Setas y patatas, combinación ganadora
Setas y patatas, combinación ganadora.

Dale vida a tu tortilla francesa

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¿Tienes ganas de cenar algo sencillo, pero la tortilla francesa te parece comida de enfermo? Hoy te damos nueve ideas para que la rellenes de cosas apetitosas, y un buen motivo para dejarla abierta.

La tortilla francesa a base de huevo, sal -y eventualmente alguna grasa para que no se pegue a la sartén- es la base de una de las cenas o desayunos más rápìdos, básicos, sencillos, económicos y sanos que podemos prepararnos (aunque hay gente que también la come a mediodía, son minoría, según el resultado de una encuesta de la prestigiosa Universidad de… nah, es de Twitter). Sabemos que según la RAE si lleva más cosas ya no es estrictamente francesa, pero hemos decidido apropiarnos del término para referirnos a una tortilla -de dos huevos- que se cierra sobre sí misma, y ponerle un poco de fantasía en el interior.

Para que la tortilla que usaremos como base sea la mejor del mundo mundial, además de usar unos buenos huevos de gallinas felices, solo hay que seguir la técnica que explica a la perfección en el vídeo de aquí abajo Jean Paul Marat, profesor de cocina en la Escuela Hofmann de Barcelona. Tal vez no te salga a la primera, y seguramente tardarás un poco en conseguir la tortilla completamente lisa y perfectamente sellada de Marat, pero las prácticas también serán comestibles, y acabarás llegando al Olimpo tortillero antes lo que crees. A continuación, nueve ideas para rellenar tortillas francesas (y una para dejarla abierta).

Con cebolla dulce Fuentes

La cebolla dulce Fuentes es un prodigio con DO que puede comerse cruda perfectamente porque, como su propio nombre indica, es dulce y no pica. Pero si picas media de esas cebolla y la pochas con una puntita de mantequilla y sal a fuego medio hasta que empiece a ablandarse, y luego la pones sobre dos huevos batidos cuando empiecen a cuajar en otra sartén con un poco de aceite, también puede ser el relleno de una de las mejores tortillas que habrás probado. La ecuación esfuerzo/resultado te sale completamente a ganar, y si tienes un trocito de queso brie o Camembert por la nevera y te animas a ponerle dos o tres trocitos, directamente tocarás el cielo.

Acompáñala con: una ensalada de buen tomate y aceitunas negras.

Con lacón y queso de tetilla

El queso de tetilla fundido es uno de los mayores placeres del mundo, y hay pocos platos calientes que no mejoren al añadírselo. Si a eso le sumas el puntito ahumado del lacón ya tienes el combo galaico completo: esta tortilla no tiene fallo, siempre que usemos trozos pequeños de ambas cosas y siempre a temperatura ambiente, para que no tarden en calentarse más de lo que tarda la tortilla en hacerse. Un puntito de pimentón picante puede darle un punto interesante.

Acompáñala con: una rebanada de pan de hogaza con sabor, al estilo gallego.

Con trufa y pecorino

Para disfrutar de la trufa no hacen falta platos sofisticados ni más de tres ingredientes, y esta tortilla, inspirada en uno de mis platos de pasta favoritos -que lleva los mismos ingredientes, mantequilla y un festival de pimienta negra recién molida-, es una buena muestra. Ralla la trufa y el queso directamente sobre la tortilla abierta cuando empiece a cuajar y cierra con el sistema habitual: cuando el pecorino se haya fundido y el calor haya hecho subir el aroma de la trufa es el momento de comérsela y disfrutar. No necesitas poner mucho de ninguno de los dos ingredientes, pero no intentes sustituir el hongo por eso que llaman “aceite de trufa” porque es muy posible que acabes comiendo tortilla de gaseoducto. Si quieres usar mantequilla en lugar de aceite como grasa, adelante: a este tortilla no hemos venido para sufrir.

Acompáñala con: una base de polenta cremosa (con leche).

Con finas hierbas

Si te ha sobrado un poco de cebollino, tienes un puñado de perejil que amenaza con languidecer o la albahaca que has comprado para la pasta ha cundido más de lo que esperabas, también con susceptibles de acabar en tu cena tortillera. En este caso no las pongas como relleno; mézclalas con el huevo cuando lo batas y conseguirás diferentes sabores y texturas. Puedes usar una sola hierba o más de una, combinadas.

