Cómo transportar y conservar comida sin usar film ni papel de aluminio

¿Quieres ahorrar y contaminar menos? Tarteras, bolsas de silicona, telas enceradas o tarros de conserva son tus aliados para llevar comida al trabajo, tenerla en la nevera o congelarla sin generar residudos.

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La tartera de cristal es una buena opción
La tartera de cristal es una buena opción.

El bocadillo del desayuno, unas uvas para media mañana, frutos secos o fruta deshidratada a media tarde, unos picos de pan con hummus para el aperitivo… la cantidad de comida que tenemos que llevar encima si pasamos el día fuera de casa es considerable. En casa tampoco nos libramos de recipientes, papel de aluminio y demás envases para asegurar la buena conservación de los alimentos, algunos de un solo uso y de lenta degradación (el aluminio tarda 10 años; el plástico, 150).

Para que nuestra comida de hoy no nos fastidie la de mañana -por aquello de que los residuos afectan al ecosistema-, en el artículo de hoy proponemos una serie de sustitutos a los clásicos más contaminantes, además de dar trucos y consejos para reutilizar elementos que todos tenemos en casa, como tarros de cristal. Para que nos presten su inestimable experiencia en esto de ahorrarle basura al planeta contamos con Isabel Vicente -ingeniera agrónoma al frente del blog dedicado a sostenibilidad y medioambiente La Hipótesis Gaia- y Fernando Gómez y Patricia Reina, ambos al frente de la web Vivir Sin Plástico, que ilustra su paso hacia el minimalismo residual.

En la nevera

A veces la solución más sencilla no requiere grandes dispendios, sino simplemente saber utilizar bien los recursos que tenemos a mano. Desde Vivir Sin Plástico nos recomiendan hacer acopio de tarros de cristal de diferentes tamaños y características para cubrir todas nuestras necesidades de almacenaje. “Si la lechuga está cortada y seca se conserva muy bien metiendola dentro de un tarro de vidrio, y las zanahorias también se conservan por meses con este sistema”, aseguran. Para conservar las lechugas enteras, humedece un trapo de cocina, envuelve la lechuga con él y consérvala en la nevera: aguantará varios días perfecta (puedes ir retirando las hojas que necesites y repetir la operación cuantas veces haga falta).

Los tarros grandes de boca ancha -por ejemplo, los de encurtidos de kilo o dos kilos- también sirven perfectamente para guardar caldos, potajes o sopas frías o calientes (vamos, las mismas funciones que un táper grande). Para los alimentos cortados como por ejemplo calabacín o limones, Isabel Vicente usa una especie de tapas que hay de silicona, como estas de ikea o un tupper pequeño que también le sirve para congelar algunas salsas.

Cuando hablamos de alimentos más grandes a los que hemos quitado una parte, como la calabaza o una berenjena partidas, Isabel Vicente recomienda intentar hacer el corte lo más recto posible y poner la parte cortada directamente sobre un plato llano. “Si has hecho el corte recto, va muy bien. Si no, al entrar aire se puede resecar”. En Vivir Sin Plástico hacen lo mismo con las mitades de fruta y hortalizas que suelen rondar la nevera: “Ese medio tomate, medio limón o media cebolla apoyados en el plato se oxidarán más despacio, al no estar en contacto con el aire”.

Fernando y Patricia tienen otro truco relacionado con platos: usarlos en lugar del film de cocina para tapar un bol. “No es de premio Nobel, es un básico muy básico, pero es algo en lo que mucha gente no cae. Si sobra algún tipo de salsa, ponla en un bol y en vez de cubrirla con film, pon un plato encima (mejor con el “culo” hacia abajo para que no se mueva)”. El peso del plato va a impedir que entre el aire y estropee la comida, ¿no es fácil?

Las botellas de cristal con tapón de rosca también son perfectas para reutilizar: para tener agua fría, para aromatizarla, para infusiones o para cuando guardamos el caldo en la nevera (no en el congelador, porque al congelarse primero la parte más estrecha se rompen al expandirse el resto del líquido y no poder liberar la presión).

Para algo tan delicado como el queso, en Vivir Sin Plástico también no ofrecen soluciones específicas. “Lo mejor es envolverlo en papel encerado y después en un recipiente en el que tenga un poco de aire (como un tarrito de vidrio). O sencillamente en una quesera de las de toda la vida”. El papel microperforado que ofrecen en muchas queserías también es adecuado para su conservación: no lo retiréis hasta que el trozo se termine y aguantará en perfectas condiciones.

