Yogures de sabores, de peor a mejor

De diferentes tipos, de stracciatella, de caramelo, de avellanas, de café, y de todas las frutas habidas y por haber: probamos y puntuamos 21 yogures de sabores y productos similares de diferentes supermercados.

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Poca fruta, mucho azúcar
Poca fruta, mucho azúcar.

A veces tu cuerpo es un templo y solo le rinde cuentas al yogur natural pero otras, como decía Anthony Bourdain, se pone en modo parque de atracciones y le apetece un poco de marcha e incluso riesgo. Como en El Comidista somos muy de subirnos a la montaña rusa pero solo repetimos si lo pasamos bien en el viaje, hemos probado unos cuantos yogures de sabores y productos similares para ver si se parecían al sabor que anuncian, si están buenos en general e incluso si contienen los ingredientes que les dan nombre.

Los hay con ínfulas pasteleras, nuevos y de los que nos daban en el comedor del cole a los que veíamos a Naranjito los domingos, artesanos y de marca blanca, de sabores más o menos estándar y también algunas fantasías. Como bonus track, Miguel López, Hematocrítico del Arte y riquiño de honor a partes iguales nos recomienda unos yogures fuera de concurso un poco locos, pero perfectos para conectar con tu gallego interior.

Yogur de sabor fresa con leche fresca recogida en granjas familiares de Danone

“Lo exótico de este yogur no es la fresa, sino la leche fresca recogida en granjas familiares (sea lo que sea lo que eso signifique)”, apunta Mikel López Iturriaga, el jefe de todo esto, que constata que los lazos entre hermanos, primos o abuelas en los centros de producción no parecen haber logrado elevar la calidad de este producto, para el que tampoco ninguna fruta de verdad fue sacrificada a pesar de su nombre y de la foto del envase. “A pesar de estar ‘hecho con cariño’, ni sabe a fresa, ni sabe a yogur, ni sabe a nada más que a azúcar y aromas artificiales, y con su aguada textura pasa sin pena ni gloria por la boca sin proporcionar ninguna clase de placer”. López Iturriaga lo considera “una enmienda a la totalidad contra el yogur de verdad”, y poco más podemos añadir ante tanta contundencia. Puntuación: 1. Precio: sobre 1,10 euros el pack de 4x120 g.

Vitalinea cremoso con trozos de melocotón y maracuyá

Mikel sigue con su cruzada contra los atentados a la leche fermentada. “Cuando algo se llama ‘Vitalinea’ te saltan todas las alarmas frente a un posible crimen contra la alimentación humana. Sin embargo, hay que reconocer que la entrada en boca de este producto no es mala, y que recuerda bastante al sabor real de las frutas que aparecen en su nombre”. Por desgracia, el gustirrinín se desvanece en dos o tres segundos, y entonces llega una especie de astringencia entre rasposa y harinosa que parece castigarte por lo gozado: la ausencia total de grasa es la culpable de dicha penitencia, como responsables del regusto químico hiperdulzón son los glucósidos de esteviol utilizados como edulcorante. “Que esta especie de Frankenstein desnatado tenga una A en NutriScore dice mucho de este sistema de calificación nutricional, y nada bueno”, razona el boss. Puntuación: 2. Precio: Sobre 1,79 euros el pack de 4 x 115 g.

Yogur bífidus de higos Hacendado

La primera cucharada le recuerda a mi compañero Carlos Doncel a esos yogures industriales con sabor a fresa de mentirijilla, “solo cuando trincas un trozo de higo más o menos grandecito te da lo que promete en el envase. Es insulso y la textura no tiene la solidez de esos yogures que cuestan 0,90 euros el pack de 200 unidades ni la artificial cremosidad de los griegos del súper”. Para entendernos, es el típico que te comes de pie en la cocina con la mirada en un punto fijo de la encimera porque crees que no merece la pena sentarse. Además, es bífidus, pero Carlos no se ha notado ningún superpoder. Nota: 3. Precio: 0,95 euros el pack de 4x125 g.

