto (que más allá del cliché, hay blancos y rosados que qué más quisieran algunos tintos). Pero también aprovechan para contarnos que casi en el 80% de los casos son ellas las que compran el vino y un 60% lo bebe una o dos veces por semana. Que no es poco, ya que estamos en un país en el que se bebe una media de dos o tres copas por españolito a la semana.

Los cursos de enología están plagados de mujeres –en porcentaje triplican al dato de hace apenas diez años-, cada vez más nombres femeninos firman críticas o artículos sobre vinos (una de las firmas más prestigiosas del mundo es la de la británica Jancis Robinson), y entre viñas, barricas y botellas cada vez se mueven más manos y mentes femeninas.

“Hay una vuelta de la mujer al mundo rural, en todos los niveles. Desde la vendimia a la dirección enológica pasando por la gestión de bodegas”, comenta Zoltan, que además reconoce que al entrevistar a las 50 mujeres que componen las historias de su libro notó ciertos celos y competitividad de unas a otras. Vamos, lo mismito que si hubiera entrevistado a 50 enólogos, a 50 deportistas o a 50 sexadores de pollos, que lo de la envidia española tampoco es solo cosa de hombres o mujeres. Esta tendencia, que ya es una realidad, obedece principalmente a dos razones. La primera va más allá del mundo del vino: la presencia de la mujer en puestos críticos de la empresa, pública o privada, es cada vez mayor y en el sector agrícola, del vino en este caso, no es una excepción.

La segunda es más romántica. En el trabajo alrededor del vino, seas enólogo, sumiller, distribuidor, o lo que sea, los sentidos cobran un protagonismo especial, más que en otros trabajos. El olfato, el tacto, la vista, la intuición ante el momento de vendimiar, el tacto a la hora de realizar un coupage… Y aquí hay más de uno y de una que afirma que el toque femenino gana la partida en muchas ocasiones. Sentencia controvertida, sí, pero que cada vez más concursos de cata los ganen mujeres, que haya aumentado la presencia de sumilleres mujeres, o que en una D.O. tan grande y conocida como Rueda la mayoría de puestos de enólogo/a sean mujeres, por poner ejemplos reales, demuestra que quizá este rollo de los sentidos no vaya tan desencaminado.

Ellas

Algunas de ellas forman parte de familias ligadas al viñedo desde hace generaciones, como Alejandra Sanz, que junto a sus dos hermanos retaron al proyecto familiar de su padre, hicieron un spinoff y crearon su proyecto propio (Menade, en Rueda) del que ella es la responsable de la renovada imagen y de la imagen en el exterior de sus vinos. O Mar Peique, de Bodegas Peique, que recuerda cómo de niña jugaba con sus hermanos en el viñedo y para quien la bodega es un medio natural, su hábitat. “No es un tema de ser hombre o mujer”, reflexiona sabiamente Peique, “esto va de amar esta profesión, seas lo que seas, que tiene momentos muy buenos y otros no tanto”. Podemos hablar también de Victoria Pariente, hoy una de las máximas autoridades en elaboración de vino blanco de Rueda, que tomó las riendas de la bodega hace más de 20 años, cuando sí eran muy pocas –casi ninguna- las mujeres al frente de proyectos vitivinícolas. Hoy la mayoría de su plantilla está formada por mujeres.

María Murrieta hace vino y habla de él igual de bien. MARQUÉS DE MURRIETA

Otras, en cambio, se han formado en enología -también en una época en la que la enología era cosa de hombres- para acabar firmando algunos de los vinos más importantes de nuestro país. Es el caso de María Vargas, creadora de cada gota que sale de Marqués de Murrieta y una de las enólogas con más reconocimiento mundial. María no solo es una maestra en la elaboración sino que además es un gustazo escucharla hablar de vino, un tema que algunos convierten en un tostón, María lo convierte en un discurso apasionante. Sería injusto terminar sin mecionar a Ruth Rodríguez, gallega que estudió enología en la Universidad de La Rioja. Tras varios años acumulando experiencia en diferentes proyectos, ha terminado siendo la máxima responsable de elaboración de la mítica Izadi, donde no hace más que recoger premios y elaborar vinos con gran éxito comercial. Definitivamente, en el mundo del vino, las mujeres tienen mucho que decir.

