Un yogur deshidratado, mil aplicaciones
Un yogur deshidratado, mil aplicaciones.

Menú para hoy: ¿Tienes yogur y sal? Haz labneh

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Concentrar el yogur tiene premio: un ingrediente muy usado en Oriente Próximo con el que podemos preparar infinidad de platos. De regalo, un menú completo de comida y cena para llevar mejor el recogimiento.

Si te gusta el yogur tanto como a nosotros, te encantará esta forma fácil y entretenida de transformarlo en una especie de queso untable absolutamente delicioso, que puedes usar en múltiples platos ¿Que lleva un tiempo de preparación considerable largo? Como si tuviéramos algo mejor que hacer: mientras la nevera, la fuerza de la gravedad y el tiempo trabajan puedes dedicarte a hacer vida de gato, como Mía y Atún.

¿Qué es el labneh?

Básicamente un yogur super concentrado, al que se le quita gran parte de su agua: si crees que el yogur griego es un sueño de cremosidad, prepárate a probar este ingrediente típico de la cocina de Oriente Próximo. Se puede hacer con yogur de vaca, de oveja y de cabra (los últimos dan como resultado un labneh de sabor bastante más potente y ácido).

¿Cómo lo preparo?

Para preparar este invento sólo necesitas tres cosas: yogur natural, sal y una estameña (en su defecto, sirve cualquier tela fina tipo pañuelo, servilleta o trozo de sábana que permita que el yogur vaya perdiendo su líquido). Si no tienes suficiente yogur en casa, pero sí leche, puedes hacerlo tú mismo usando un método testado por el equipo Comidista. El proceso consiste básicamente en poner la tela sobre un colador, salar el yogur salado sobre ella, meter en la nevera y esperar. Todo está bien explicado en la tercera receta de este vídeo (y la receta está justo debajo, por si el vídeo no es tu formato favorito).

LABNEH CASERO

Ingredientes

  • 4 yogures naturales
  • Sal

Preparación

  1. Poner una tela fina de tipo pañuelo o sábana sobre un colador, tal como se ve en el vídeo de arriba. Salar el yogur y verterlo sobre ella.

  2. Tapar y dejar en la nevera para que el yogur pierda líquido. Se puede acelerar el proceso haciendo un hatillo con la tela y apretando. Si lo dejamos un día, quedará una textura tipo queso crema. Si lo queremos más consistente, dejarlo dos.

¿Cómo lo conservo?

En un tarro o tartera bien limpio y cerrado aguante bien en la nevera unas dos semanas; recuerda sacar siempre la porción que vayas a consumir con una cuchara limpia para no montar la fiesta del patógeno. Si quieres alargar su conservación, deja desaguar el yogur durante dos días; haz bolitas del tamaño de una nuez con este labneh concentrado, rebózalas con una mezcla de comino, tomillo y sésamo -lo que vendría a ser za’atar casero- y consérvalas en un tarro con aceite en la nevera.

¿Con qué me lo como?

Teniendo en cuenta las múltiples aplicaciones de este ingrediente, sería más fácil decir con qué no te lo comes. En Oriente Próximo se come como mezze -aperitivo- bañado con un chorro generoso de aceite de oliva, espolvoreado con za´atar; acompañado de pan de pita recién hecho es fácil comerte un barreño, gracias al delicioso equilibrio entre su textura cremosa, el puntito justo de sal y las especias.

También le van bien frutos secos como pistachos, avellanas o nueces, hierbas frescas como la menta y semillas como el sésamo. Puedes untarlo sobre una tostada de tu pan favorito, ponerle encima unas rodajas de plátano o fresa, unas almendras medio picadas o lo que tengas en casa y un chorrito de miel o chocolate con un 70% de cacao rallado.

También es genial para poner una cucharada en medio de una crema o puré de verduras; si coges un poquito de labneh con cada cucharada, la comida será un auténtico festín (también puede mezclarse y triturar para dar cremosidad, pero el contraste lo hace todavía mejor). Un bocadillo de pan bien untado con labneh, pepino y un toque de pimienta ya es una maravilla a la que puedes añadir jamón cocido de buena calidad, un huevo duro cortado a rodajas, tomate o pastrami.

Si lo quieres tomar como aperitivo, pero dándole una vuelta, prueba a ponerle encima dos cucharadas de tu pesto favorito -aquí tienes unas cuantas ideas- y un poco de ralladura de limón, además de la clásica pita puedes servirlo con palitos de zanahoria, pimiento, pepino o calabacín. También puedes triturarlo con pimiento, berenjena, cebolla, zanahorias o prácticamente cualquier verdura asada, para darle una vuelta (si no dejamos en paz al hummus, no sé qué te hace pensar que lo haremos con el labneh).

Saltea espinacas -o tus hojas verdes favoritas, o guisantes al vapor- con algún fruto seco y sírvelo con una cucharada de labneh encima, o ponlas sobre una tostada y añade un huevo poché: funciona perfectamente como desayuno tardío, brunch o comida ligera. Las bolitas de labneh son el ingrediente perfecto para animar cualquier ensalada: si además de verduras crudas o cocidas las preparas con una base de legumbres o cereales integrales; conseguirás una comida completa.

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