El concurso de los desastres de repostería (y otros programas para ver en Semana Santa)

¿Semana Santa en casa? ¿Sofá y mantita? En estos días de recogimiento, seleccionamos los programas de cocina más divertidos para ver en Netflix, la plataforma digital que más apuesta por la gastronomía. Amén.

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El concurso de los desastres de repostería (y otros programas para ver en Semana Santa)
Rapunzel, hecha un fistro.

Si te gustan los programas, documentales y concursos de cocina, Netflix puede hacer que estornudes el cerebro. Te puede gustar más o menos su oferta de series, y es muy probable que en su catálogo infinito haya peores pelis que en un videoclub turco, pero la apuesta de esta plataforma por la gastronomía es pantagruélica: un empacho.

Netflix se ve y se come. En una oferta tan colosal, puedes hallar material delicioso, como la serie Chef’s Table -de la que hablo más al final de este artículo-, pero también te puedes topar con paladas de morralla, como el recién estrenado Zumbo’s Just Desserts, un concurso de repostería que convierte el Diazepan en un estimulante.

Digo esto porque se acerca Semana Santa, con sus tardes agónicas de recogimiento y burbujas en la nariz, y porque -después de quemarme las retinas durante semanas-, he seleccionado el caviar de Netflix para que estos días de fiesta te comas los mejores platos de la plataforma y no acabes en TVE, viendo cómo Charlton Heston dispara rayos divinos por los ojos.

Nailed It!: Donde viven los monstruos

¿Un concurso de cocina o una comedia descarnada? Se llama Nailed It! y a primera vista parece un engendro de bajo presupuesto indigno de un Olimpo audiovisual como Netflix. Las apariencias NO engañan: el show está hecho con cuatro dólares mal contados, el plató es más pequeño que mi habitación y la factura es muy de estar por casa, pero es más divertido y engancha más que muchas series de la plataforma.

El experto pastelero y una señora matando donuts. NETFLIX

Nailed it! es un concurso milenial hasta el tuétano, pues surge de un fenómeno viral de Internet conocido como cake fails, es decir: pasteleros amateur que intentan imitar pasteles maravillosos y terminan fabricando desastres ecológicos de primera magnitud. El concurso traslada esta idea a un formato de concurso televisivo en el que tres personas deberán reproducir complejos pasteles en un límite de tiempo: el ganador o ganadora se lleva un premio de diez mil dólares. Los miembros del jurado son la tronchante presentadora Nicole Byer, el maestro chocolatero Jacques Torres y otro miembro que cambia en cada episodio. ¿La gracia? Invitar a concursantes muy confiados de sus habilidades reposteras, enfrentarlos a la cruda realidad de sus horribles creaciones y chapotear en la vergüenza ajena: tan sencillo y tan efectivo.

La Rapunzel de tus pesadillas. NETFLIX

Con solo seis capítulos de media hora cada uno, este formato supera a concursos de cocina con mucho más presupuesto, quizás porque no se toma en serio a sí mismo, antepone sentido del humor a técnica y encima quiere reírse con nosotros. Porque Nailed it! somos todos: nunca un concurso de cocina había generado un efecto espejo tan brutal. Cuando ves a esos pobres diablos agonizando entre junglas de bizcocho y crema de mantequilla, dando a luz aberraciones que ni la propia naturaleza aprobaría, te invade una empatía que luego transmuta en descojone. Te ves ahí, en tu cocina, creando tus propias monstruosidades. Se tiende un hilo de solidaridad entre concursante y espectador. De desastre a desastre. Cuando en Nailed it! nos reímos de algún pazguato y de sus pasteles deformes, en realidad nos estamos riendo de nosotros mismos. ¿Hay algo más sano que eso?

El engranaje humorístico del programa funciona, porque la comparativa entre los pasteles de alta repostería y las aberrantes imitaciones siempre termina siendo una escena de terror mucho más espeluznante de lo que habísa imaginado. El desfile de engendros en forma de pastel es lacrimógeno, y contribuye a generar un clima de cachondeo entre los miembros del jurado de lo más refrescante. Te lo pasas tan rematadamente bien, que los seis episodios se hacen cortísimos.

