Aló Comidista: "¿Cómo se puede mejorar el sabor del agua del grifo?"

Personas preocupadas por el agua, tiquismiquis de las pieles del pimiento, tapas alienígenas y adictos al LSD que toman comida de gato: todo esto y mucho más en el consultorio de mayo.

  • Comentar
  • Imprimir
Aló Comidista:

Aló, Comidista vuelve como un clavo a su cita mensual. En este consultorio vale todo: dudas culinarias, enigmas gastronómicos, problemas psicológicos, cuestiones metafísicas y dramas de la vida contemporánea. Sólo tenéis que enviarme un mail a elcomidista[arroba]gmail.com. Responderé a vuestras chorradas preocupaciones el primer viernes de cada mes, salvo festivos, puentes, enfermedad grave o fallecimiento.

Tomeu: Gracias a ti (o por tu culpa) me planteo prescindir en lo posible del agua embotellada, pero el gusto de la del grifo me echa para atrás. He estado mirando aparatos de filtrado en casa, y parece ser que lo mejor es un dispositivo de ósmosis inversa. El problema es que hay aparatos desde poco más de 100 euros hasta 900 o más. Eso sin contar sospechosos discursos sobre "magnetismo" que hacen pensar en algún timo o pseudociencia. ¿Podéis orientarme?

Querido Pau, haces bien en querer prescindir del agua embotellada, porque como bien contó nuestro Rodrigo Casteleiro en este fantástico reportaje, no es más sana, es mucho más cara y perjudica el medio ambiente por los residuos que genera. Yo te aconsejaría dejarla en una jarra en la nevera con unas rodajitas de limón, lima o pepino o una ramita de menta: el frío reduce el mal sabor y lo demás ayuda a camuflarlo. Como las cuestiones técnicas sobre aparatos que preguntas me dan más sueño que el Orfidal, te dejo con Luis Martín, director de Hidrología Sostenible, mientras yo me echo una cabezadita.

“Los aparatos magnéticos no funcionan en absoluto, haces bien en sospechar", sentencia Martín. "Otros, como los electromagnéticos, tienen también muchas lagunas. En cuanto a los filtros de ósmosis, eliminan tanto el cloro como la mayoría de sales. Esta combinación de cloro y las sales de calcio, magnesio y sodio (conocidas genéricamente como cal, por ser las sales de cal las más habituales) son las que le dan ‘mal sabor’ al agua”.

“Por explicarlo de manera sencilla”, continúa Martín, “un filtro doméstico de ósmosis tiene dos partes; la primera son dos filtros que funcionan como los filtros de las jarras filtradoras, pero más grandes. Estos eliminan el cloro e intercambian la cal del agua por sal (como hace el filtro de sal del lavavajillas). En una segunda parte está la ósmosis inversa, que es la parte más cara y cuyos recambios cuestan más. En esa fase se retira gran parte de las sales, pero a costa de, bien una alta presión, para lo que necesitarás un filtro que tenga una bomba, y será más caro, o un filtro que tenga un ratio de rechazo muy alto, es decir, que tire mucha agua por cada litro que filtre (esa agua lleva las sales retiradas en el filtro). Los datos de rechazo, según los fabricantes, pueden ser de cuatro litros por litro generado, pero en realidad suelen ser bastante más”.

“Mi consejo: si con una jarra filtradora no consigues el sabor que quieres, existen aparatos sin la fase de ósmosis que son mucho más baratos. Eso sí, ten cuidado con la periodicidad de los recambios: los periodos dados por los fabricantes suelen ser demasiado amplios, y un filtro saturado puede empeorar mucho la calidad del agua sin que te estés dando cuenta. Y lo mejor para el medio ambiente, beber agua directamente del grifo, sin generar residuos”.