Acompáñala con: unos tomates cherry con ajo y vinagre de Módena salteados un par de minutos.

Con ajo y pimientos del piquillo

No te lances a volcar un tarro de pimientos sobre la tortilla a medio cuajar porque lo que vas a conseguir es una sopa muy poco apetitosa. Para que este invento salga bien, primero tendrás que escurrir bien los pimientos y secarlos con papel de cocina, con cuidado de que no se queden las fibras pegadas. Después pásalos por la sartén con un poco de aceite y un diente de ajo laminado finito, y cuando el ajo esté transparente y el jugo que sueltan los pimientos haya reducido como un caramelo, ponlo sobre el huevo a medio cuajar y procede a cerrarlo. No hace falta gastarse el dinero en unos pimientos enteros: es mejor que sean a tiras (pero navarros, porque soltarán menos agua y tendrán más sabor).

Acompáñala con: unos champiñones salteados.

Con garbanzos y morcilla

Pasa unos trocitos de morcilla por la sartén y, cuando estén prácticamente desintegrados, añade un puñado de garbanzos cocidos y aplástalo todo un poco para que ambas cosas se mezclen y la legumbre se empape de la grasa del embutido. Seguramente te parezca que esto no puede mejorar, pero si lo pones sobre dos huevos a medio cuajar y cierras el invento, verás que las tortillas de legumbres tienen poco que envidiar a las de patatas. Si no tienes morcilla a mano prueba con butifarra -blanca o negra- o un poco de panceta curada.

Acompáñala con: un poco de col o repollo salteados con ajo y un toque de vinagre.

Vaga, al estilo de Sacha Hormaechea

La maravilla definitiva: una tortilla de dos huevos sin cerrar sobre la que pondremos unas cuantas patatas chips -de churrería de verdad, de buena calidad- un poco de jamón ibérico, lomo, butifarra o chorizo en rodajas finas y, si se quiere, unas cuantas piparras dispuestas en el último momento. También se pueden añadir setas, hierbas aromáticas o anchoas: la clave está en servir la tortilla mientras el huevo no ha terminado de cuajar, para conseguir el efecto de la tortillas de patatas ideal: muy jugosa, pero no líquida.

Acompáñala con: no es necesario acompañarla con nada más (tal vez con una copa de buen vino).

Con setas

Pica tus setas favoritas -como mucho un par de cucharadas por huevo, para que siga manteniendo una textura de tortilla- y saltéalas con un poco de aceite y un pellizco de sal. Como en el caso de las hierbas, aquí también mezclaremos las setas con los huevos en el momento de batirlos y ponerlos a punto de sal. Hay que ir con cuidado con el punto de cocción de las setas: si están demasiado crudas, soltarán agua y mojarán la tortilla; si están demasiado secas pueden “beberse” el huevo y dejar la tortilla seca.

Acompáñala con: unas patatas al vapor marcadas en la sartén, o una base de puré de patatas.

De salmón ahumado, cebollino y queso cremoso

Esta tortilla es deliciosa cuando se hace bien, pero tiene más intríngulis del que parece. Primero, el salmón tiene que ponerse en el último momento, porque queremos que esté caliente para potenciar su sabor, pero no que se cocine. Segundo, el queso cremoso -de untar, tipo Philadelphia- se pone muy líquido con el calor, y puede complicarnos mucho la tarea de cerrar la tortilla. Para asegurarnos el éxito en esta misión, alargaremos un poco más la cocción de la tortilla abierta, cuando casi esté cuajada pondremos rápidamente encima el queso en una o dos quenelles, no untado, el cebollino y el salmón -en este orden- y cerraremos con la máxima rapidez posible.

Acompáñala con: una ensalada de pepino.

De puerro, gorgonzola y nueces

Desecha la capa exterior de la parte blanca de un puerro y corta en rodajas unos 10 cm del interior. Póchalo a fuego suave con un poquito de aceite y un pellizco -muy poco, porque el gorgonzola le dará potencia- de sal. Ponlo sobre la tortilla a medio cuajar junto con un trocito de gorgonzola y un par de nueces picadas o unos cuantos piñones tostados.

Acompáñala con: una crema de verdura (o una sopa fría).

¿Tienes un relleno favorito para tortilla francesa que no conozcamos? Compártelo en los comentarios y alégranos la cena.

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