Yogur frambuesa stracciatella de La Lechera

“Si la intención de los creadores de esta cosa era producir un yogur que pareciera un helado industrial derretido, habría que felicitarles por el logro”, ironiza López Iturriaga mientras firma mi carta de despido. “Sin apenas rastro de acidez y con una asombrosa capacidad para empalagar, este lácteo es un monumento al dulzor: con un yogurcito te metes entre pecho y espalda 36 gramos (nueve terrones)”. Asegura que se lo podría perdonar si convenciera en sabor, pero la frambuesa tiene una presencia testimonial (2% de puré), las pepitas provienen de un chocolate vulgar y la leche parece que ha fermentado por puro aburrimiento. “Eso sí, ‘100% ingredientes naturales’, así que todo bien”, matiza. Puntuación: 3. Precio: sobre 1,30 euros el pack de 2x120 g.

Yogur bífidus kiwi y cereales Eroski

Llamarle yogur a esto es bastante generoso, es más una bebida que algo que te puedas comer con cuchara, pero eh, tiene bífidus, que es buenísimo para todo y te pone la barriga feliz. Los cereales ocupan mucho más sitio en el nombre que en la composición, donde el salvado de trigo y la avena aportan nada más y nada menos que un impresionante 0,7% del total. La textura es muy líquida y ligeramente grumosa, y el kiwi se intuye en forma de trocitos, y un poco en el sabor, lo que salva el yogur del desastre absoluto. ¿Tal vez es un producto perfect para los que odian el yogur pero lo compran porque creen que es sano porque tiene bífidus? Si estoy ante una jugada maestra del marketing, sin duda no soy su público potencial. Puntuación: 3,5. Precio: 2, 39 euros el pack de 8X125 g (con otros tres sabores, dos unidades de cada).

Yogur gourmet de cereza Milbona

Es un yogur bastante cremoso, pero da la sensación de que hay trampa, como si estuviera “engordado”. Cuando miras los ingredientes, ves que además de tener pectina y goma guar como espesantes, el ingrediente principal es leche fermentada ‘cremosa’, que no sé muy bien lo que es (pero suena a que le han añadido nata o leche en polvo, pero en ese caso deberían especificar los ingredientes). Tiene trocitos de cereza ácida -más de la que estamos acostumbrados a tomar aquí- y también un color cerezoso, fruto de una simpática combinación entre la remolacha, el hibiscus y la zanahoria, además de un aroma que le da sabor a chuchería y una acidez bastante artificial (parece que asociada al aroma). Puntuación: 4. Precio: 0,55 euros la unidad de 150 g.

Yogur griego stracciatella Hacendado

“¿Está dulcérrimo? Sí. ¿Hay mil yogures más saludables que éste en el mismo lineal? Por supuesto. ¿Genera adicción? Más que el Dalsy en los niños”, reflexiona nuestro compañero Carlos Doncel, para quien este griego de stracciatella es “esa camiseta del Primark que no tenías pensado comprar: un capricho sencillo, barato, mediocre, innecesario, producto de la industrialización más agresiva y avanzada. Pero eres consciente cuando lo comes de que es eso, un fugaz y gochísimo placer en medio de tu rutina obrera, y entonces es cuando disfrutas de las toneladas de nata, de las virutas de chocolate repartidas en su justa medida y del azúcar”. Asume que no se puede comparar con otros yogures griegos de mayor calidad que hay en el mercado, pero quizá mañana se pase por el Mercadona de nuevo con el cilicio puesto. Nota: 4. Precio: 1,45 euros el pack de 6x125 g.

Activia zero azúcares con avellanas, semillas y dátil

Este producto no tiene azúcar añadido ni edulcorantes, pero tira de la trampita del dátil (4,8%) para saber dulce y que te creas que estás tomando un alimento saludable. Mikel López Iturriaga constata que “ni las avellanas, ni la avena ni las semillas de calabaza y chía consiguen levantar un liquidurrio que no tiene ni cuerpo, ni gracia, ni sabor a leche, ni ningún tipo de vida interior”. Eso sí, tiene bífidus naturales, esas cosas que no sirven para nada pero que la marca insiste en vendernos como buena para nuestras defensas o para ir al baño. “Por ser justos, también hay que señalar que no ofende, y que como alternativa para las personas que quieren yogur pero no les gusta mucho el yogur -hay gente pa’ tó- podría funcionar”. Puntuación: 4. Precio: sobre 2 euros el pack de 4X115 g.

