Sencillo y riquísimo
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Sopa minestrone

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Para recuperarnos de las lluvias y las primeras noches de biruji, ahí va una sopa tradicional que podemos adaptar a los ingredientes que tengamos o más nos apetezcan. Un buen caldo no es negociable.

Hay platos que no lucen: por muy bien que los ilumines al hacer la foto, van a ser lo que son. Lo cierto es que no les hace falta, ya que por lo general -salvo algunas excepciones tróspidas- son el ejemplo perfecto de la cocina en su estado más esencial: preparaciones humildes, con un largo recorrido en la cultura culinaria de una región, marcados por los ingredientes de la zona y, lo más importante para mí, reconfortantes.

Este es el caso de la minestrone, una receta italiana que mezcla, muy a lo loco, legumbre, verduras, pasta y queso en una sopa llena de color, sabor y texturas. Aunque no he preparado una receta canónica, sí que he decidido mantener su espíritu y plantearla como un plato pensado para adaptarse a cualquier época del año (aunque es posible que en pleno agosto nos apetezca más un gazpacho, que para esto está).

Con esta minestrone estamos reivindicando una cocina sencilla, en la que los ingredientes pueden bailar dependiendo no solo de la temporada sino también de lo que tengamos orbitando por la nevera y la alacena. Y para eso estamos aquí, para ponerlos a bailar: no os asustéis si no tenéis todo este despliegue vegetal a mano; con tres o cuatros de los ingredientes vegetales, la pasta y alguna legumbre seca, ya podéis preparar una minestrone en condiciones.

Dificultad

Media, porque tiene algo de trabajo, pero no es realmente difícil.

Ingredientes

Para 6 personas

  • 4 puerros
  • 2 cebollas
  • 3 zanahorias
  • 2 dientes de ajo
  • 2 ramas de apio
  • 100 g de guisantes
  • 100 g de judías verdes
  • 150 g de calabaza
  • 4 cubos de espinacas congeladas
  • 200 g de pasta (penne rigate, fusilli, etc.)
  • 300 g de judías blancas secas
  • 1 hoja de laurel
  • 1 rama de albahaca fresca
  • 4 cucharadas de perejil fresco picado
  • 100 g de parmesano rallado (opcional)
  • 1,5 l de caldo de verduras
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta negra

Preparación

  1. Poner en agua las judías blancas y dejarlas en remojo toda la noche.
  2. Escurrirlas bien, enjuagarlas y pasarlas a una olla. Añadir tres veces el volumen de agua fría, encender el fuego al máximo y esperar a que empiecen a hervir. Bajarlo y dejarlas cocer suavemente hasta que estén hechas (aproximadamente 2 horas). En este tiempo, si es necesario añadir agua, tiene que ser fría. Además, para remover, es mejor menear la olla en lugar de hacerlo con un utensilio.
  3. En otra olla, empezar a sofreír suavemente el puerro, la cebolla y la zanahoria. Añadir un poco de caldo de verduras de vez en cuando y dejar la olla tapada. Pasada media hora, añadir el ajo y el laurel. Sofreír una hora más.
  4. Escurrir las judías blancas y reservar el caldo de cocción para otras preparaciones.
  5. Agregar la calabaza cortada en cubos, salpimentar, subir el fuego y añadir el caldo de verduras. Cuando levante el hervor, esperar 5 minutos y agregar la pasta. Bajar el fuego a medio e ir añadiendo las judías verdes y los guisantes 4 minutos y 2 minutos respectivamente antes de que se cumpla el tiempo de cocción de la pasta.
  6. Apagar el fuego y agregar las judías junto con el perejil, la albahaca y el parmesano rallado. Dejar que el guiso se asiente antes de servirlo.

Si haces esta receta, comparte el resultado en tus redes sociales con la etiqueta #RecetasComidista. Y si te sale mal, quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com.

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