Un poco de pasta no basta
Un poco de pasta no basta.

Platos de pasta sanos y fáciles para el confinamiento

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¿Tienes los armarios de la cocina llenos de pasta y ya no sabes con qué combinarla? Aquí tienes una guía para no caer en la aburridísima lata de atún o el socorrido pero poco sexy bote de tomate frito.

¿Se te ha ido la mano comprando macarrones, fusilli o tagliatelle y ahora te preguntas qué hacer con ellos? ¿Estás harto de hervir la pasta y volcar encima una lata de atún desabrida o un bote de tomate frito que te transporta al comedor escolar? No sufras porque esas decenas de paquetes de pasta seca que duermen en un armario de la cocina pueden proporcionar muchas alegrías si sabes cómo tratarlos.

Eso sí, antes de empezar te recomendamos leer los consejos de las hermanas Simili, dos leyendas de la cocina italiana, que veas este vídeo para ahorrarte los errores más comunes al cocinar pasta y que tengas en cuenta que la pasta es una fuente de carbohidratos muy carbohidratada, intenta combinarla con bastantes verduras y un poco de proteína y seguir unas proporciones razonables. Por razonable se entiende una ración de pasta por persona de entre 80 y 100 gramos.

Menos es más

La pasta tiene un sabor neutro y va bien con todo, pero eso no significa que tengas que echarle todo. Como decíamos en este artículo donde reunimos recetas tan treméndolas como unos rigatoni con brócoli, setas, cebolla y gorgonzola u orecchiette con berenjena, ajo, tomate y mozzarela: “Con 4 ingredientes –o menos– y una buena pasta puedes preparar unos platazos de caerte de culo”.

Puedes elegir ingredientes que combinen algo salado –como unas aceitunas, anchoas o alcaparras–, con algo un poco dulce y un poco ácido como tomates Cherry o passata y un elemento aromático; pongamos que albahaca, peladura de limón rallada o ajo. Esta receta de pasta con tomate, ajo y anchoas es un buen ejemplo, como este fresquísimo plato de pasta corta con tomatitos Cherry, albahaca y ralladura de limón.

Para darle una vuelta de tuerca al esencialismo, nada mejor que unos espaguetis con ajo y cayena, el aglio e peperoncino di tutta la vita, son la quintaesencia del minimalismo pastil; y la receta no puede ser más fácil, sencilla y sabrosa. Para cuatro personas, blanquea cuatro dientes de ajo tres veces; luego tritura el ajo con 100 ml de agua y de aceite hasta obtener una crema. A continuación, pon a hervir el agua con sal y, mientras se hace la pasta, calienta la pasta de ajo en una sartén grande con abundante perejil picado, una o dos guindillas secas picadas y sal al gusto. Cuando la pasta esté en su punto, cuélala y mézclala en la sartén con la salsa de ajos y guindillas. Sírvela inmediatamente con un poco más de perejil picado por encima.

Con cuatro cosas. EL COMIDISTA

Aprovecha el fondo de nevera (o armario)

Si tienes un trozo de calabacín tristón por la nevera puedes convertirlo en el coprotagonista de un platazo junto a un poco de panceta. Si no tienes panceta, puedes usar cualquier otro derivado del cerdo que contenga un poco de grasita y algo de magro, como jamón picado o unas salchichas.

Al principio he disparado contra la lata de atún pero combinándola con yemas de huevo y alcaparras –si no tienes puedes sustituirlas por unas aceitunas picadas– te marcarás una pasta con salsa de atún que no puede ser más fácil de preparar, tienes la receta en este vídeo, pero ahí va: pica una cebolla y pochala en la sartén con bien de aceite durante cinco minutos. Luego añade el atún y desmenúzalo con una cuchara de madera, una espátula, etc. Sube el fuego a tope y añade 200 ml de vino blanco. Deja evaporar el alcohol, añade 125 ml de caldo de pescado y una cucharada de zumo de limón. Cuando espese, echa las alcaparras y 360 gramos de pasta larga hervida. Mezcla bien, añade dos cucharadas de nata y dos yemas batidas, vuelve a mezclar y listo.

¿Que lo que se te están muriendo de aburrimiento en la nevera son unos champiñones? Tira de esta receta de pasta con champiñones, bonito y anchoas y además sacarás brillo a un par de conservas.

Ese calabacín tiene mucha vida. EL COMIDISTA

Tira de clásicos

La pasta al pesto, la mal llamada boloñesa –es ragú– o la carbonara son clasiquísimos que aportan mucha felicidad y carecen de dificultad (bueno, el ragú es algo laborioso, pero pongamos que estás confinado y tienes tiempo).

