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Sangría de vino blanco

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La clave para que esta sangría salga bien está en escoger un vino decente, limitar el azúcar y entregarse a la fruta de temporada y el zumo de cítricos para aromatizar la mezcla.

Quien más, quien menos en este país ha tenido experiencia con sangrías -algunas extrasensoriales, y no siempre en el mejor sentido- y sabe grosso modo en qué consiste este clásico de las bebidas veraniegas: vino, algún licor, zumo de alguna fruta -lamentablemente sustituido en muchos casos por refresco azucarado-, azúcar y trocicos de fruta que a muchos les encanta zamparse bien empapuzados de líquido.

Sabed que desde el año 2014 la sangría, en su variedad comercial y no casera, está recogida en la reglamentación europea como bebida de vino aromatizada, donde además hacen la siguiente distinción entre los distintos mejunjes de vino que se comercializan en verano:

  • Sangría, bebida de vino aromatizada (que solo se puede llamar así si se elabora en España o Portugal) que: Se elabora con vino (no especifican si blanco o tinto), se aromatiza con extractos o esencias de cítricos naturales, con o sin el zumo de la fruta, con especias añadidas, con dióxido de carbono añadido, sin colorantes, con una gradación alcohólica entre 4,5% vol. y 12% vol. que puede contener partículas sólidas procedentes de la pulpa o la piel de cítricos, y su color se debe exclusivamente a los ingredientes que la componen.
  • Clarea, bebida de vino aromatizada, pero de vino blanco, que se elabora de la misma manera que la sangría. Este nombre es exclusivo para España.
  • Zurra, bebida de vino aromatizada que se obtiene añadiendo coñac o licor de vino a la sangría o clarea, posiblemente con añadido de frutas en trozos. La gradación alcohólica está entre 9% vol. y 10,5% vol.

Esta clasificación dejaría a todas las sangrías caseras, blancas o tintas, en la denominación de zurra, porque les solemos añadir algún licorcete. Sí, no os hagáis los despistados. Yo conozco el nombre de zurra por mi abuelo, que era de un pueblo de Cuenca, que llamaba así a una mezcla siempre de vino blanco, que preparaba con mucho zumo de limón, algo de agua, azúcar y fruta troceada. De cuando a los niños nos ofrecían bebidas alcohólicas en las celebraciones, ¿os acordáis los mayores del lugar? Así nos hemos quedao.

Que sí, que ya sé que la zurra, sangría blanca o similares parientes en muchas zonas se llama cuerva y también limonada; multitud de denominaciones para bebidas de vino blanco con el factor común del consumo en verano. Pero a lo que vamos: a pesar de la mala prensa que tiene la sangría porque en muchos casos se ha convertido en un brebaje infecto, creo que se pueden hacer sangrías muy agradables sin refrescos, con un vino de calidad aceptable y sin convertirla en sirope por una exagerada cantidad de azúcar, que se usa para tapar la mediocridad de los ingredientes y la falta de criterio. Y en El Comidista no somos mediocres, no, no, no, no, no. La sangría blanca la podemos hacer todo lo suave que queramos; os dejo mi versión que, si usamos vino suave y algo dulce, apenas precisa de azúcar. Si ponemos zumo de lima en lugar de limón el resultado es deliciosamente aromático.

Dificultad

Levantar la botella de vino para verterla.

Ingredientes

Para 6 personas

  • 2 botellas de 750 ml de vino blanco, mejor afrutado o incluso semidulce, de calidad aceptable (los hay a muy buen precio)
  • Zumo de 3-4 limones (o 2 limas)
  • 100 ml de vino dulce blanco, moscatel, oporto blanco, etc.
  • Azúcar al gusto (cuanto menos, mejor)
  • Fruta variada en trozos (melocotón, melón, rodajas de naranja, limón o lima, etc.)
  • Unos 8-10 cubitos de hielo

Preparación

  1. Verter el vino en un recipiente grande. Añadir el zumo de los cítricos, el vino dulce y el azúcar. Mezclar y probar; rectificar con más azúcar si apetece.

  2. Pelar y cortar las frutas, y añadirlas a la sangría blanca. Es de rigor dejar que maceren un rato.

  3. En el momento de servir añadir cubitos de hielo al gusto, esperar un poco a que se refresque y consumir sin anestesia. Si hay sitio en la nevera para enfriar muy bien la sangría antes de consumirla, el hielo se puede rebajar o incluso eliminar.

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