Foodwinetour: El otro día probé la comida para gatos (no preguntes porqué), y no sabe a ratón!!... es eso normal? Y tengo otra pregunta más trascendental aún, que no me deja dormir desde ni me acuerdo.... porqué a la bebida se le llama BEBIDA?? una vez que la acabas vale, pero antes?? pienso que se debería llamar PORBEBER, PA´BEBER o algo así... y comida???? si aún no se ha comido!!?? se le debería llamar PORCOMER, PA´COMER... COMENCIPIO, COMERCIO…

Querido Foodwinetour, por un lado me alegro de me vuelva a escribir alguien desde la López Ibor, que hacía tiempo que no sabía nada de la chavalada ingresada allí. Pero por otro, me inquieta comprobar que han empezado a administraros LSD. Ya sé que es una droga divertida, ves colorines y te ríes mucho, pero no sé yo si flipes espacio-temporales como los de tu correo son lo mejor para un enfermo mental como tú. Te aconsejo que pidas a los médicos un retorno al Risperdal, el Sosegón u otros medicamentos más clásicos, que tanta alteración no es saludable.

Tú, visto por Foodwinetour. GIPHY

Buho, Gorrión y Abubilla: Somos tres jipis de Lavapiés que viven juntas y se alimentan de verduras de una cooperativa de consumo. Pocas cosas gustan más en esta casa que una asamblea y más si hay hortalizas de por medio, pero nos hemos encontrado con nuestra línea roja: el repollo. Cada semana, desde hace un mes y medio, recibimos un repollo gigante (no transgénico, no somos tan amigas de Mulet como tú) y ya no sabemos que hacer con él. Cocerlo no es opción, tanto olor como sabor dejan que desear. Necesitamos tu ayuda, camarada Iturriaga.

Queridas Búho, Gorrión y Abubilla, simpatizo mucho con vosotras no tanto porque seáis jipitruscas asamblearias antitransgénicas, sino porque a mí me pasaba exactamente lo mismo con las cestas de las cooperativas. Que yo acepto que la revolución empieza por el contacto directo con el productor, pero chica, si me pones cada semana en la cesta un repollón de tres kilos pues me empiezo a ciscar en el consumo responsable y la autogestión agrícola. De hecho, decidí abandonar este modelo de compra porque no hacían más que meterme nabos, hortaliza que no me place pese a pertenecer al club del pepino.

El repollo o col se puede comer crudo cortado en juliana fina y aliñado con una salsa de yogur. En un formato parecido, está buenísimo en esta ensalada con apio y chirivía o en esta otra oriental. Otro método muy recomendable es el salteado: lo cortas en tiras, lo escaldas un minuto en agua hirviendo con mucha sal, escurres bien y luego lo salteas brevemente con el fuego a tope en una sartén con aceite, ajo picado, pimentón, cebolla frita o las especias que te dé la gana. Este mismo método lo puedes usar para llevar el repollo a una pasta o a unas verduras al wok. Y si ya os volvéis definitivamente lóquers, podéis probar a hacer kimchi, envasarlo y repartirlo en vuestro círculo de Podemos, que les dejará más picuetos que un espectáculo de malabares.

Héctor: Estuve por Alimentaria y vi esto en el stand de una distribuidora de jamones. Me daba penica el chaval que estaba atendiendo porque, por la cara que ponía, no debíamos ser los primeros que nos parábamos de hacer fotos pretendiendo que nos parecía muy bonito mientras se nos caía el moco de aguantar la risa. El pobre estaba como "ya sé que es horroroso de la muerte, pero coño, que estoy aquí ganándome la vida y yo no tengo la culpa de que mis jefes sean unos gañanes".

Querido Héctor, gracias por mandarnos esta obra de arte, equiparable a las flamencas vestidas con jamón que incomprensiblemente se han hecho populares en media España. Y un saludo desde aquí a ese pobre chaval del puesto, que no debe de ser fácil defender un barco con velas de ibérico, casco de ¿melón? y puente de papel de aluminio sin fallecer de la vergüenza.

Javier: Cuando rehogo largamente pimiento troceado, en especial los verdes alargados italianos, por ejemplo para un pisto, una paella (bueno, un arroz con cosas) u otro guiso de ese estilo, acaba desprendiéndose la piel de los trozos de pimiento, que, por alguna razón maléfica, se enrolla en sí misma formando una especie de hilos densos horribles tanto desde un punto de vista estético como para el paladar. Dado que ésto no lo he visto nunca en preparaciones profesionales, deduzco que debe de haber algún truco para evitarlo.

