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Once helados envasados con los que pecar este verano

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Cuandos no tienes una buena heladería artesana cerca, no es un crimen ceder a los encantos de un polo o tarrina industrial. Un grupo de sabios y sabias heladeros nos recomiendan sus favoritos.

El escalofrío en los dientes después de morder un Calippo, la tortículis que deja querer aprovechar todo el Magnum o el chorretón en la camiseta de un Frigopie. Aunque industriales y a veces azucaradísimos, los helados forman parte de nuestros pecados gastronómicos más habituales en verano. Porque ¿quién tiene sus convicciones alimentarias tan firmes como para no comprarse en agosto una tarrinita pequeñita, de las que te convences que no pasa nada por comértela entera, de Häagen-Dazs? Reconozcámonos pecadores, hermanos de la dieta sana, y pequemos alguna que otra vez en estas fechas, que luego podremos resacirnos confesándonos en la catedral de Nuestra Señora de la Acelga y el Apio.

Porque una cosa está clara: en España los pecaminosos devotos de la secta heladera se cuentan por miles. Solo en 2019 se consumieron en este país un total de 136,05 millones de kilos de este producto, según datos recogidos por la web Statista. De toda esta cantidad, el 50,07% se comió desde julio a septiembre, tal y como apunta también Statista, lo que confirma que cuando el calor aprieta ni nos lo pensamos: saltamos de cabeza a la tarrina.

Por si cometes algún goloso desliz en estas fechas, hemos hecho una recopilación de los 11 helados industriales más irresistibles. Todo, por supuesto, siguiendo las recomendaciones de los sacerdotes y sacerdotisas de la congregación del Santo Polo y la Santa Cucharilla de Postre. Ellos saben por cuáles merece la pena mostrarnos débiles ante los ojos de los dioses verdúricos.

HELADOS CLÁSICOS Y MODERNOS

Helado cremoso de AOVE con cacahuetes tostados, de Sandro Desii

“Sin discusión y con toda la contundencia del mundo, los de Sandro Desii son los mejores helados industriales que he probado, y los más parecidos a un helado artesano”, afirma con rotundidad el gerifalte comidista Mikel López Iturriaga. Empezamos fuerte, desde luego. Mikel comenta que recomendaría “prácticamente todos los cremosos, con mención especial a los de chocolate, el de piñones y el de pistacho”, pero esta vez se tira de cabeza por el de aceite de oliva virgen extra y cacahuetes tostados: “No sólo es una fantástica opción para veganos o intolerantes a la lactosa, sino que es igual de delicioso o más que un helado lácteo”.

Paleta de lulo, de Pura Fruta

De una apuesta por un sabor inusual en los helados, pasamos a otra aún más insólita: la que elabora con sabor a lulo la firma barcelonesa Pura Fruta. “El lulo -también conocido como 'naranjilla'- es el hijo improbable entre una mandarina ácida y un tomate: la primera vez que pruebas la fruta tal cual te deja la cabeza completamente loca, porque tiene la textura de un tomate verde y el sabor de una mandarina muy ácida”, explica nuestra editora comidister Mònica Escudero. Sobre el polo de este fruto, Mònica comenta que está buenísimo y que mantiene bastante la acidez. “Aunque son grandes -son paletas con molde de vaso, redondas, al estilo de América del Sur- siempre tienes la tentación de comerte una segunda”, concluye. Hace 30 segundos no tenía ni idea de qué era el lulo, ahora quiero encargar una caja con 50 paletas. Precio: la unidad de paleta se vende sobre 1,20€ en tiendas especializadas en comida latina.

Maxibon de nata, de Nestlé

Cambio radical, toca ahora uno de los clásicos veraniegos que encontramos en cualquier kiosco con el toldo a rayas: el Maxibon de nata. Lo recomienda el también comidister Jordi Luque, que asegura con orgullo que es “un verdadero amante de los helados industriales”. Nada que esconder, como podéis comprobar. “De los que se come por la calle, mi preferido sin duda es el Maxibon de nata. Me gusta comer primero la mitad bañada en chocolate para que la galleta de la otra mitad coja humedad y se reblandezca. Esa textura me deja en éxtasis industrial”, describe con detalle Jordi mientras saliva como un león cuando ve una gacela con un tirón en la pierna. Precio: en casi todos los kioscos de España —porque alguno habrá por ahí que no le quede— por menos de dos euros.

Cornetto de vainilla, de Frigo

Seguimos en el clasicismo heladero con los Cornettos de vainilla. El experto en polos viejunos Òscar Broc, que ha publicado recientemente un post sobre estos productos, escoge los famosos conos de la marca Frigo como la primera de sus elecciones: “Un maldito clásico que nunca falla. Me gusta su aroma de mentirijilla, su vainilla de laboratorio, los trocitos de chocolate barato y esa galleta dura como el iceberg que hundió al Titanic”, describe Òscar. Es difícil resistirse, la verdad. Y más cuando ves a alguien quitar el envase de papel metalizado todo lleno de esa mezcla dulcérrima que es pura feronomona para los golosos. Precio: ídem del Maxibon.

