El aceite de oliva hecho por mujeres que acumula premios

La cooperativa Colival de Valdepeñas (Ciudad Real) no solo acumula galardones: es un ejemplo de modernización y la prueba de que desterrar el machismo del campo es posible.

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Aceite de oliva colival
Oro verde.

“¿Qué haces aquí, y no en tu casa fregando o limpiando?”. Esto escuchaban las mujeres en España cuando se atrevían a participar en las faenas principales de la aceituna. Consoli Molero lo escuchó en su tierra muchas veces desde que en 1997 entró a trabajar como administrativa en Colival, una cooperativa de Valdepeñas (Ciudad Real) nacida en 1970. Desde hace seis años es su gerente. Hablamos de la mejor almazara de España de 2020, según la Asociación Española de Municipios de Olivo, y del premio a la Igualdad de Oportunidades del mismo año que concede el ministerio de Agricultura. Colival ha ganado galardones por todo el mundo, a la par que desterraba el machismo: esta es una historia del campo en femenino.

Una historia en femenino. COLIVAL

Uno de sus aceites exquisitos resume esta modernización: Alma de mujer. “No hablamos de un aceite femenino, sino de un AOVE hecho por mujeres con su propio carácter, estrategia y decisiones”. Así lo define su web, y así lo refrenda Consoli remontándose al origen de cuanto simboliza esta botella: “Yo veía que aquí solo venían hombres, que las mujeres ni siquiera abrían la boca. Que delegaban su presencia en las asambleas. Y me dije: No vais a poder conmigo”. Se preparó profesionalmente y, cuando accedió a la gerencia, decidió convencer a los varones con ejemplo y resultados.

Porque no se trataba únicamente de igualdad: también había que sortear las dificultades de un mercado que para el granel y los productos básicos solo encuentra un futuro ruinoso. “Teníamos que cambiar la mentalidad tradicional por una de empresa”, apunta. O como urgía Carlos Falcó en 2013: “Hay que pasar del frasco anónimo al extravirgen de culto”. Precisamente todas las recomendaciones que plasmaba el Marqués de Griñón en su ensayo Oleum —aún vigente— coinciden con las mejoras que ha introducido Colival. Menos lo referente a las chicas, claro.

La cooperativa se ha enfocado al aceite premium, que requiere otra forma de producción pero que abre las puertas a mejores precios y a la exportación. Cuenta con 900 socios cooperativistas, de los que hoy son mujeres 235, con tres de ellas en la Junta Directiva, y aplica un Plan de Igualdad y una Guía de Lenguaje Inclusivo. Han saltado de tres millones de kilos de aceituna en 1997, a los 15 actuales. Y venden en Estados Unidos, Francia, Reino Unido o los Países Nórdicos. Las mejoras en ambos sentidos, sociales y económicas, se han solapado. Con las mujeres han conseguido vender más y mejor: aceituneras altivas, que levantaron olivos.

Consoli, de 45 años, entró como Programadora Informática, pero luego estudió Dirección de Empresas y módulos formativos de Aceite y Vino. En 2018, se convirtió en la primera mujer española distinguida como Maestra de Almazara. Habla con rotundidad y humor, e inspira respeto y confianza. Es decir, un carácter sólido y a la vez accesible, otra fórmula infalible para conseguir objetivos: “Las cooperativas hay que cogerlas con pinzas, aquí son 900 jefes”, dice, riendo, sobre lo difícil que resulta reorientar un buque tan grande.

Esas 900 familias siempre habían plantado picual y cornicabra para elaborar aceite de manera parecida, agrupándolo bajo una marca genérica: Sierra Prieta. Un buen aceite, como tantos otros. Lo habitual en el mercado español, tan bajo de autoestima durante siglos, carente de distinción. “Aunque los consumidores del mundo afirman preferir el extravirgen, solo están dispuestos a pagar por él un sobreprecio ínfimo”, lamentaba Falcó en su libro. Para superar esta costumbre, proponía aplicar una “revolución tecnológica” y una “estrategia comercial” que cambiara la imagen del olivo como cambió la del vino. Crear aceites de pago como vinos de pago.

La nueva dirección de Colival promovió la plantación de nuevas variedades, para crear aceites verdes y monovarietales con constantes analíticas de las plantas durante su maduración. Adelantaron la recolección para coger cada variedad en su punto óptimo, aunque dejaran menos rendimiento, pero asegurando una calidad excepcional. Organizaron una recolección limpia, sin pisar la aceituna, con descargas cuidadosas. El molturado, a temperatura ambiente, y el batido, de solo 30 minutos (a más temperatura y más batido, también se extrae más aceite, pero peor). Realizan el filtrado en 24 horas y no paran de “educar al socio” sobre cómo enriquecer su trabajo.

Ese mismo socio se ha acostumbrado a ver mujeres en todos los procesos. Algunos, exclusivos: Alma de Mujer surge de una reunión anual de las mujeres de la cooperativa, que pasan un fin de semana de convivencia y recolección. “Vienen hasta todas las yayas, y aprendemos unas de las otras”, relata Consoli, obviamente satisfecha. El resultado pertenece a su línea de ediciones especiales, que a su vez coronan la segunda marca introducida por la cooperativa para sus productos premium, Valdenvero, cuyo embotellado es tan sofisticado como su contenido. Es decir, la nueva estrategia comercial que reclamaba Falcó. A quien, por cierto, sucedió su hija Alejandra. “Nosotros siempre tenemos presentes a los viejos agricultores, porque si ellos no hubiesen creído en la agricultura y las cooperativas, no tendríamos esto ahora. Hoy en día, tal cual está la economía, no podrías montar una almazara”, dice Consoli. Y también para eso han creado un aceite de edición limitada: Exemplum, dedicado a quienes les dieron ejemplo. Como hacen ellas con las (y los) que vendrán detrás.

En la sección Producto del mes contamos la historia de comestibles que nos emocionan por su calidad, por su sabor y por el talento de las personas que los hacen. Ningún productor nos ha dado dinero, joyas o cheques-regalo del Mercadona para la elaboración de estos artículos.

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