Yogur Hacendado sabor galleta

Este yogur de Hacendado despista a nuestro compañero Josep Navarro, que no es capaz de valorar si sabe a galleta o no y -si supiese- a qué galleta lo haría. “En el envase dejan intuir que sería galleta María, pero a mí me recuerda más a una Lotus, seguramente como consecuencia de que el azúcar sea el segundo ingrediente después de la leche y mucho antes que la galleta, que en realidad no aparece por ningún lado”. Lo más cerca que ha estado este yogur de una galleta ha sido el aroma -no indica cuál- y un colorante de “caramelo natural”. ¿Más azúcar? “En conclusión, si eres tan goloso como yo puede ser que se haga hueco entre alguno de tus atracones nocturnos, pero no podrás sacarte de la cabeza a Celia Cruz diciendo ¡AZÚÚÚÚCARRR!”. En Mercadona ya no hay packs exclusivamente de estos yogures, sino que se han incluido en un pack de 16 -bastante económico- en que los otros son de frutas o de vainilla, y que no tienen mayor virtud que ser el típico yogur de frutas que te daban de postre en el comedor del colegio. Puntuación: 4’5. Precio: 1’90€ / 16 yogures de 125 gramos.

Yogur gourmet de melocotón y maracuyá Milbona

Pues muy parecido al de antes, pero en este caso al ser el aroma menos ácido la falta de acidez es más patente. El 1,1% de maracuyá a base de concentrado pasa absolutamente sin pena ni gloria, huele mucho más que sabe, y le voy a poner un poquito más de puntuación porque los trocitos de melocotón están frescos, crujen y son agradables al mordisco, y en el anterior la cereza era más o menos un pellejo, no nos vamos a engañar. Puntuación: 4,5. Precio: 0,55 euros la unidad de 150 g.

Yogur cremoso con naranja y vainilla Granja Armengol

Es tan dulce que no se pueden apreciar bien los sabores, aunque según Jarvis, mi hijo de 10 años, se parece un poco al Sugus de naranja. Hay vainilla real, pero está metida dentro de un preparado cuyo primer ingrediente es -para sorpresa de nadie- el azúcar, acompañado de otro preparado cuyo primer ingrediente es el azúcar y el segundo ingrediente del yogur cremoso -antes de la nata que aporta esa cremosidad- es también el azúcar: 17 gramos de azúcar por cada 100 lo confirman. Aunque en el envase pone yogur, esto no se parece en nada a lo que yo entiendo por un yogur. La naranja sugusosa se queda en la boca, y ahora sí presenta la acidez raruna del zumo de naranja concentrado. Me da pena, la verdad, porque su yogur natural y griego son básicos de mi nevera (y por lo que veo no vamos a ampliar el registro). Puntuación: 4,5. Precio: consultar puntos de venta.

Yogur de avellana de Granja Armengol

Azúcar, azúcar, azúcar: de nuevo es el segundo ingrediente del yogur después de la leche, y el primero del preparado de avellana: el fruto seco finalmente representa alrededor del 2,5% del total de la composición. Eso sí, los trocitos que hay, se notan, y puedes morderlos. Además, la textura es como aguada, y la parte de “avellana” hace que se desmonte y haga grumos, cuando lo mezclas mejora un poco pero los ingredientes no terminan de integrarse. Puntación: 5, porque tiene avellana y sabe a ella (con mucho azúcar). Precio: consultar puntos de venta.

Yogur griego caramelo Milbona

Antes de nada debo aclarar que el yogur griego natural de Milbona me parece una opción más que decente, con la cremosidad que uno espera en un yogur griego -hola, nata- y un punto de acidez más suave de lo que me gusta, pero aceptable, pero esto más que un yogur parece una chuchería láctea. El caramelo es tipo toffee ligero, con lo que la textura no contrasta nada con la del yogur: solo los distingues por el color (cuando lo miras, porque el yogur está tan dulzón que en la boca casi se confunden). En los ingredientes hablan de dos tipos de caramelo, pero solo soy capaz de detectar uno; aunque en realidad la descripción no engaña: es griego -hola de nuevo, nata- y sabe a caramelo. Puntuación: 5 (si lo que quieres es una chuchería láctea, más). Precio: 1,69 euros el pack de 4x125 g.

