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Cervezas para cuando llega el frío

Las cervezas más ligeras entran muy bien en los meses de calor, pero cuando bajan las temperaturas se agradecen versiones con más cuerpo, sabor y potencia.

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Cada momento tiene su cerveza
Cada momento tiene su cerveza.

Con el otoño bajan las temperaturas, cambian los colores del paisaje y también los del mercado, que se tiñe del naranja de las mandarinas y otros cítricos, calabazas y demás. Las ensaladas ya nos saben a poco, y buscamos sabores más intensos y texturas más contundentes, una tendencia que no solo afecta a lo que nos apetece comer, sino también a lo que nos apetece beber.

Que nos pueden seducir diferentes tipos de cerveza según el momento del año y su respectiva temperatura es algo que sabe cualquiera que se las haya visto y deseado para beberse una de graduación y sabor potente bajo la canícula. Un tipo de cerveza que, en cambio, entra fenomenal cuando bajan las temperaturas (igual que una más ligera que en verano nos beberemos como agua en invierno nos sabrá exactamente como eso: agua).

Pero, ¿por qué el cuerpo nos pide este baile de cuerpos y texturas? Fernando Iglesias -responsable de Cultura de Cerveza de Estrella Galicia- nos da su respuesta en calidad de especialista. “En general, las cervezas de verano son más ligeras y sensorialmente menos complejas que las de invierno. Cuando las temperaturas son más altas y el sol brilla durante más tiempo se busca reforzar las características más refrescantes de la cerveza, partiendo de mostos de una menor densidad y que, por tanto, van a dar lugar a cervezas de menor volumen de alcohol”.

También se puede reforzar esas sensaciones refrescantes con el uso de determinadas variedades de lúpulo, el empleo de cepas de levaduras que aporten perfiles más afrutados o incluso con el uso de otras materias primas, como pueden ser las frutas de la época. Estas características hacen que las cervezas de verano se beban a temperaturas más bajas y en vasos o copas adecuados a la facilidad con la que se consumen.

Contra el frío, intensidad

En invierno, en cambio, apetecen cervezas de mayor complejidad sensorial -como es el caso de las cervezas de Navidad inglesas, alemanas o belgas- que suelen presentar un mayor volumen de alcohol. Las de tipo Strong Ale, Double Bock o Barley Wine también están hechas para degustarse frente a la chimenea. Fernando Iglesias matiza que en este tipo de cervezas “en muchos casos las maltas adquieren un mayor peso, que puede equilibrarse con la presencia de especias como canela, el clavo, la vainilla. Se obtienen así unas cervezas robustas, pensadas para consumir con más calma y en vasos/copas que favorecen el desarrollo de tragos más cortos”.

También hay que pensar que nuestra necesidad fisiológica de ingesta de líquidos fríos disminuye, y por tanto podemos disfrutar de cervezas donde la intensidad sensorial pesa más que la ligereza. Vamos, que no hace falta que beberse esa media pinta en dos minutos, porque no se va a calentar ni te vas a deshidratar por el camino: relájate y disfrútala. Además, durante los meses más fríos del año los cerveceros también pueden jugar con materias primas que la tierra aporta en esa época para integrar completamente -pero siempre sin enmascarar el sabor de la cerveza- el otoño o el invierno en la copa.

Calabaza y vainilla

Es el caso de la nueva variedad Calabaza y vainilla de la Fábrica de cervezas Estrella Galicia, elaborada incorporando la calabaza durante la elaboración del mosto, para que esté presente en la cerveza una vez terminada. Durante el proceso de guarda se le añaden ramas de vainilla troceadas, que reposan en la cerveza aportando su característico aroma y sabor.

Vainilla y calabaza, dúo otoñal ganador. ESTRELLA GALICIA

“Estamos ante una versión diferentes de las clásicas Pumpkin Ale, esas cervezas americanas que nos recuerdan al otoño. Nuestra cerveza no es de alta fermentación (Ale), sino de baja fermentación, por lo que tenemos en la botella una Pumpkin Lager Gallega”, nos aclara Iglesias. “De manera tradicional las cervezas de calabaza se condimentan con especias como la canela, el clavo o el jengibre, pero nosotros decidimos emplear vainilla, que consideramos más apropiada para integrar en el espíritu sensorial de una cerveza lager”.

El resultado es una cerveza de cuerpo medio con un dulzor amable, equilibrada por el amargor del lúpulo de la variedad Perle cultivado en Galicia. Los sabores a cereal, notas tostadas y suaves matices a caramelo los aporta la malta Pilsen y tostada, procedente de cebada de dos carreras.

Del vaso al plato

Si todo esto te parece muy interesante, pero además de beber cerveza quieres servirla en tu mesa, estás de suerte, porque según nos cuenta Fernando Iglesias estamos frente a una cerveza con versátiles posibilidades de maridaje. “El desarrollo de platos destinados a maridar con esta cerveza tendrían que trabajarse con especias como la canela y la pimienta), frutas de temporada como las manzanas y peras o frutos secos (nueces, castañas, pistachos)”, además de carnes de cerdo o ave).

Hablamos de platos de una intensidad media, donde puede estar presentes la cuchara y el pan: estofados de pollo o cerdo con una salsa ligera de mostaza y brandy; curry indios no excesivamente picantes o incluso postres a base de almendras y chocolates con bastante cacao bailarán muy bien con este tipo de cervezas. “En invierno los platos son más grasos, más contundentes y más cálidos. Necesitamos cervezas que los soporten, que no se queden ‘pequeñas’ ante el poder del plato, pero que a su vez sean capaz de aliviar las sensaciones grasas generando un sensación refrescante”.

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