Querido Javier, veo que perteneces a esa secta de los tiquismiquis histéricos con los defectos en la comida que no para de crecer. Os deportaría a todos al poblado más pobre del país más pobre de la Tierra, que allí se os iba a quitar rápido las tonterías con los pellejitos, pero como por desgracia carezco de esa potestad, te contesto. Es verdad que ese fenómeno del que hablas ocurre, y para evitarlo tienes dos opciones: o encontrar pimientos lo suficientemente finos para que no tengan mucha piel, o pelarlos antes. El pelado en crudo no lo veo yo muy claro, así que te recomiendo precocinarlos antes en el horno o el microondas. En el primer aparato se hacen en unos 20-30 minutos dependiendo del tamaño a temperatura alta (220º); luego los metes en un táper o una bolsa de plástico, dejas que suden, y cuando están templados se pelan con facilidad. En el micro, se dice / se comenta que en 8 minutos tapados a máxima potencia, y después usando la misma técnica del sudado, también se pelan bien, pero te confieso que yo no lo he probado.

Maribel: Me encantan los bizcochos.

Querida Maribel, gracias por la información. Todo el equipo de El Comidista llevaba años en un sinvivir queriendo saber si te gustaban los bizcochos, preguntándoselo a la gente por la calle como perturbados. Hoy por fin ha llegado el correo que nos lo confirma, y creo que ya podemos cerrar el chiringuito y morir en paz.

Fátima: Me gustaría que en el apartado de cocina para lerdos se incluyera la clásica tarta de capa de galletas, capa de chocolate, galletas, chocolate… Parece sencilla pero a veces puede salir muy seca o la mousse de chocolate queda demasiado líquida.

Querida Fátima, a mí me gustaría que antes de escribir para dar la turra hubieras usado esa cosa llamada “buscador”. Porque si lo hubieras hecho, habrías encontrado esta receta de tarta de galletas y chocolate firmada por Ana Vega ‘Biscayenne’, y yo no habría tenido que perder el tiempo contestándote.

Mikel López Iturriaga, dudando si habrá sido suficientemente borde en esta respuesta. GIPHY

Pau: ¿Hay alguna diferencia entre los productos con las "etiquetas" “0% azúcar y “sin azúcar”?

Querido Pau, después de la siesta inducida por la pregunta de Tomeu, con la tuya me he acordado de que debo dormir mis 16 horas. No tengo más remedio que ponerte en manos de la dietista-nutricionista Andrea Sorinas y meterme en mi ataúd a esperar que llegue la noche. “No tendría por qué haber ninguna diferencia. Si en la etiqueta pone “sin azúcar” o “0% azúcar”, el producto sólo debería tener los azúcares naturalmente presentes en el alimento. Otra cosa es que diga “ no contiene azúcares” o alguna declaración similar: en ese caso, el producto no debería contener más de 0,5 g de azúcares por 100 g o 100 ml”.

Añado lo siguiente a las palabras de Sorinas: conviene mirar siempre los ingredientes, porque algunos fabricantes tienen el morro de poner “sin azúcar añadido” a productos que llevan miel, fructosa o sirope de maíz, de agave o de arce, cuyos efectos en el organismo son similares -o peores, en el caso de la fructosa- a los del azúcar convencional.

Pablo: Acabo de ver la cata de leches de supermercado y me ha dejado un punto frustrado. He visto lo mierdosas que son esas leches pero solo quisiera saber si hay alguna mínima alternativa comercial... alguna que obtenga un seis o un siete, al menos.

Querido Pablo, no sé si existirá una leche de brik que sepa a leche, pero yo no la conozco. La mejor alternativa es la leche fresca, que encontrarás en la zona de lácteos refrigerados del súper, y suele ser infinitamente más decente. Si estás por Cataluña, las de Casa Ametller o Granja Armengol merecen aplauso; de distribución nacional, las de Carrefour y Únicla también son buenas opciones.

