Hilillos de felicidad
Hilillos de felicidad.

Seis cenas fáciles con queso (y varias ideas para reciclar sus restos)

  • Comentar
  • Imprimir

Ensaladas ligeras con legumbres, patatas rellenas para días gochos, una fondue que viene con el recipiente incluido, croquetas de arroz o huevos al plato, además de un montón de consejos para dar vidilla a los restos queseros.

Seguimos con la búsqueda del Santo Grial de las cenas apetecibles, sencillas y económicas para no flojear en el momento más débil del día. A los que leéis esta sección habitualmente y ya habéis preparado algunas cenas con huevos, pechuga de pollo, pan, para una sola persona, que te apañan la siguiente comida o con verduras, frutas y frutos del mar de otoño os extrañará no encontrar la palabra “saludable” en la propuesta.

No es que hoy nos vayamos a poner finos de snacks de chocolate industriales rebozados en polvo de ganchitos, fritos en margarina y bañados en helado ultraazucarado, pero cuando entra el queso en la ecuación todo invita a permitirnos una dosis de autoindulgencia (y tampoco pasa nada). Tenemos ensaladas de legumbres, huevos al plato con guisantes y pasteles de verduras, pero también lujuriosas fondues improvisadas con crudités, croquetas de arroz y patatas asadas -al horno o al microondas- cubiertas de cheddar, crema agria, bacon y pepinillos. Si eres turófilo ya has escogido equipo, así que siempre puedes ir cambiando de jugador.

Croquetas de arroz con gruyère y -casi- lo que sea

No recomendaríamos prepararlos con los restos de un arroz seco de marisco o pescado -no porque seamos más italianistas que los italianos, que pueden dar su brazo a torcer en lo que se refiere a mezclar queso y frutos del mar-, sino porque ese arroz no tendrá la textura adecuada. Podemos dársela calentándolo con un poco de leche o nata y queso fundente rallado. Pero sí podemos prepararlos con los restos de un risotto, un arroz meloso de setas, calabaza asada, verduras o carne, con un arroz blanco normal.

Echa un vistazo a la nevera y mira qué puede terminar como ingrediente de estas croquetas. Puntas de embutidos como chorizo o jamón, restos de salsas para pasta, guisos de carne o verdura -si llevan patata quítala-, pollo asado, huevos duro o setas, calabacín, pimiento, cebolla o cualquier verdura que podamos picar y dorar para añadir posteriomente a la masa, o usarla como relleno. Unos mejillones escurridos, frutos secos o aceitunas también serán bien recibidos.

Las cantidades variarán según el grado de humedad que tenga el arroz del que partimos; con unos 150 g por persona, ya cocido, tendremos una buena base. Prepara primero los ingredientes que quieras añadirle -en trozos no muy grandes y que no suelten demasiado líquido- y caliéntalo. Añade unos 100 g de queso gruyère rallado -o cualquier otro de textura similar-, mezcla bien y valora si tienen una textura que puedas formar con facilidad. Si no, añádeles un poco -muy poco- de leche, nata para cocinar o salsa de tomate que aporten la humedad y untuosidad necesaria.

Es el momento de darles forma: puedes hacer varias croquetas redondas u ovaladas, ponerlo en un molde, prensar un poco y hacerlas cuadradas cortando con un cuchillo o hacer discos de un tamaño más grande, como si fueran hamburguesas. Reboza en huevo y pan rallado, deja que el rebozado se seque un rato en la nevera para que no exploten al freírlas y hazlo en aceite caliente pero que no humee, en tandas de pocas unidades para que el aceite no se enfríe. Escurre en papel de cocina y sirve, por ejemplo con una ensalada de tomate y un puñado de encurtidos: cuesta mucho más leer esta receta que hacerla; anímate y repetirás.

Ensalada de lentejas, perejil y feta

Cenar legumbres es completamente recomendable siempre que no te atices una fabada de digestión complicadilla, que te puede tener cantando “Asturias, patria querida” hasta que suene el despertador. Si apuestas por una ensalada donde las lentejas, las hortalizas y el queso feta retocen alegremente, la noche será plácida (y habrás tomado proteína vegetal de buena calidad).

Legumbres por la noche: así, sí. MÒNICA ESCUDERO

Para dos personas necesitarás un tarro grande de lentejas escurridas y lavadas, hortalizas al gusto -yo usé pepino y tomate raf de temporada-, alguna verdura de hoja de temporada como la rúcula, la achicoria o la escarola y, si quieres, un puñado de hojas de perejil, enteras (no lo vamos a usar para decorar, sino como ingrediente de pleno derecho). Si te sienta bien, puedes añadir cebolla cortada fina, tal cual o suavizada durante un rato en agua con vinagre y sal. Prepara la vinagreta que más te guste con un toque ácido de limón o vinagre y una cantidad generosa de pimienta, rematando con aceitunas y queso feta desmigado. Remueve para repartir bien el aliño y la cena está lista.

Patatas asadas rellenas de crema, cheddar, bacon y cebolla

Las jacked o baked potatoes, patatas de buen tamaño asadas y abiertas con un corte en cruz o a lo largo por donde se les ponen todo tipo de rellenos, son un clásico de la comida inglesa (sobre todo en su versión informal y callejera). El único problema que tiene esta maravilla de la comida básica pero sabrosa -y un poco guarripé, todo hay que decirlo- es el tiempo que tardan las patatas en cocinarse, pero cualquiera que tenga un microondas al mano puede acortar significativamente este tiempo.

Escoge una patata grandecita -no hace falta que tengan el tamaño del Big Ben- de textura harinosa como la red potiac u otra patata que no sea nueva por ración, lávalas y sécalas bien y ponlas en el microondas, no más de tres a la vez. Programa cinco minutos a máxima temperatura. Enciende el horno a 180°C para que se vaya valentando. Dales la vuelta a las patatas -lo de dentro hacia fuera- y programa tres minutos más.