Mini intense dark 70% cocoa, de Magnum

También existen helados con un formato más pequeño, para que no tengas que rezarle toda una semana a Santa Rúcula para expiar tu pecado. Uno de estos lo recomienda Mikel López Iturriaga: “A mí me gustan por su tamaño, con el que puedes no apiporrarte, y porque son dulzones pero menos empalagosos que otros productos similares”. El líder comidista aclara: “Si no tienes a tu alcance un helado de heladería y perdonas la etiqueta engañosa -de 70% cacao, nada: el helado es de chocolate con leche-”, los Magnum mini intense dark pueden ser una opción más o menos aceptable”. Ahora bien, mejor cómpralos en el súper, porque no sé cómo puede reaccionar el kioskero cuando le digas: “Un Magnum mini intense dark 70% cocoa, por favor”. Precio: el pack de tres helados mini a 2,99€ en Carrefour.

CONGELADOS EN EL TIEMPO

Limones helados, de La Menorquina

Viejunismo en estado puro, pero ¿y qué? A nuestra supercommunity manager Patricia Tablado le chifla la versión industrial de estos clásicos helados, que nos enseñó a hacer en casa Ana Vega Biscayenne con esta receta. “Es verlo en un restaurante y no me queda más remedio que pedirlo (yo no inventé las normas)”, cuenta Patricia, que añade: “Durante el confinamiento, descubrí que ahora también se venden al por menor en los supermercados en pack de dos, así que si os gustan no hace falta que paséis por toda una comida en un restaurante porque están ahí en la nevera esperándoos”. Ea, ya no tenéis excusas: a ver si entre todos conseguimos volver a poner de moda este postre típico de chiringuito de los 90. Precio: 19,97€ la caja con seis unidades en la web de la marca.

Comtessa, de Frigo

Otra gran representante de los postres congelados viejunos. La comtessa, al igual que Hombres G, lo petó en los 80 pero fue perdiendo protagonismo con el paso de los años. Durante un tiempo decidieron llamarla Vienetta, aunque gracias a Dios -o a Frigo-, hace poco volvió a su nombre original, al de siempre. Sin duda, un producto que trae recuerdos a mucha gente, como le ocurre al artesano heladero Massimo Pignata: “Era mi helado preferido entre los industriales. Me encantaba la cremosidad de la nata y su contraste con el crujiente del chocolate. ¡Con mi hermano nos comíamos una entre los dos de un tirón!”, rememora el dueño de la prestigiosa heladería DelaCrem, situada en Barcelona. Precio: en grandes cadenas de supermercado por aproximadamente 4,50€ la Comtessa de medio kilo.

TARRINAS PARA DEVORAR EN CASA SIN PIEDAD

Tarrina de helado de nueces de macadamia, de Häagen-Dazs

“La verdad es que no soy muy goloso ni compro habitualmente helados industriales, pero cuando me da el ataque yonqui, me arrojo directamente al Häagen-Dazs de nueces de macadamia”, reconoce públicamente el periodista y colaborador comidister David Remartínez. La suya es una adicción por fortuna transitoria, aunque no por ello menos peligrosa: “Me pego una panzada, me siento sucio, me relamo la pátina de grasa chunga que dejan estos inventos del demonio para apalancarte en el sofá, y me siento extrañamente sucio y feliz a la vez”, confiesa David asegurando que la última vez fue la última y que él controla. Precio: la tarrina de 460 ml cuesta 6,29€ en El Corte Inglés, por ejemplo.

Tarrina de helado de fresa, de Mövenpick

El fanático de los helados industriales Jordi Luque pone al de fresa de la empresa suiza Mövenpick en el número uno de su lista personal: “Lo coloco arriba del todo porque sabe a fresa de verano, es cremoso a más no poder y cuela por artesano, que es lo más bonito que puedes decirle a un helado industrial”, aclara Jordi mientras encarga una tarrina de dos toneladas. Si él le tira este piropazo, que de estos productos sabe bastante, tendrá que ser verdad. Precio: la distribuidora en España de este producto, Font Gastronòmic, nos confirma que se vende fuera del canal HORECA en dos formatos: el de 100 ml, con un precio aproximado de 2,65€; y el de 500 ml, por 6,95€. 

Tarrinas Chocolate Fudge Brownie y Cookie Dough, de Ben and Jerry's

Dos recomendaciones en una. Por un lado, Òscar Broc engulle el de chocolate y brownie “en las noches de insomnio”. Según él, este helado de Ben and Jerry’s es “una avalancha de chocolate que no te deja respirar y, encima, te remata con unos cachos de brownie que parecen meteoritos. Peor que la farlopa”, asevera Òscar. Por otro, Jordi Luque y su hijo de 9 años, también aficionado a las tarrinas industriales, que prefieren el de Cookie Dough: “Es mazacote a más no poder, pero, qué quieres, lleva tropezones de galleta –remojada, también– y eso me pierde”, afirma Jordi. No están solos en esto: a 40ºC y con cinco euros en la cartera, todos nos hemos dejado llevar por el frío hedonismo heladero. Precio: un envase de 465 ml sale 5,95€ el de brownie y a 6,50€ el de cookies en supermercados como Carrefour.

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