¿El futuro del vino es una lata?

Los vinos enlatados tratan de abrirse paso frente al conservadurismo de las botellas. ¿Tienen futuro o son una moda pasajera? Preguntamos a una productora, un diseñador de marcas de vino y un divulgador vínico.

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Apto para el picnic y la piscina
Apto para el picnic y la piscina.

El sector del vino no es el de los teléfonos móviles. Las novedades llamativas, las que llenan titulares, aparecen con cuentagotas. El vínico es un mundo dominado por su facción tradicionalista. Ortodoxo. Jasídico. Pero de vez en cuando suceden cosas.

En 1996, Barokes Wines –una bodega australiana– presentó una tecnología llamada Vinsafe. Consiste en un recubrimiento interno para latas de aluminio que prolonga la conservación del vino en este tipo de envase, que por aquél entonces llevaba décadas funcionando –sin éxito– en Europa. Los aussies con esto del vino son Unorthodox total. A ellos les debemos también el bag in box –1965– y el tapón de rosca, desarrollado en Francia a finales de los 60 por petición de un productor australiano. Estos inventos han merecido alguna que otra fetua por parte del ala conservadora, claro.

El auge de los vinos enlatados, sin embargo, empezó en California. Fue la bodega de los Coppola quien popularizó el invento con Sofia Blanc de Blancs, un espumoso que se presentó en en 2003.

Pero hasta 2018 el aluminio no recibió un importante espaldarazo. Ese año fue nombrado tendencia a tener muy en cuenta en Prowein, una de las ferias profesionales de vino más importantes del mundo. Desde entonces, algunos vinos enlatados parecen estar cosechando cierta reputación en el Nuevo Mundo. Tanto es así que Fiona Beckket, crítica de vinos de The Guardian, publicó hace pocos días una cata de 25 vinos enlatados y algunos obtuvieron una puntuación de 5 sobre 5.

¿Qué pasa en España?

El primer vino enlatado de España lo lanzó Cavas Hill en 2007; la bodega pertenecía en ese momento a una saga casi tan célebre como la de los Coppola: la familia Ruiz-Mateos. Aquella propuesta tuvo menos arraigo popular que el "que te pego, leche", pero hoy en día unos pocos productores de toda España apuestan por este ya-no-tan-nuevo formato.

Ah-So Wines es una bodega fundada en Colorado, pero radicada en Navarra, que vende un blanco, un rosado, un tinto y un espumoso ecológicos y elaborados en su propia finca. La Cooperativa Vinícola de Villarrobledo (Albacete) también apuesta por este formato para un vino blanco. La bodega catalana Can-Vi elabora un rosado, un tinto y un blanco de viticultura natural y crianza de seis meses en ánfora, una rareza en esta categoría; y así hay unas pocas marcas más.

La opinión de una productora, un experto en branding y un winelover

Sana Khouja Laout es la fundadora de Zeena, una de las últimas marcas de vino enlatado que han aparecido en España. A través de su página web comercializan un tinto, un rosado y un blanco. El diseño de los envases es minimalista y elegante y hace gala de una certificación ecológica y otra vegana. También tiene reclamos que hablan de sostenibilidad. “Envasamos nuestros vinos en latas de aluminio 100% reciclado y reciclable, protegidas por una película interna de Vinsafe, con lo que logramos mantener la máxima calidad e inalterado el sabor y el aroma del vino, al estar sellado herméticamente a prueba de luz. Con el enlatado, además, reducimos el impacto medioambiental”, explica Sana.

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Uno de los argumentos a favor de las latas es que el aluminio es infinitamente reciclable, mientras que el vidrio de las botellas no está tan claro, aunque se puede reutilizar.

Otra ventaja de las latas es que no precisan copas, vasos ni sacacorchos. “Es evidente que tanto la cantidad del envase como su formato permiten su degustación en cualquier lugar y en cualquier momento”, explica Sana, mientras aclara: “No tratamos de competir con la botella de vino, sino llevar el vino a nuevos momentos de consumo donde la botella no tiene cabida”.

Zeena tinto y blanco son dos vinos sencillos, agradables y fáciles de beber. Seguramente no cumplirán las expectativas de una persona que busque la complejidad de un vino de mayor calidad, aunque por precio –cuatro latas de 200 ml cuestan 15 euros– compiten con un espectro de referencias de todos los pelajes. Sin embargo, el formato es muy conveniente para picnics, llevar de excursión, a la playa o tomar en un concierto o evento parecido.

Santi Rivas, campeón de España de cata a ciegas y vigésimo clasificado con el equipo español en el Campeonato del Mundo, responde con un tajante “¡no!” cuando le pregunto si un vino enlatado puede ser winelover. “Querrá pasar por winelover, eso seguro, e ir de trendy, relajado y de vino democratizado. Pero el winelover quiere beber lo mejor posible haciendo el esfuerzo y ritual que en 2021 tenga sentido”, dice Santi. Y, a continuación, deja clara su sospecha de que los vinos en lata van justos de calidad. “Beber en lata no deja de ser vestir de colores una manera de beberte vino barato a paladas. No digo que no tenga interés para el consumidor, pero no para el winelover”.

David Arrieta es el fundador de Veintemillas, una agencia de comunicación especializada en branding para el sector del vino. Su punto de vista es que estamos aún muy lejos de la consolidación del aluminio. “En nuestro país el vino sigue estando algo encorsetado para que el mercado acepte ciertas cosas. A un gran número de consumidores, sin entrar en la edad, ya les cuesta el tapón de rosca –porque consideran que la rosca es sinónimo de vino barato– o el bag in box, cosas que en otros países están más que asumidas quizás”, sostiene David.

Este experto considera que sería clave que una bodega muy conocida y respetada dé el paso. “Se debería dar un cambio muy significativo en el consumidor o bien que una bodega top se decidiera y revolucionara el mercado y la forma de comunicarlo. ¿Te imaginas un Vega Sicilia en lata?”.

Vencer la mala imagen a la que apunta David Arrieta no es imposible. Hasta hace relativamente poco era impensable que una cerveza craft de calidad se presentara en lata. Hoy es muy habitual. Lo que sucedió es que los brewers empezaron a llenar estos envases, asociados a la industria cervecera de masas, con buena cerveza. La verdad es que no imagino un Vega Sicilia en lata. Pero, a juzgar por este tweet de Jancis Robinson –experta en vinos de reputación mundial– en Surafrica hay productores interesantes como The Liberator y The Copper Crew. Estos últimos afirman –en el mismo hilo de Twitter– que consiguen una calidad razonable con vinos jóvenes, a los que añaden poco sulfitos, porque se espera un consumo rápido.

Como siempre, lo importante no es el envase, sino el contenido. Muchos vinos jóvenes españoles que no evolucionarán en botella podrían seguir el mismo camino. Pienso, por ejemplo, en los de maceración carbónica de La Rioja que se elaboran para beber en el mismo año o el Vi Novell catalán.

Aunque la botella de vidrio parezca indisociable de un vino de calidad, no se consolidó hasta la Revolución Industrial, es decir: llevamos poco más de dos siglos y medio pegándole a la misma. Puede parecer mucho para un jasídico del vino, pero es poco para los ocho milenios de historia de esta bebida que ha pasado por recipientes de arcilla, pellejos, barricas y ahora, por qué no, de aluminio.

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