Yogur gourmand con mandarina y lima Dhul

Según ellos tiene “generosos trozos de mandarina y lima. Cada cucharada es un explosión de sabores intensos e irresistibles”, pero yo discrepo un poco. Aunque tiene un 10,7% de azúcar, hay algo en su textura que lo hace áspero y astringente como si estuviera endulzado con edulcorantes, ¿tal vez el 8,2% de zumo de lima y los espesantes necesarios para equilibrarlo tienen algo que ver? Los “generosos trozos” de los que hablan son un 5% de mandarina de unos dos milímetros de longitud (suponemos que las descripciones las escribe el Tío Gilito en persona). Como el de antes, sabe a lo que promete, pero organolépticamente deja mucho que desear: no repetiré. Puntuación: 5. Precio: 1,55 euros el pack de 2x150 g.

Yogur con café de Can Corder

No especifica el porcentaje de azúcar añadido que lleva, pero es el penúltimo ingrediente (antes de “café natural”, que no sé muy bien a qué se refiere). Es un poco menos cremoso y más ligero que un yogur natural de los que venden en tarro de cristal, pero tiene sabor a leche y una textura bastante agradable. Como persona que no le pone ni leche ni café al azúcar esto se me hace un poco raro, pero el puntito de acidez del yogur -que no desaparece a pesar del azúcar- lo hace interesante. Volvería a repetir puntualmente. Puntuación: 6. Precio: 2,95 euros el pack de dos unidades de 125 g.

Yogur de cerezas de Pur Natur

Lo mejor que Mikel López Iturriaga puede decir de este yogur es que no es muy dulzón, y no es poco. “También se puede decir que recuerda al chupachups Kojak, lo que no es algo necesariamente malo: este sabor puede aparecer de manera natural cuando cocinas esta fruta, de la que este yogur contiene un porcentaje del 7,2%”. La calidad del lácteo es medio decente y no tira de leche en polvo ni de nata para resultar cremoso, pero que sea bio no parece haberle dado ningún tipo de personalidad particular (poca sorpresa al respecto). Bien sin más. Puntuación: 6. Precio: sobre 3 euros el envase de 500 g.

Absolutely coconut stracciatela de Alpro

Josep Navarro empezó probando este producto por la causa, y no porque a priori le hubiera llamado la atención, pero algo cambió durante el proceso. “Al sacarlo de la nevera ha surgido en mí la esperanza de que, en algún momento, me recuerde a las bolitas de coco recubiertas de chocolate del surtido de Navidad. Me vuelven loco, lo admito, y en efecto, demuestra la eficacia de la combinación coco-chocolate y ha conseguido transportarme a la sobremesa de nochebuena, eso sí, en una versión suave y fresquita, mucho más apta para los días de calor que se avecinan”. Los trocitos de chocolate aparecen en su justa medida -ni muchos, ni pocos- y se convierten en el hilo conductor de una textura que es bastante líquida, seguramente como consecuencia de que la leche utilizada sea de coco, lo que además de darle un sabor mucho más fidedigno -a coco, claro-, lo convierte en una opción apta para veganos. “Vamos, que pensaba que no aguantaría ni una cucharada y se ha convertido en mi pseudoyogur de stracciatela favorito, muy por encima de otras opciones con leche de vaca”. Puntuación: 7. Precio: sobre 1’30 euros 1 yogur de 120 g.

Oikos sabor lima-limón

Jordi Luque estaba la mar de dispuesto a despotricar a base de bien. “De hecho, he elegido este sabor pensando que sería como Fairy y que podría explayarme. Pero nones. Seré sincero: he disfrutado cada cucharada de este gochismo de nataza con aroma no muy fidedigno a cítricos, pero vamos, que me da igual que sea o no sea sintético”. Es un sabor suave, que combinado con la voluptuosidad de la grasa, se convierte en adictivo para el paladar de Luque, que no entiende muy bien por qué la gente de Danone ha optado por dejar unos pedacitos picados de lo que se supone que es lima, limón o algo así. “Supongo que para dar sensación de que te estas comiendo algo natural. El único defecto para mí es ese: los dichosos cachitos que tratan de restar dignidad a tal prodigio del yogurtismo industrial”. Nota: 7,5. Precio: alrededor de 1,99 euros el pack de 4x100 g.