Edurne: Soy seguidora de vuestro blog desde hace tiempo y me encantan las artículos de "dramas" y "terrores" en las cocinas. He querido hacer mi pequeña contribución con esta fotografía que os adjunto: si alguien, algún experto, algún científico o algún extraterrestre puede decirme de qué misteriosa materia se compone esa tapa lo agradecería. Me ayudaría a dormir mejor.

Querida Edurne, he visto esputos de alienígenas más apetitosos que esa tapa. No tengo ni idea de qué está compuesta (¿aguacate oxidado? ¿Ensaladilla en descomposición? ¿El vómito del camarero salteado?). Desde aquí hago un llamamiento a los lectores para que escriban sus teorías en los comentarios, resuelvan el misterio y así puedas volver a conciliar el sueño.

Titofafa: Cuando has hecho esas catas a ciegas, como las de la leche, el turrón o los yogures, ¿se te ha enfadado/protestado algún fabricante de las marcas que salen mal paradas? A veces las más conocidas quedan por los suelos.

Querido Titofafa, se han enfadado muchos y han protestado unos pocos, pero menos de los que yo esperaba. El principio básico de las catas es que las opiniones de los expertos siempre se respeta, digan lo que digan las marcas aludidas. A veces nosotros no coincidimos con ellas, pero jamás tratamos de influir o corregir a los que catan, y mucho menos de censurarlos por miedo a los posibles cabreos de las empresas aludidas. Por suerte, seguimos siendo un medio independiente que se puede permitir ese lujo.

Joseba: ¡Ay Mikel! necesito tu ayuda. No puedo más con las fresas maceradas con vinagre y/o limón. Ayúdame a decirle a ama (ya sabes lo terca que es una cocinera bizkaina) a que esta técnica milenaria solo las pone más pochas. Zorionak por lo que has conseguido y a ver si pruebas el bollo de Zuricalday de Getxo.

Querido Joseba, llevo años dando la chapa con lo buenos que son los bollos de mantequilla de Zuricalday de Getxo, alma de cántaro. Para mí no tienen rival, y sólo de acordarme de ellos se me abre un socavón en el estómago. Respecto a tu ama, nada de lo que le diga surtirá efecto, porque las madres cocineras vascas de cierta edad suelen tener el cráneo revestido de adamantium y son absolutamente impermeables a cualquier influencia externa. Lo más que puedo hacer es pedirle de rodillas que pruebe a hacer macerados cortitos (¿15 minutos?) y con muy poca cantidad de un vinagre de manzana suave.

Jesús: No sé qué tal te llevas con el deporte pero, para llevar un blog de comida, estas casi flaco, así que algo estarás haciendo bien. Para ganar músculo hace falta ejercicio e ingerir proteínas; me dicen que lo mejor y más fácil son los batidos de proteínas. ¿Son tan horribles como me dice mi instinto? ¿En qué me fijo para encontrar uno menos malo? ¿Alguna alternativa sencilla con comida de la de verdad que me libre del mal?

Querido Jesús, en efecto, mi espléndida figura, referente de modelos internacionales y envidia de sex symbols como Ana Obregón o el Maestro Joao, está esculpida a base de gimnasio. De dos horas a la semana en el gimnasio, más concretamente. Ahora bien, yo paso total de batidos y mierdis de alimentación deportiva, siguiendo los consejos de mi Bhagwan nutricional Juan Revenga. Lo que hago es alimentarme con comida de verdad (verduras, frutas, legumbres, lácteos, pescado o carne sin procesar), prescindiendo siempre que puedo de ultraprocesados (bollería y postres industriales, lácteos azucarados, snacks, galletas, refrescos, salchichas y otras carnes procesadas, precocinados y demás parientes): con eso me basta para no engordar.