Empecemos por el pesto. Además de ser una salsa polivalente que tanto te sirve para aliñar una sepia o alegrar unas zanahorias, también tiene las virtudes de hacerse con la gorra y admitir infinitas variaciones. En este vídeo te contamos tres recetas: la canónica, una elaborada con cilantro y avellanas y la roja, que se prepara con tomate seco. Luego solo tienes que mezclarlo con tu pasta favorita y comerla en frío o caliente. Si quieres llevar tu pesto un poco más allá, puedes preparar esta pasta corta con pesto de mejorana y aceitunas –si no encuentras mejorana estos días, tira por cualquier otra hierba verde– o esta ensalada de pesto de aguacate. Y ya para elevar la cosa a otro nivel, prueba éste de alcachofas y nueces: es un locurón.

La carbonara es food porn italiano en estado puro. La puedes preparar con setas, con anchoas, judías y espárragos e incluso a la marinera, pero si te inclinas por la ortodoxia te recomendamos que veas este vídeo en el que ponemos a prueba cuatro recetas de cocineros famosos. Necesitarás huevos, panceta, queso curado y pimienta.

No es pesto con cosas, ojo. CLARA PÉREZ VILLALÓN

La salsa –o ragú– boloñesa requiere más ingredientes que las anteriores y tiene una preparación más larga pero la mayor parte del tiempo es de horno, así que no tienes que estar demasiado pendiente de ella. Aquí contamos cómo se elabora una versión bastante fiel a la tradicional del norte de Italia pero hay alternativas, como esta receta de ragú de cordero o esta versión facilísima elaborada con costilla de cerdo.

Por cierto, si quieres tirar de otro tipo de clásicos, aquí tienes tres recetas de mamma siciliana y unos espaguetis con albóndigas sacados de El Padrino que puedes hacer así: coge una sartén y dora ligeramente dos dientes de ajo en una cucharada de aceite. Añade 750 g de tomate natural –o en conserva– triturado a lo bruto junto a 170 g de concentrado de tomate. Remueve y cocina 10 minutos a fuego alegre sin que el contenido se pegue a la sartén y añade 250 g de albóndigas y 2 salchichas grandotas y troceadas. Añade un chorretón de vino, una cucharada de azúcar y salpimenta al gusto. Luego deja reducir la salsa a fuego lento durante 20 minutos, corrige de sal y añade una cucharada de orégano o albahaca fresca bien picada. Cuece 400 g de salsa y sírvela con una cucharada de salsa.

También en frío

Las ensaladas de pasta pueden ser un horror si tiramos de maíz de lata, jamón cocido y aceitunas rellenas , pero tienen su gracia si aplicas cierto criterio.

Como son un mundo aparte, hay que empezar por el principio, es decir, por leerse este artículo con consejos para perfeccionarlas: consejos como cocer la pasta un poco más de lo conveniente para no encontrarla dura cuando se enfríe y prescindir de farfalle y fusilli en favor de otros tipos de pasta, normalmente, corta

¿Ensalada?. EL COMIDISTA

Estas tres recetas  –con calabacín y champis, con judías blancas y tomatitos confitados y una pseudocésar– no se quedan cortas en lo que a hacer salivar bocas se refiere y esta última, con paté y encurtidos, te puede ayudar, además, a abrir alguna lata que tenías guardada: doble combo.

Ya entrados en materia, ahí van algunas recetas. Estos espaguetis fríos con tomate no sé si son una ensalada en sentido estricto, pero se le parecen y están buenísimos. Se preparan así: Lava los tomates, quítales el tallo, hazles una cruz con un cuchillo en el culo y escáldalos en agua hirviendo diez segundos. Pásalos a un bol con agua helada, enfríalos, pélalos, despepítalos y córtalos en dados pequeños. A continuación, junta el tomate en un bol con 6 cucharadas de aceite, media cucharada de tomillo seco y otra media de orégano y un diente de ajo aplastado. Remueve, tapa con film y deja que marine durante una hora como mínimo. Cuando llegue la hora de comer, hierve 350 gramos de espaguetis, cuélalos y reserva un cazo de agua y deja enfriar. Corta otro ajo por la mitad y frota la fuente o el plato donde lo vayas a servir. Junta los espaguetis con su agua de cocción, saca el ajo del tomate picado y añádelo a la pasta y remueve bien para que todo se impregne. Si quieres ir más allá, añade un poco de chorizo picado.

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