Con un trapo y cuidado para no quemarte, abre las patatas con un corte en cruz y apriétalas ligeramente para que la carne se abra. En este momento puedes ponerles un poco de mantequilla y preparar el relleno: lleva a la sartén una loncha de bacon no demasiado fina cortada en daditos, y pocha media cebolla picada con su misma grasa. Saca la patata del horno; pon en el hueco el bacon y un puñadito de cheddar rallado por encima y devuelve al horno un par de minutos más. Al sacarla, puedes rematarla con una cucharada de crema, cebollino en polvo y pimienta. Obviamente esta patata admite los mismos rellenos que las croquetas de arroz, y más.

Hojaldre + queso = éxito asegurado.

Hojaldre bien, hojaldre fetén. MÒNICA ESCUDERO

Hazte con una placa de hojaldre de mantequilla de verdad, desenrolla sobre el papel de hornear en el que vienen y pasa a una bandeja de horno, mientras enciendes este electrodoméstico a 180°C. Pincha toda la superficie con un tenedor, para que no se hinche demasiado, menos los dos centímetros exteriores. Coge unos 400 g de tomates cherry y córtalos por la mitad a lo largo o a cuartos -dependiendo de su tamaño-, repártelos por encima del hojaldre con aromáticas al gusto y un poco de sal y pimienta y lleva al horno ya caliente.

En los 20 minutos -aproximadamente, puede necesitar alguno más- que tu cena pasará en el horno puedes preparar una vinagreta rápida con unas ocho almendras y un chorrito de aceite por ración, además de vinagre, sal y pimienta al gusto. Te sobra tiempo para ponerte el pijama, darte tónico e hidrante y devolver esa llamada que tienes pendiente desde la mañana antes de sacar el hojaldre. Mientras lo dejas reposar tres minutos, aliña con la vinagreta dos puñados generosos de canónigos por persona y mezcla bien; pasado este tiempo reparte 150 o 200 g de mascarpone en cucharaditas por la superficie y sirve con la ensalada al lado o encima del hojaldre. ¿Para cuántas personas es esta cena? Pues depende del hambre que tengáis: cuatro si es moderada, dos si es canina (si sobra un trocito, también está delicioso para desayunar).

¿Tienes dos planchas, mucha hambre y no sabes qué hacer con ellas? Rellénalas una de ellas con unos 150 g de jamón, 200 de brie, unas cucharadas de salsa de tomate y un poco de dulce de membrillo cortado pequeño y bien repartido. Cubre con la otra placa, sella los bordes y pincha y pincela la capa superior. Lleva al horno a 200°C -al tener doble capa necesita más potencia- durante unos 20 o 25 minutos, hasta que se dore, y sirve caliente o tibio.

Fondue casi instantánea de camembert con crudités de verdura y pan

Si has venido buscando una de nuestras habituales propuestas saludables, de esas que hacen que los nutricionistas te acaricien la cabecita mientras dicen lo bien que lo haces, lo sentimos pero hoy no es vuestro día. Bueno, en realidad no lo sentimos, porque la idea de cenar una generosa cantidad de queso fundido, untado en palitos de verduras y trocitos de pan nos parece de lo más atractiva (y seguro que a ti también, va, que por un día no pasa nada).

La idea viene del vacherin Mont d’Or, un delicioso queso de temporada elaborado con leche de vacas que pastan en la zona del Jura que descubrí en Can Luc, mi quesería de cabecera. Tiene una corteza olorosa y tierna, se comercializa en una cajita de madera y se consume después de hacerle unas muescas para introducir unas lascas de ajo en su interior, unas ramas de romero -si tenemos- y un chorro de vino blanco seco, dejándolo 20 minutos en el horno a 150°C, consiguiendo así una especie de fondue muy sencilla y sabrosa.

Para la versión apta para todos los supermercados, solo hay que sustituir el Mont d’Or por un Camembert y seguir las mismas indicaciones: la cantidad de ajo es al gusto, pero cuando pescas un trocito el placer es máximo, así que recomendamos ser generosos. Mientras se calienta el queso corta trocitos de manzana verde o roja, palitos de apio o calabacín, trocitos de pan o pepinillos y cebollitas en vinagre. Dispón todo en la mesa y, cuando salga el queso, prepárate a mojar y hacer hilillos como si no hubiera un mañana.

Huevos al plato con queso de tetilla, guisantes y lacón

¿Otra receta gocha? Pues no necesariamente: aquí los protagonistas son los guisantes y los huevos: el lacón y el queso son solo para darle un toque extra de alegría al plato (si pones 200 gramos de cada, no nos hacemos responsables, pero no es la idea). Para dos personas, descongela medio kilo de guisantes -puedes dejarlos en la nevera el día antes- y, sin cocinarlos antes, ponlos en una o dos fuentes para horno, mezclados con 80 g de lacón cortado en daditos y sal y pimienta al gusto.

Añade unos 50 g de queso de tetilla rallado o en trocitos -y, si quieres, un poco de salsa de tomate-; casca dos huevos, salpimenta de nuevo y remata con un poco más de queso. Lleva al horno a 180°C durante unos 10 minutos, o hasta que la clara esté cocinada y la yema todavía líquida. Retira, deja reposar dos minutos para que la yema se ponga cremosa y sirve con un poco de pan o tostadas.

¿Tienes alguna cena con queso que nunca falla? Compártelo en los comentarios y ayuda a un alma descarriada.

  • Comentar
  • Imprimir

Comentar Normas

Lo más visto en El Comidista