Si necesitas más información sobre ‘mujeres y vino’, hazte con el libro de Zoltan o prueba alguna de las botellas que te recomendamos a continuación. No te encomiendes a Google, porque te saldrá esto: sí, es muy triste, ya lo siento.

Siete grandes vinos con firma de mujer

Les Crestes, Celler Mas Doix, Priorat
Un tinto con la firma de Sandra Doix

Es el primer vino con cresta, y eso está bien. Un tinto nacido en el Priorato, muy frutal y expresivo, y elaborado a partir de las uvas vendimiadas en un viñedo con forma de cresta, que como imagen suena curioso pero ponte tú a vendimiar ahí. Popular en el extranjero, lleva la firma de Sandra Doix, enóloga de Mas Doix, la bodega en la que nace este más que recomendable tinto.

Jean Leon Vinya Le Havre, Jean Leon, Penedés
Un tinto con la firma de Mireia Torres
Ceferino Carrión fue Jean Leon, un afamado restaurador que en el Hollywood de mitad del siglo pasado lo mismo le servía un steak tartar a Marylin que un dry martini a Sinatra. Así se las gastaba Ceferino, que además abrió una bodega en el Penedés con su nombre artístico, Jean Leon, que da nombre a este singular tinto que lleva la firma de la enóloga Mireia Torres.

Capellanía Reserva, Marqués de Murrieta, Rioja
Un blanco con la firma de María Vargas

Nace de la zona más elevada del viñedo de Marqués de Murrieta, la Finca Ygay. Un viñedo muy especial copado por cepas de viura vieja. Este blanco, quizá más francés que español aunque nace en Rioja, lleva la firma de María Vargas, el álma máter de los tintos, blancos y desde hace un par de añadas, también rosados de la mítica Marqués de Murrieta.

Peique Mencía, Bodegas Peique, Bierzo
Un tinto con la firma de Mar Peique

Una uva denostada durante décadas, la mencía, la fea del baile. Una uva que hoy es el ADN de vinos de primer nivel. La familia Peique lo sabe bien y desde 1999 capitanea un proyecto sincero de elaboración de tintos, blancos y rosados en Valtuille, en el Bierzo. Su Peique Mencía es el vino de entrada en la casa. Una entrada triunfal

Nosso, Bodegas Menade, Rueda
Un blanco con la firma de Alejandra Sanz
Nosso es naturaleza, quizá el Rueda menos Rueda de Rueda, y quizá por eso el más auténtico. Poca intromisión humana y mucho trasladar el viñedo a la botella. Nosso nace en Menade, en la finca capitaneada por los hermanos Sanz, de los que Alejandra, la pequeña de los tres, es la responsable de exportación y comunicación de la bodega. Imagen en eventos, catas, ferias…

Izadi Crianza, Bodegas Izadi, Rioja
Un tinto con la firma de Ruth Rodríguez
Izadi te suena, es de esos fijos de Rioja que nunca falla, de esos que ves en la carta y lo pides porque para qué arriesgar. Su crianza es quizá su tinto más popular y comercializado, y lleva la firma de Ruth Rodríguez, que desde 2009 es la enóloga de esta conocida casa riojana, que elabora sus vinos a partir de casi 200 miniparcelas. Un laborioso trabajo que queda reflejado en cada trago.

José Pariente Verdejo, Bodegas José Pariente, Rueda
Un blanco con la firma de Victoria Pariente
José Pariente tiene nombre de hombre y alma de mujer. De Victoria Pariente, la hija de José, y una de las máximas autoridades en elaboración de vinos blancos de España. Su José Pariente Verdejo es uno de esos vinos que hacen grande a una variedad (la verdejo) y a una zona (Rueda). Un señor vino blanco popular no solo en las mesas españolas sino en todo el mundo.

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