Plátano y mantequilla de cacahuete de Yopro

“No miento si digo que elegí este yogur entre la amplia oferta del supermercado animado por los reclamos ‘15 gramos de proteína’, ‘0% materia grasa’ y ‘sin azúcares añadidos’; sabiendo que los yogures naturales de toda la vida son una opción más que saludable que poco tienen que envidiarles nutricionalmente”, confiesa Josep Navarro. Sin embargo, este yogur proteico le sorprendió gratamente por su sabor: el primer impacto es claramente a plátano y a medida que terminas de saborear la cucharada le dejó un sabor muy agradable a mantequilla de cacahuete. “El punto dulce está perfecto: ni se pasa, ni se queda corto. Personalmente me recuerda -salvando muchas distancias- al helado de ‘peanut butter’ de Ben&Jerry’s, por lo que diría que es una opción para tener en cuenta cuando aprieta el gusanillo, pero no quieres caer en la tentación”. La textura es más bien la de una mousse, algo que no resulta para nada desagradable. Puntuación: 8. Precio: a partir de 1,59 euros el pack de 2 yogures de 160 gramos.

Capricho de yogur de mango y frutas del bosque Pastoret

Este capricho de yogur que ha enamorado a nuestra responsable de redes Patricia Tablado es, básicamente, una capa de mango, una capa de yogur natural azucarado y una capa de frutas del bosque, todo servido en un tarrito bajo muy mono en el que después puedes poner una vela (o un postre casero). “Me gusta la textura cremosa y lo bien que combina el dulzor del mango con la acidez del yogur con las frutas del bosque”, apunta Patricia, que reconoce que su tolerancia al dulce es más bien alta (tiene un 7% en total, aunque la nata y los purés de frutas pueden aumentar un poco la sensación dulcérmica). ¿Sugerencias de presentación? “No sé si me gusta más por estratos o todo junto, así que os animo a probarlo de las dos maneras”, termina Patricia imparcial al estilo Salomón. Puntuación: 8. Precio: 2,18 euros el envase de 150 g.

Oikos sabor maracuyá

Como había probado antes su homónimo cítrico, Jordi Luque pensaba que este otro Oikos tendría también cachitos en suspensión. “Pero no, al fondo del bote hay una mermelada de precioso color naranja y sabor a maracuyá y unos trozos de mango de tamaño notable”. Tropezones, en toda regla, para esa textura sedosa conseguida con las toneladas de nata mezclada con el yogur. “Que esto de yogur tiene lo que tengo yo de cabello en la cabeza: muy poco. Vamos, es yogur porque lo dice en el bote, pero no sabe a yogur. Sabe, básicamente, a maracuyá y azúcar. Y mucha nata. En fin, muy bueno también”. Luque se plantea que tal vez le han parecido especialmente deliciosos porque en su casa no entran yogures de sabores llevaba tiempo sin comer uno. “Por si acaso, por si me engancho a ellos, seguiré sin comprarlos. Los 16 gramazos de azúcar que lleva cada botecito me han disuadido”, remata con fe sobre su capacidad de contenerse. Nota: 8. Precio: alrededor de 1,99 euros el pack de 4x100 g.

¿Conocéis algún yogur de sabores que esté buenísimo y queréis compartirlo con nosotros? Podéis dejarlo en los comentarios y, cuando el Covid nos deje, brindamos con cucharillas.

Los yogures gallegos que enamoran al Hematocrítico del Arte

Miguel López Hemato

¿Cómo explicarle a alguien que no es gallego la magia de los Yogures Larsa? ¿Cómo explicarle un arcoiris a un ciego? ¿Cómo hablarle del segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven a un sordo? Sencillamente no se puede, pero lo voy a intentar. Larsa es la mejor marca de yogures de la historia y sólo sirven en Galicia porque, bueno, porque es el mejor sitio de la historia. Podrían vivir toda la vida de la adicción que han causado a los habitantes de la comunidad, entre los que me incluyo, a su absolutamente perfecto yogur de vainilla. O de sus increíbles yogures con trozos de fruta que saben mejor que un helado. Pero no se han dormido en los laureles y recientemente han sacado una colección de yogures de ‘sobremesa’. Los que se tomarían C Tangana y Kiko Veneno después de tocar un concierto de esos suyos. No les salió muy bien el de Crema de Orujo, que desapareció del mapa, pero el yogur de Licor de Café ha nacido para quedarse: es una fantasía, una travesura, un guiño del universo. Y sobre todo está buenísimo. Ojalá pudierais probarlo, pero no podéis. En serio. Dejádnoslos todos.

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