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Cinco dramas a los que nos enfrentamos en Navidad (y cómo solucionarlos)

Las fiestas no son sólo alegrías, brindis y espumillón. Los banquetes también nos traen pequeños problemas que van del cálculo de las cantidades a la limpieza de las manchas. Que no cunda el pánico: tenemos soluciones para todo.

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Ese vino será derramado sobre tu mantel y lo sabes
Ese vino será derramado sobre tu mantel y lo sabes.

A casi todo el mundo, exceptuando al Grinch, le gusta la Navidad en mayor o menor grado. Pero los brindis y el espumillón no nos deben nublar la razón –bueno, los brindis quizás un poco–, porque en esta época nos enfrentamos a dramitas a los que conviene enfrentarse con la cabeza fría, y que tienen que ver con el comer y el beber. En general se trata de pequeñas máculas en la deslumbrante superfície Navideña pero pueden devenir en manchurrones si uno no se vuelca en despejarlas lo antes posible. Ahí es donde entra este texto.

Drama #1: El cálculo de la cantidad de comida

Entre el despilfarro y que los invitados se queden con hambre hay un término medio. En primer lugar hay que pensar que es realmente difícil quedarse corto: probablemente desplegaremos un arsenal de entrantes que en su conjunto, y por comensal, ya servirá casi como un plato. Pero además, hay que tener en cuenta las siguientes medidas.

Si vas a servir pescado, una ración adecuada de merluza, lubina, besugo o dorada equivale a 200 gramos. Es decir, de un pescado de un poco más de dos kilos –hay que considerar la merma– comen diez. Si vas a comer rape ten en cuenta que es un pescado cabezón y calcula una pieza del doble de peso –o varias que sumen esa cantidad– es decir, para diez necesitarás cuatro kilos de rape.

Si hablamos de langostas o bogavantes, calcula una pieza por persona, 250 gramos por barba si vas a servir gambas o langostinos y si vas a ofrecer ostras piensa en tres o cuatro por persona como máximo. Si tienes en la cabeza los plumíferos cuenta que con una ave de dos kilos comen cuatro personas con hambre. Si los plumíferos son mini, como codornices, piensa en dos unidades por boca que alimentar.

Calcula 400 gramos por comensal de carne con hueso de las que van al horno, como las paletillas de cordero, y 180 ó 200 gramos de carne ‘limpia’, de estilo entrecot o rollito de ave rellena. En cuanto a los acompañamientos, piensa en verduras asadas al horno que puedas reciclar más tarde, en el caso de que sobren, en forma de purés, untables y acompañamientos para pasta. Si aún así ha sobrado comida, existen la ropa vieja, los canelones o las croquetas; recetas que admiten todo tipo de sobras como ingrediente principal.

Drama #2: Las manchas de vino

Tú venga a esforzarte en preparar la mesa con esa mantelería que solo sacas para las ocasiones y tus invitados, inmunes a tu sensibilidad, venga a liarla parda. Sobre todo a partir del plato principal, cuando ya llevan una copita de más y les da por derramar vino tinto por encima del mantel. El disgusto sería magno si no fuera por que a) tu también estás alegre y b) existen quitamanchas que, si bien no hacen milagros, funcionan perfectamente cuando sigues unas instrucciones bastante sencillas.

Pero, ¿por qué son tan malísimas de quitar las manchas de vino? Desde KH7 explican que los culpables de todo son los taninos, que están presentes en la uva y también en el té, el café y en zumos de frutas. "Estas sustancias requieren de un agente oxidante para ser eliminadas de forma efectiva”. El famoso oxígeno activo sería ese agente, uno de los componentes de la fórmula de KH-7 Sin Manchas Oxy-Effect que se acciona durante el lavado”.

Manchurrón de vino a la vista. La solución con KH-7 Sin Manchas. KH7

Para que este componente haga su magia, lo mejor es aplicar el producto sobre el tejido, dejarlo actuar hasta cinco minutos sin dejar que se seque y luego meterlo en la lavadora. También se puede añadir un chorro al tambor para reforzar su efecto. Nota explicativa para los que jugaron mucho al quimicefa y al cheminova de pequeños:  el oxígeno activo oxida las sustancias colorantes de las manchas, y así se consigue que se vayan con el agua durante el lavado.

Lo bueno de este método es que, a diferencia del de toda la vida -la lejía- no es tan corrosivo con los tejidos, por lo que la mantelería que heredaste de la abuela te puede durar hasta el infinito y más allá. Solo una precaución: este quitamanchas funciona sobre muchos tejidos, incluyendo los de algodón y sintéticos blancos, negros o de color, pero no debe usarse en prendas de lana, piel, ante, lino o seda, tal y como indica en la etiqueta de las prendas.

