La terraza del finde: DoskIwis, cerveza y bocadillos en un jardín ampurdanés

La última entrada de nuestra serie terracera nos lleva a un sitio bueno y con exterior bonito si andas por Cataluña: nos vamos al Empordà, donde Dalí perdió el mechero pero con parte de espíritu neozelandés.

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En esta entrada empieza todo
En esta entrada empieza todo.

A estas alturas seguro que ya sabes que no es imposible encontrar una buena terraza en la costa donde encontrar cosas ricas para comer y disfrutar de un exterior que invite a quedarte. Intentar que no te claven una puñalá por forraje de baja calidad es nuestra misión, y en este caso te proponemos un sitio que está en lo que un promotor de viviendas setentero llamaría “segunda línea de playa”. Concretamente, en Rupià, un pueblo pequeño del Baix Empordà al que solo tardarás en llegar unos 20 minutos en coche si estás en alguna de las playas más cercanas (por ejemplo L'Estartit). Además, tiene como nombre una pareja de animalitos cuquis de Nueva Zelanda que son su símbolo nacional: Doskiwis. ¿Qué más se puede pedir?.

En la práctica, se trata de un bar de carretera, a la entrada del núcleo urbano y rodeado de masías. Pero no vas a encontrar cintas de cassette ni fritangueo para guiris franceses (que también pueden estar bien, pero en otro momento). Enseguida te das cuenta de que el sitio es diferente a lo que se puede encontrar en la cercanía, con un punto hipster pero bien llevado; como el pueblo, que se libra de momento de las garras de los promotores y sigue bastante intacto.

Doskiwis es una fábrica de cerveza artesana con un exterior la mar de agradable, donde se puede comer y bebe: al lío de lo que te puedes echar a la garganta, Judit Piñol, cofundadora, califica las cervezas que ella misma fabrica in situ con su pareja de “modernas y accesibles”. No hay que asustarse si no te van las innovaciones. Tienen estilos un poco para todos los gustos: hay ipa, pale ale, sour y pilsner. Si hay que destacar alguna, la Rupianum, una Empordà ale que hacen con malta ecológica catalana y lúpulo local de Girona. “También nuestras hazy ipas -turbias- y pale ales son muy sorprendentes por sus características afrutadas y cítricas”, añade Judit al otro lado del teléfono. Para rematar, tienen una cerveza con solo 3% de alcohol que se llama Mini Truck.

En general, se agradece y se nota que todo lo que tienen lo hacen o ellos y, a pesar de hacerte creer por momentos que estás en un camping fresquito, usan siempre productos locales sin más pretensión que la de aprovechar y trabajar en red con el entorno: la comida es de estilo callejero y sin pretensiones, pero con una intención clara de calidad.

Suelen tener unas tres hamburguesas diferentes en la carta. Una de ellas, vegetariana; otra de ternera estilo wagyu del Empordà que cría literalmente un vecino a cinco minutos y la tercera de pulled pork -cerdo cocinado a baja temperatura y deshilachado- de Llavora, una marca también cercana de carne de cerdo ecológico que ellos cocinan durante nueve horas, nada más y nada menos. El colmo de la economía circular es que los cochinos de la marca se alimentan con bagazo, lo que sobra de la malta después de hacer la cerveza.

Otra de las joyas de la carta son las costillas de cerdo, que hacen en la barbacoa que construyeron ellos mismos con un tanque de gas y una estufa. Y también un juego exótico de fusión: el curry de cabrito, que también es ecológico y de pastoreo anti incendios de la zona. “Nuestro chef, Jeet, es de la India y tenemos acceso a platos interesantes que no son tan habituales en nuestra zona”, explica. También hacen pakoras, un entrante a base de verduras fritas y salsas para acompañar: aunque todo suena muy carnívoro también hay presencia vegetal con buenas ensaladas, con especial predilección de Judit por la de quinua, que defiende fervientemente que se puede comer cada día.

Doskwis
De noche se está a gustísimo. DOS KIWIS

La historia del sitio es reciente. Judit y Michael empezaron en 2016. Fue en ese año, después de conocerse en Londres un tiempo antes y recorrer Australia cuando decidieron dar el salto a importar un modelo que ya habían visto por aquellos parajes lejanos. Allí habían aprendido la técnica de la cerveza, porque ninguno de los dos venía del mundo de la gastronomía, sino de algo tan alejado o tan cercano -según se mire- de las cosas del comer como la moda.

Primero empezaron en casa y luego encontraron el local actual que está en el kilómetro 22 de la carretera de Parlavà (GI-642). La forma más fácil de llegar es en coche, pero la estación de tren más cercana está solo a 5,6 kilómetros, en Flaçà, por si alguien se atreve con la bici o a pata. Otra de las cosas cuquis que la pareja ha pensado es la de ofrecer en su web rutas para hacer andando desde el sitio que han sugerido clientes, por si quieres bajar la comida.

Cuentan que su idea era tener una fábrica propia de cerveza artesanal, pero luego pensaron que les apetecería invitar a la gente a picar algo con las cervezas, y se pusieron a ello. Aportando cada uno lo suyo, empezaron en 2019 a incorporar comida invitando a food trucks de la zona, y un año más tarde haciéndola ellos mismos. Hay un valor añadidísimo en el sitio, que es el espacio: en el edificio original, una antigua tienda, tienen la fábrica de las cervezas con una cuarta parte dedicada a los grifos (también comercializan su cerveza en bares y tiendas). A este le añadieron un contenedor de mercancías que ellos mismos arreglaron y a día de hoy siguen mejorando, y ya van por el segundo que les sirve también de cámara frigorífica.

El conjunto deja entre sí un par de espacios al aire libre que llaman la atención por su excesivo voltaje de agradabilidad y por tener la virtud de trasladarte a un entorno más fresco de lo que frecuenta el Mediterráneo. “El jardín no es manicurado, es un poco salvaje y, a veces, dices: ¡ostras qué mal!, pero es muy auténtico. Al final, estamos abriendo las puertas de nuestra casa, que no siempre está bien” explica ella, la mar de natural. En realidad hay dos terrazas, una en un jardín más pequeño que reservan y otra con mesas de madera a modo de picnic: vayas donde vayas el ambiente agradable está garantizado.

The Container DosKiwisBrewing: Carretera de Parlavà, GI-642, 22, 17131 Rupià, Girona. Tel. 623 192 815. Mapa. Abierto de miércoles a lunes de 18:00 a 00:00; cocina de 19:00 a 22:30.

Tres planes para antes o después

EMBUTIDOS: La Carnisseria-Xarcuteria Ferran es un negocio familiar especializado en varios de los embutidos catalanes por excelencia: el bull y el pa de fetge (pan de hígado) que hacen innovando y echándole imaginación junto a otros rellenos y tarrinas, pollos y demás virguerías.

CERÁMICA: Uno de los planes habituales de la zona es ir a comprar cerámica a la Bisbal de l’Empordà, capital de la comarca. A lo largo de la travesía que disecciona el pueblo hay varios sitios para elegir: Cerámica Bosch está genial para encontrar cositas monas para la cocina.

DULCES: Ya que andas por la Bisbal a lo mejor quieres pasarte a por un dulcecito para el café. En la Bisbal, como en muchos sitios, se respira ambiente de rivalidad entre dos pastelerías históricas. En Massot apuestan por un clásico de la repostería viejuna donde los haya: el pastel ruso. Su antagonista el bisbalenc -de hojaldre y relleno de cabello de ángel- no le queda lejos, pero el rus de aquí encandila.

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