Menú para hoy: las galletas de mantequilla que puede hacer cualquiera

Estas galletas de mantequilla no se te resistirán aunque seas un desastre para la repostería. El único problema que tendrás con ellas es conseguir no comértelas todas.

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Primera buena noticia: esas galletas de mantequilla que se venden en latas cuquis y cuestan una pasta se pueden hacer en casa por la mitad de dinero (o menos). Segunda buena noticia: si te estás llevando las manos a la cabeza porque la repostería para ti es pura alquimia y no sabes ni por dónde empezar; respira, porque esta receta es a prueba de torpes. Tercera buena noticia: cuando las hornées tu casa olerá a gloria. Y ahora, la mala: están tan buenas que es difícil contenerse y no zampárselas todas de una sentada.

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Madre mía, qué humos. Necesitarás:

  • 250 g de harina
  • 1 cucharadita rasa de levadura química (tipo Royal)
  • 1 cucharadita rasa de sal
  • 230 g de mantequilla de buena calidad
  • 100 g de azúcar
  • 2 huevos

Preparación

  1. Mezclar en un bol la harina, la levadura química (tipo Royal) y la sal.
  2. En otro recipiente, batir la mantequilla a temperatura ambiente con el azúcar. Añadir las yemas de los huevos y seguir batiendo hasta que esté todo integrado y esponjoso.
  3. Sumar la harina poco a poco hasta obtener una masa homogénea. Formar una especie de rulo con ella envolviéndola en plástico transparente, y meterla en la nevera un mínimo de una hora, o idealmente toda la noche.
  4. Calentar el horno a 180 grados, cortar el rulo en discos de medio centímetro aproximadamente y repartirlos en una bandeja de horno forrada con papel de ídem, guardando una coronavírica distancia de seguridad de 2 o 3 centímetros.
  5. Hornear 20 minutos o hasta que estén doradas por los bordes.

¿Puedo ponerles cosas?

Puedes mezclar con la harina frutos secos picados como nueces, pistachos, cacahuetes, almendras o avellanas. También puedes añadir una cucharada de cacao en polvo sin azúcar a la masa para darle un rico sabor chocolateado, y si tienes una vaina de vainilla puedes abrirla a lo largo, raspar las semillas y añadirlas a la masa. Ni se te ocurra tirar la vaina: córtala por la mitad y ponla en un tarrito con 100 ml de ron: en un par de semanas tendrás una esencia de vainilla casera para usar en bizcochos, galletas y otras preparaciones (unas gotas en un café con leche, caliente o helado, pueden darle mucha calidad a la película).

¿Más vueltas de tuerca? Un poco de jengibre fresco rallado, cardamomo, canela o piel de cítricos rallada; si están blanditos -como las mandarinas de final de temporada-, será más fácil si los ponemos un rato en el congelador. Si todavía tenemos un poco de turrón de Jijona o Alicante haciendo el zombi por la despensa también podemos triturarlo y añadirlo a la masa (si le ponemos 50 g de turrón picado, quitaremos 25 g de azúcar para compensar).

El chocolate siempre es una buena opción; puedes añadir gotas a la masa o, mucho más sencillo -sobre todo si no tienes gotas a mano-, simplemente ponerles una pastilla, o media, encima justo cuando salen del horno. El calor de la galleta lo fundirá sin requemarlo y recubrirá la galleta (y cuando se enfríe se volverá a poner duro). ¿Chocolate y media nuez encima? Adelante.

¿Con qué las acompaño?

Café, café con leche, leche o té de cualquier variedad para el desayuno o la merienda, y también serán perfectas para acompañar un vino dulce o una copa de espumoso después de comer. Si tienes un poco de helado en el congelador puedes hacer una especie de bocadillo poniendo una cucharada entre dos galletas; si le pegas unos frutos secos picados o unas semillas de sésamo -haciendo rodar el sandwich sobre ellos, puestos en un plato- estará todavía más bueno.

¿Cómo las conservo?

Nuestras abuelas y madres las guardaban en una lata, y si tienes una destinada a uso alimentario puedes hacer perfectamente lo mismo. También te sirve un táper o tartera, una bolsa de zip o una normal, si no tienes otra cosa. Recomendación personal: no hacer muchas o meterlas en una caja con un dispositivo de seguridad que sólo permita abrirla una vez al día, porque si no, te las comes.

Fe de errores: en la versión original de esta receta, las cantidades de huevo, levadura química y sal del texto eran distintas a las del vídeo. Las hemos unificado, pero salían bien de cualquiera de las dos maneras. La sal se puede reducir hasta 1/4 de cucharadita si gustan menos saladas; con 1/2 cucharadita de levadura química quedan un poco más compactas, y si usas sólo una yema de huevo tampoco notarás una gran diferencia.

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