10 libros con comida que no son recetarios
Alimenta tu mente..

10 libros con comida que no son recetarios

  • Comentar
  • Imprimir
  • Enviar por correo

No sólo de tochacos de recetas vive el aficionado a la comida: aquí tienes unas cuantas lecturas veraniegas ultrarrecomendables que abrirán tu estómago y alimentarán tu cerebro.

Damos por hecho que los lectores de El Comidista sois personas cultísimas, que cuando no estáis viendo vídeos de gatitos discutís sobre el hedonismo ético de Onfray o el marxismo lacaniano de Žižek. Ahora bien, confiamos en que quede hueco en vuestras cabezas para libros de temas más ligeros como la comida, y por eso nuestra serie de recomendaciones para los viernes de agosto continúa, tras las frivolidades de las series, el cine y el cómic, con un poco de literatura.

'BIG BROTHER', DE LIONEL SHRIVER

No, amigos intelectuales, este libro no tiene nada que ver con el Gran Hermano de Telecinco. Ni siquiera con el Gran Hermano de Orwell. Lo de "Big" es por gordo. Leer una novela sobre la obesidad no parece la aventura más apetecible, pero si la escribe Lionel Shriver basándose en la experiencia real de su fallecido hermano, todo cambia: la hiriente agudeza de la autora y su corrosivo sentido del humor logra que el texto vaya mucho más allá del drama de los kilos, y se adentra en temas que nos afectan a todos los humanos como la insatisfacción, la responsabilidad o el deseo. Cuando la leas, tendrás una duda: ¿quién es más irritante, el hermano de la protagonista con sus atracones de tortitas y hamburguesas, o su marido ortoréxico, que sólo come tofu y verduras hervidas?

 

 'SECRETOS DE ALCOBA DE LOS GRANDES CHEFS', DE IRVINE WELSH

Irvine Welsh es el autor de Trainspotting, y ésta es una de sus novelas monumentales. O de sus novelas "monstruo", que diría Bolaño. La periodista y escritora Laura Fernández define la obra como "un auténtico vodevil caníbal protagonizado por un tipo (Danny Skinner, un outsider despreciable, como casi todos los outsiders de las novelas de Welsh, empezando por el poli protagonista de Escoria) que se cree hijo bastardo de un gran chef y que se dedica a hacer inspecciones (de Sanidad) en restaurantes de todo tipo, buscando a su papá. Es Welsh jugando a Palahniuk y es Welsh escribiendo sobre tipos que viven de sus recetas". 100% recomendable.

 

 

'DELIZIA!, LA HISTORIA ÉPICA DE LA COMIDA ITALIANA', DE JOHN DICKIE

Un ensayo que se lee como una novela de aventuras: así definiría yo este libro, con el que me lo he pasado pipa este verano. La obra de John Dickie se carga unos cuantos mitos -no, la pasta no la trajo Marco Polo de China- y supone un auténtico antídoto contra el purismo gastronómico no basado en hechos reales: cuenta cómo en el pasado la pizza era un hojaldre con azúcar, y el pesto llevaba cebolla y perejil. A la periodista y escritora Mercedes Cebrián también se le enamoró el alma con ella: "Dickie lleva al lector de la mano por toda Italia y le previene hacia cierta comida popular como las foccacias de Palermo, que van rellenas de ¡pulmón!". Un relato de los centros de civilización en los que confluyen dinero, talento, ingredientes y poder. Para Cebrián es "un libro amenísimo, pero también desbordante de rigor, pues por algo Dickie es profesor de estudios italianos en la Universidad de Londres".

 

 


'COCINAR, COMER, CONVIVIR', DE ANDONI LUIS ADURIZ Y DANIEL INNERARITY

"Somos lo que comemos, pero... ¿si no sabemos lo que comemos, sabemos lo que somos?". El periodista Carlos G. Cano, coordinador de la sección gastro de la Cadena Ser, recomienda este libro porque "cuando un cocinero-filófosofo y un filósofo al que le encanta comer comparten sobremesa, surgen preguntas y respuestas de lo más interesantes. ¿Los gordos son víctimas o culpables? ¿Y si el nuevo sujeto revolucionario fuese el consumidor, en vez del obrero?". Los autores sostienen que, así como "el amor no es un intercambio de fluidos, la gastronomía no es solo nutrición". Cano recuerda que también es historia ("lo último que pierden los pueblos conquistados es su cocina"), política, relaciones sociales, dinero...

 

'EL VIENTO EN LOS SAUCES', DE KENNETH GRAHAME

Era el libro favorito de Kiko Amat cuando era niño (junto a Gulliver y El día de los trífidos), y sentó las bases de su anglofilia. "En teoría es un libro infantil", aclara el periodista, "pero sigue siendo la monda porque al margen de las andanzas de Rati, el Señor Tejón, el Señor Sapo y Topo, me fascinaba lo que comían cada vez que había un banquete: berros, cerveza de gengibre, pastel de carne, pastel de hígados...". En aquella época, Amat aún no había estado en Inglaterra, y por tanto no sabía que "toda aquella comida era BAZOFIA potencialmente venenosa". A sus oídos sonaba exótica y apetitosísima.

