Quesos

Cosas que sólo hacen los auténticos fans del queso

Si eres capaz de desayunar cabrales, coqueteas con la idea de llamar Cheddar a tu primogénito y tienes más cuchillos queseros que pares de zapatos, es posible que te reconozcas en este listado.

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Cosas que sólo hacen los auténticos fans del queso
Esto, para empezar.

Ya lo dice la Biblia: “Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por el deseo de comer queso, pues de ellos es el reino de los cielos”. Bueno, igual no iba exactamente así, ni ese cielo tiene praderas de queso crema y casitas de Parmesano como yo me imagino. Pero lo cierto es que cuando sientes una pasión máxima por el queso, no permites que nada se interponga en tu camino. Y aunque algunos digan que engancha tanto como la droga dura o que es malo-malísimo para el cuerpo, tú te declaras orgulloso quesoadicto en menos que canta un gallo; y a vivir que son dos goudas.

¿Qué otras cosas delatan a los locos redomados del queso? Recopilamos, a continuación, algunas señales para identificar a los afiliados al partido Quesemos:

Hablan en voz bajita cuando alguien viene de Francia

“Oye, ¿qué te has traído de Toulouse? ¿Te has acordado de lo mío? ¿Un Pélardon, tal vez?”. Aunque ame los quesos españoles, el yonki quesero se emociona cuando algún amigo viaja a Francia, pensando en el crisol de quesos que son el emblema de cada región.

Se ponen de mal humor en la zona de queso envasado y precortado de los supermercados

¿Hay que dar alguna explicación para esto? ¿No, verdad? Pues ale: siguiente.

Ni hablar del peluquín. GIPHY.COM

Se paran en cualquier lado porque huele a queso

Es una estampa típica. Aquello que van andando por la calle y de pronto cierran los ojos y se dejan llevar, cual rata detrás del flautista de Hamelín, pero por un embelesador olorcillo a queso. No lo pueden remediar: saben que acabarán comprando más de lo que les cabe en la nevera, y así gozarse un exceso quesil con la excusa de “no vaya a echarse a perder”.

Tienen dos docenas de gadgets especiales su vicio

Tres queseras de distintos tamaños, una raclette para las noches suizas -dos veces al mes y porque el psicólogo le ha puesto límites-, una girolle para el Tête de Moine, una lira cortaquesos con la que sentirse maestro quesero, cuchillos para pastas blandas, semiduras, duras y muy duras, una tabla de madera, otra de pizarra, otra de mármol y a veces piensas que se comprará un Lladró y te servirá el cheddar añejo ahí, porque se lo merece. Resumiendo: tendrá cualquier artilugio  con el que se haya cruzado que le permita hacer más completo su ritual gastronómico favorito.

Se pillan unos enfados de órdago en el restaurante

Un bucle colérico se apoderará de él: “¿Cómo puede ser que me traigan el queso frío?”, “¿Cómo puede ser que ningún plato lleve queso?”, “¿Cómo puede ser que este plato tenga tan poco queso?”, “¿Cómo puede ser que llamen Parmiggiano Reggiano a esto, que es claramenete Grana Padano?”, “¿Cómo pueden servir este queso industrial a este precio?. No te extrañes si monta en cólera porque la dosis quesícola no está en la temperatura o cantidad adecuadas. Espera una buena diatriba y, quién sabe, tal vez al salir quiera compensar la herejía metiéndose unas buenas tablas entre pecho y espalda.

El queso es su religión y la corteza es su dogma de fe

Nada pone más en evidencia a un auténtico fan del queso que sus discursos sobre por qué dejar sin comer la corteza es un pecado digno de arrepentimiento. Aunque si no logra convencerte, quedas avisado: se va a comer la corteza de su queso, la tuya y la del vecino y si tiene dudas sobre si alguna es comestible, primero se la jalará y luego preguntará. “Deshonras al queso, las justas, ¿queda claro?”.

"Venga, va, solo un trocito". GIPHY.COM

No tienen una nevera, tienen una cava

En esos estantes hay más calcio que en los huesos de Pau Gasol. Y ya no sabes si intenta emular las cuevas de Roquefort o si lo de que el queso es una droga dura iba en serio y le ha terminado por afectar al tarro. Temes el día en que hasta su ropa empiece oler a Gorgonzola o que lo enchironen los carabinieri por traerse casu marzu de Cerdeña. Le encantaría ser un camello de quesos y sabes que no tiene remedio, pero lo quieres hacer feliz y por eso siempre que comes en su casa le llevas un buen pan, unos pepinillos, frutos secos o unas mermeladas. Ni se te ocurra pensar en vino, porque si no marida bien con los quesos que te servirá, ¡ya la tienes liada!

Lo quieren saber todo

Algún día rodará Todo sobre mi quesero, una oda de inspiración manchega al profesional que le aguanta todas las preguntas. Que si leche cruda, que si denominación de origen, que si cómo se llama la cabra que participó en la elaboración de este queso. Cuando se topa con algún experto, no desperdicia la ocasión y los fríe a preguntas. Le echarían de cualquier máster por pesado. O le harían director, nunca se sabe.

No comen queso en cualquier sitio

El ataque de furia al pedir un bocadillo de queso en un bar cualquiera y que les sirvieran uno regulero podría destruir un planeta de tamaño mediano: mejor no jugar con fuego y tirar de chorizo, salchichón o tortilla francesa.

Podrían escribir una guía del queso mundial

Antes de salir de viaje, se habrá estudiado las denominaciones de origen a conciencia, sabrá dónde se comen los mejores quesos en la ciudad y habrá averiguado si hay algún museo del queso cerca. Y si no lo hay, no te preocupes: se paseará por las secciones de lácteos del supermercado como si aquello fuera el Louvre. “Tengo síndrome de Stendhal-Stilton”, llegará a decir.

Han visitado Suiza

Sin ser millonarios. Tampoco llevaban bolsas enormes a la ida… sino a la vuelta. Llenas de L´Etivaz, Appenzeller, Sbrinz y Gruyères, concretamente.

Lo mejor del mundo. GIPHY.COM

Realmente, quieren queso en todo

Para desayunar, comer y cenar. En la ensalada, en la sopa, en la crema de verduras. Que el plato principal tenga una buena capa de queso gratinado les pondrá los ojos en blanco. Y si de postre se topan con una tabla de quesos, probablemente le echen un rezo al Santo Lactobacillus. Tienes que saberlo: votarían por cambiar las fuentes de agua por las de queso, porque el verdadero amante del queso se pregunta por qué si hay tratamientos de spa con chocolate y champán, no los hay con un buen queso fundido que te relaje la espalda.

Miran mal a los que dicen “es que a mí no me gusta el queso fuerte” o “uy, ¡qué mal huele!”

Mira: NO.

Viven en la globalización quesera

Celebra sin mirar atrás la Unión Europea y los tratados comerciales pensando en qué otra delicia le llegará de allende los mares. Por eso sabe en más idiomas ‘queso’ que ‘hola’ o ‘perdón’: fromage, Käse, formatge, queijõ, brânză, formaggio, сыр, queixo, gazta, τυρί, …. Sabe que allá donde vaya, si tiene su porción diaria de mandanga láctica, estará a salvo. Y feliz.

Cuéntanos qué cosas locas haces tú: a cambio te prometemos un futuro escaño para cuando entre en el parlamento el partido Quesemos.

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