Drama #3: Contentar a todos los comensales

En una mesa de 10 podemos tener una representación de todas las intolerancias, alergias, opciones y, también, tiquismiqueces insufribles pero que al fin y al cabo debes conciliar porque son fechas de paz y armonía. ¿Qué hacer, por ejemplo, en una mesa con un vegetariano, un carnaca declarado y un sibarita repijo? Empecemos por el final.

Impresionar a un gourmet con técnica culinaria te resultará imposible a no ser que seas chef profesional y además es poco recomendable liarse con platos complicados en estas fiestas. Así, lo sensato es centrarse en buen producto tratado con sencillez, algo que gusta hasta al más pintado. Unos langostinos cocidos de manera que queden jugosos chiflarán al sibarita y probablemente también al carnaca, aunque a este le convencerá definitivamente una buena tabla de embutidos, y a ambos les gustará –y se hace con la gorra– un buen asado de rosbif.

¿Langostinos? Sí, si están bien cocidos. EL COMIDISTA

Queda despejar la incógnita del vegetariano, al que ninguna de las anteriores le parecerá correcta, como es natural, pero a quien conquistarás el alma si le sirves unos canelones rellenos de boloñesa vegetariana o una coliflor asada con crema de queso y setas. Sobre alergias e intolerancias, respétalas a rajatabla y ofrece alimentos adecuados a las necesidades de los comensales, que por algo eres un buen anfitrión.

Drama #4: Preparar la comida sin fundirse la paga extra

No es fácil poner freno a la vorágine consumista de las Navidades, pero en realidad es bastante sencillo evitarla si aplicas un poco de disciplina.

En primer lugar planifica. Cierra los menús de Navidad lo antes posible y compra con antelación todo lo que puedas. Puedes comprar las carnes en noviembre y mantenerlas congeladas en una bolsa zip o pedir en la tienda que te la envasen al vacío. Con algunos pescados, puedes hacer lo mismo, aunque su textura pierde algo con el congelado –aquí si conviene el vacío y una descongelación lenta en nevera–.

Un criterio muy útil es emplear ingredientes de temporada. El invierno nos da alcachofas, naranjas, piñas, escarolas, bacalao y besugo; un montón de productos estupendos que puedes usar en lugar de tomates, espárragos, melocotones, atún u otros ingredientes que, por no ser de esta estación serán mucho más caros. Que sí, que es muy exótico servir fresas, pero te van a costar un riñón.

Las alcachofas siempre son tus amigas. EL COMIDISTA

La humildad también es un valor a tener en cuenta. Si no puedes permitirte ostras, puedes optar por un buen mejillón –incluso si puedes permitirte ostras, un buen mejillón es excelso– y la merluza de pincho, sin ser exactamente barata, es más asequible que el rape (que además no es muy de estas fechas). Vamos, que no hace falta enloquecer, tirar de tarjeta y comprar caviar: tenemos muchas opciones de productos asequibles pero muy dignos.

Drama #5: Las discusiones familiares

Esto es un portal centrado en la gastronomía y no un centro de estudios de diplomacia. Pero bueno, si insistes en este punto es que lo estás sufriendo y en algo te podemos ayudar.

Para evitar disputas en la mesa evita sacar temas de conversación peliagudos. Ni política, ni deudas, ni que en la adolescencia tu hermano te robó un videojuego. Habla de la comida, de la última serie a la que te hayas enganchado o simplemente asiente a lo que digan los demás.

Si has conseguido lo anterior, sigue en la senda del éxito y evita beber en exceso. Si tienes la lengua larga te llevará a la casilla de salida, es decir, a sacar temas peliagudos. Y si tienes la presión baja te dejará dormido sobre el el plato de canelones. En cualquier caso, mantén la compostura. Estás en una comida de Navidad, no en una barra libre.

Sé puntual. Si hay un día en el que debas ser puntual es cuando toda tu familia está esperándote para comer y celebrar. Además, el hambre pone de muy mal humor, así que si te retrasas es probable que te encuentres con el ambiente algo crispado -o que hayan empezado sin ti–.

Si algo no te gusta, no hace falta que lo anuncies a bombo y platillo. Puedes disimular, decir que te has llenado o hacer lo que hacen los adultos: comértelo todo sin rechistar y agradecer que alguien ha cocinado para ti.

El mensaje básico puede resumirse: compórtate como un Homo Sapiens, no como un chimpancé.

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