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Además de todas estas opciones de reciclaje y reutilización de cosas que todos tenemos en casa, también hay productos específicos que podemos comprar para hacernos la vida más fácil en casos específicos en los que el efecto de un film plástico sea más difícil de sustituir. Nuestro comité de expertos aconseja en bloque los envoltorios de cera, “una tela de algodón con una capa de cera que, con el calor de las manos y la presión se moldea fácilmente, pudiendo adaptarse a la forma de los alimentos o los recipientes”. Se puede utilizar con el mismo propósito con el que se utiliza el film, y también hay opción vegana. Yo, por mi parte, me declaro fans absoluta de unas bolsas de silicona reutilizables que sirven para todos los supuestos que tocamos hoy: lo mismo te sirven para congelar una fabada o un caldo que para llevar almendras en el bolso o cocinar al vacío.

Una tela encerada para conservar alimentos. RIKA C / PIXABAY

En el congelador

Así como en el punto anterior desaconsejábamos el uso de botellas de cristal en el congelador, las de plástico sí pueden usarse para congelar caldo. También se pueden congelar líquidos en botes de cristal aptos, o sea: que dejen salir el aire porque tienen una goma (tipo fido) o normales dejando al menos tres o cuatro dedos vacíos por arriba. Si son un poco más estrechos por arriba y nos da miedo, siempre podemos dejarlos sin enroscar del todo y poner una alarma para que no se nos olvide cerrarlos bien unas horas después. Los tápers de cristal también son una buenísima opción.

“Cuando son productos sueltos que tienden a pegarse entre ellos al congelarse, como frutas, hamburguesas o porciones individuales de carne y pescado, una buena opción es ponerlos primero en el congelador en una bandeja o un plato sin que se toquen entre ellos”, aseguran Patricia y Fernando. “Después, cuando ya estén duros los pasamos a un taper o a un tarro hermético, así después se separarán fácilmente”.

Picoteos, bocadillos y frutos secos

La comida "seca" -frutos secos, un bocadillo, las frutas más delicadas, unos palitos de pan-, que puede llevarse en bolsas reutilizables de silicona, tarritos de plástico reutilizables o de cristal reciclados si no hay peligro de rotura, además de tápers de metal o envoltorios tipo Boc and roll. Yo no compro cosas tipo tortitas de maíz, pero tengo una amiga que lo hace y recicla los envases para llevar esas mismas tortitas, envolviéndolos con una goma.

Isabel suele llevar la fruta y el agua “en estas bolsas de tela, que por dentro son impermeables. A mí me regalaron una y doy fe de que son tan monas como en la foto”.

Patricia y Fernando envuelven los bocadillos con una servilleta de tela que luego les sirve como mantel y para limpiarse. ¡Dos por uno! ¿Que no sabes cómo? Ahora nos lo cuentan: “Se pone el bocadillo en una de las esquinas y se va enrollando hacia la esquina opuesta haciendo un poquito de presión para que quede bien sujeto. Cuando se llega al final, con las dos esquinitas que sobran se hace un nudo (mejor dos) y ¡listo para llevar!”.

Comida para llevar

La comida que mancha o húmeda, como la del táper que llevamos al trabajo, suele ser la más complicada de transportar por el riesgo de esparrame (y lo que suele manchar). Desde Vivir sin plástico recomiendan de nuevo usar tarros de vidrio. “En este caso compramos un par de ellos específicos para ello, bajos, con la boca ancha y cierre hermético. Lo encontramos mucho más cómodos y prácticos que los tápers, ya que son fáciles de transportar, de lavar y además tienen la porción de comida ideal (son de 500 ml)”.

Los tarros de boca ancha son perfectos para cremas, estofados y sopas. CATERINA BARJAU

En el caso de que se prefieran los tápers, recomiendan los de acero inoxidable, ya que son más ligeros que que los de vidrio. “Se pueden encontrar con la tapa de acero inoxidable, o de bambú, pero los únicos que son realmente herméticos son los que tienen la tapa de silicona”. En su contra tiene el precio, algo más elevado que el de los de plástico. Algunos, además, tienen compartimentos para que no se mezclen las cosas.

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Isabel no suele tener que comer fuera, pero si lo ha hecho alguna vez recurre al tupper de vidrio con “un truquito para llevar el aliño aparte: un bote de cristal de los más pequeños (reutilizar los de los patés es lo más fácil). Yo llevo los cubiertos de casa, pero también venden de este tipo como para camping que me parecen muy prácticos si se come fuera de casa habitualmente”.

¿Tienes algún truco para conservar y transportar alimentos sin generar residuos? Cuéntanoslo en los comentarios y ahórrale al planeta más plásticos y metales de un solo uso.

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