Un gato que sólo come ultraprocesados. GIPHY

Pero como supongo que lo que buscas es una respuesta más técnica, hemos preguntado a Javier García, tecnólogo de los alimentos y dietista-nutricionista deportivo, que de primeras te quiere hacer una puntualización: “Para ganar masa muscular hay que hacer ejercicio físico de fuerza, pero lo que tiene que haber de más no son proteínas, sino calorías, que es lo que nos hará crecer muscularmente. Seguramente sea más beneficioso repetir el plato de pasta que comprarse un bote de proteínas”.

“Los batidos de proteínas”, continúa, “son útiles siempre y cuando te haga falta suplementar para llegar a la cantidad mínima de proteínas que necesita una persona que quiere ganar masa muscular, que son 2 gramos por kilogramo de peso. Hay que fijarse en la cantidad y la calidad de la proteína del batido: debería ser entre el 80% y el 90%, y lo ideal es que sea de suero de leche, la que tiene mayor valor”. Antes de usarlos, recuerda que hay otra vía: “Si a lo largo del día consumes una cantidad importante de productos ricos en proteína de origen animal (carne, huevos, lácteos, pescados) y de origen vegetal (frutos secos y legumbres), no tienes por qué suplementarte”.

Rosa: La foto adjunta es del escaparate de una tienda de souvenirs en una céntrica calle de Madrid. Mi primera intención fue pasársela a la lectora nativa de mi clase de italiano, pero luego llegué a la conclusión de que no soportaría el cargo de conciencia si le daba un patatús. Así que he optado por enviárosla esperando que esta nueva denominación de origen del panettone sea digna del Aló Comidista.

Querida Rosa, gracias por informarnos de que el auténtico panettone nació cerca del Tajo, más concretamente en la nave industrial de Sonseca donde Delaviuda fabrica sus dulces. Para que luego vengan esos italianos a contarnos cómo se hace.

Helena: Mi marido prepara el café en cafetera italiana y va consumiéndolo poco a poco. A mí me horroriza, porque de estar siempre húmeda, por dentro le salen estalactitas que yo siempre he pensado que es robín, y me da mal mal rollo.... ¿Me han infectado el cerebro los magufos o verdaderamente puede ser nocivo?

Querida Helena, entre las “estalactitas”, el “robín” y la infección de cerebro, me han dado ganas de remitir tu pregunta a Iker Jiménez, a ver si en Cuarto Milenio tenía un hueco entre las cabezas en formol de asesinos en serie y las violaciones al cadáver de Eva Perón para hablar de lo tuyo. Pero como soy buena persona y no quiero dejar tu caso en manos de un charlatán de feria, he preferido pedir opinión a Juan J. Iruin, catedrático de Química Física y autor de ese recomendable alegato contra la quimiofobia que es El Blog del Búho.

“El robín, que según la RAE es ‘orín o herrumbre de los metales’, es difícil que se dé en las cafeteras italianas más habituales en el mercado, que suelen ser de aluminio o en acero inoxidable. En cuanto las ‘estalactitas’, habría que preguntar a la comunicante que entiende por tal. Lo más próximo que se me ocurre es que cuando se usan aguas duras pueden aparecer depósitos de calcio, sobre todo en el conducto por el que pasa el agua de la parte baja a la de arriba”.

“Puede que lo que observa en la cafetera”, afirma Iruin, “sea un depósito con tacto graso, derivado del contenido que el café tiene en aceites (un 15% en el café sólido) amén de otras partículas oscuras que siempre acaban pasando al café que nos vamos a beber, dependiendo de lo fino o grueso que se haya preparado el café sólido. En cualquier caso, ni esas ‘estalactitas’ ni ese ‘robin’ son perjudiciales para la salud. Lo que sí dicen las buenas marcas de cafeteras italianas es que, tras limpiarlas con agua y una esponja suave, se sequen bien con un trapo o papel de cocina para evitar que entre uso y uso proliferen hongos en su interior”.

Documentación: Rodrigo Casteleiro.

  • Comentar
  • Imprimir

Archivado en:

Comentar Normas

ENTRAR PARA PARTICIPAR

O conéctate con:

Lo más visto en El Comidista