 



'CHARLIE Y LA FABRICA DE CHOCOLATE', DE ROALD DAHL

Haber visto cualquiera de sus dos versiones cinematográficas no debería impedir que te dieras el gustazo de leer este clásico de Roald Dahl, el hombre que despojó de ñoñería el cuento infantil y le inyectó rejuvenecedoras dosis de imaginación y mala baba. Charlie lo tiene todo para gustar: una fábrica de chocolate y golosinas alucinantes, un inventor-empresario chiflado y los empleados mas adorables de la historia, esos pequeños pigmeos (en algunas ediciones reconvertidos en hippies para esquivar las acusaciones de racismo) llamados oompa-loompas. Lo que más me gusta de este libro es que rompe con la idea de que los niños son criaturitas inocentes: todos los que entran en la fabrica, salvo el protagonista, bordean la monstruosidad, y reciben un contundente y justísimo castigo por su avaricia, su despotismo o su glotoneria.

 

'LIQUOR', DE POPPY Z. BRITE

Liquor

La segunda recomendación de Laura Fernández es de Poppy Z. Brite, que fue la biógrafa de Courtney Love. Antes de eso, recuerda la periodista, escribió una novela, 'El arte más íntimo', que es casi una precuela de American Psycho. Y luego se aficionó a salir a disparar, y a escribir novelas protagonizadas por una pareja de chefs (chicos) que viven en Nueva Orleans y están hartos de trabajar para otros así que deciden montar su propio restaurante. La primera de todas ellas se titula Liquor, como el local que montan. Fernández reconoce que "no es alta literatura, pero es literatura divertida y a ratos sangrienta, y ella es una diva pop de los 90, así que vale la pena echarle un vistazo. ¿Las recetas? Todas tienen un ingrediente especial (el alcohol), que las hace únicas".

 

'LA ENCICLOPEDIA DE LOS SABORES', DE NIKI SEGNIT

A Mercedes Cebrián le encanta este elenco detallado de Segnit, que pone en combinación 4.851 parejas de alimentos arrojando luz sobre sus posibilidades de maridaje, evitando así que añadamos ingredientes al tuntún a nuestras recetas. La autora de El genuino sabor destaca que "no se trata de una mera guía de alquimia gustativa: también contiene interesantes referencias, impresiones de la autora y crónicas de sus viajes alrededor del gusto".

 

 

 

 

 

'EL CHEF', DE SIMON WROE

Si te gustó Confesiones de un chef, dice Carlos G. Cano, te encantará esta novela basada en las experiencias laborales del autor. El protagonista es un joven amante de la literatura que, por circunstancias, se ve obligado a trabajar en una cocina en la que se siente como “una pelota de playa en un refugio antiaéreo”. Cano define el El Chef como un libro repleto de manos con quemaduras y cicatrices, cocineros racistas y prejuicios gremiales ("antes que convertirme en cocinero de banquetes, me corto la polla”). Una mirada ácida e irreverente, pero también bastante cómica, que disecciona el duro día a día de la hostelería londinense.

 

 

 

TODOS LOS LIBROS DE CARVALHO, DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

"Es imposible leer La soledad del manager, o Los mares del sur, y no tener el impuslo inmediato de salir pitando al mercado más cercano a comprar ingredientes para un suculento ágape". Kiko Amat es incapaz de quedarse con un libro de Vázquez Montalbán. "Carvalho es un comiditas, como sabe todo el mundo, y a la mínima de cambio se está fraguando un arroz en sus fogones, o unos callos, o un cap i pota, recién regresado de alguna aventura azarosa (o un polvete)." El personaje es la vía por la que Vázquez Montalbán daba rienda suelta a sus pasiones gastronómicas. No lo inventó él, matiza Amat (recordemos al Harry Palmer de The Ipcress File, de Len Deighton, que también se colocaba el delantal en un decir Jesús), pero sí lo hizo mejor que nadie.

Este post forma parte de una serie veraniega en la que recomendamos productos culturales relacionados con la comida. Puedes leer la primera entrega, que va de series, aquí, aquí tienes otra sobre películas y ahí va una de cómics.

  • Comentar
  • Imprimir
  • Enviar por correo

Archivado en:

Comentar Normas

Para poder comentar debes estar registrado en Eskup y haber iniciado sesión

Darse de alta

Date de alta:
es fácil, gratis y podrás:

  • Comentar las noticias
  • Participar en nuestros canales temáticos
  • Dialogar con los periodistas y otros lectores

Lo más visto en El Comidista