De Mi Pequeño Pony a flan lloroso. NETFLIX

Tiburones radioactivos de bizcocho y cobertura de mantequilla que parecen haber sobrevivido a un holocausto nuclear; dinosaurios de mazapán que piden a gritos la eutanasia; volcanes dulces que se confunden con montañas de vómito; princesas comestibles que podrían ser un cruce entre Chucky y Monchito, ¡un Donald Trump que parece haber superado el tifus y una adicción a la metanfetamina a la vez! Nailed it! es una fiesta. La celebración del pésimo pastelero que llevamos dentro. El anti-concurso de cocina definitivo.

Ugly Delicious: Cuanto más pringoso más hermoso

Si Nailed it! es mi recomendación ligera para estas jornadas de contrición, Ugly delicious se sitúa en el polo opuesto: esta docuserie recién estrenada se toma la comida muy pero que muy en serio. Es una celebración de la gastronomía popular. Un acercamiento epidérmico, apasionado y desprejuiciado a esos platos que no son estéticos ni se comen en carísimos menús degustación, pero al final del viaje son los que más nos gustan y más emociones nos arrancan.

Arroz frito, marisco, dumplings y pizza, objetos de estudio en 'Ugly Delicious'. NETFLIX

Pizzas, barbacoas, tacos, gambas y cangrejos, recetas caseras, pollo frito, arroz frito y rellenos son los alimentos elegidos. Lo mejor es que este viaje por la fealdad lo hacemos con David Chang -propietario del imperio de restaurantes Momofuku, coleccionista de estrellas Michelin y otros premios y chef mediático donde los haya- y con Peter Meehan, crítico gastronómico que ha estado ligado a Chang desde sus inicios: el libro Momofuku y la desaparecida revista Lucky peach son los productos de esta alianza.

Con una pléyade de invitados como Aziz Ansari, Jimmy Kimmel, Gillian Jacobs o René Redzepi, los dos protagonistas recorren el mundo, descubren los orígenes y mutaciones de cada receta, se emocionan masticando, sudan con el picante, se pringan los dedos de grasa y se dejan la piel comiendo. La pasión de Chang es contagiosa -y también su vehemencia-: la imagen del chef llorando como un niño, después de probar el yakitori perfecto en un restaurante japonés, vale más que mil bocados.

Chang se lo toma muy en serio. NETFLIX / GIPHY

Aunque desordenada en su estructura, Ugly delicious se revela como una serie innovadora sobre comida tradicional. Comida que no es bonita pero, cual río enfurecido, arrastra incontables historias, emociones y formas de entender la vida. Un programa mayúsculo que se vale de la iconicidad de los productos para construir relatos, hacernos reír, llorar y debatir, con los platos más populares y el carisma de Chang como único combustible.

Pupurri para glotones

Si estas dos opciones no te convencen, no hay que alarmarse: Netflix puede colmar tu apetito con la serie de documentales Chef’s table, un viaje a la mente de los grandes chefs del mundo, con un profundo calado filosófico y lirismo a raudales. Magia. Si lo que quieres es hundirte en la miseria, Podredumbre es tu droga: otra docuserie que pone en tela de juicio la autenticidad y salubridad de los alimentos que consumimos, y aborda la crisis y el colapso del sistema de producción alimentaria.

Si eres carnívoro, agradecerás documentales como Barbecue, Steak revolution o Todo sobre el asado. Si eres curioso, The search for general Tso intentará descubrir el origen de uno de los platos más populares de la cocina china: el pollo del General Tso. Si te gusta la comida japonesa, deberías degustar las series de ficción Midnight dinner: Tokyo stories y El gourmet samurai: dos pequeñas grandes joyas que te enamorarán. Y no te olvides de darle una oportunidad a la segunda temporada de la comedia Master of none, en la que Aziz Ansari da rienda suelta a su pasión por la comida y hasta hace una visita a la Osteria Francescana de Massimo Bottura. Tendrán que despegarte el mando a distancia de la mano con aguarrás.

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