Delicias horneadas
Delicias horneadas.
Acompañamientos

Patatas rústicas al horno

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Una receta de patatas crujientes por fuera y tiernas por dentro sin pasar por la sartén y el aceitazo, que puedes adaptar a tu gusto para acompañar platos de carne, pescado o huevos.

Que las patatas fritas son una de las mejores cosas del mundo es una realidad contrastada empíricamente que no admite ninguna discusión. Que son un cebatil y no es conveniente comerlas demasiado a menudo, también (ya lo decía Karl Lagerfeld en Muchachada Nuí). Una patata crujiente y dorada por fuera y cremosa por dentro es el acompañamiento perfecto para cosas tan variadas como un huevo frito o mollet -hervido durante 4 minutos y medio-, una hamburguesa, carne, pescado o pollo.

Si quieres poder tener esa deliciosa sensación más a menudo, puedes probar esta versión, bastante más ligera. En casa llevamos preparándolas años, pero hasta hace poco no descubrí el truco que las deja en el punto perfecto. Para que las patatas no queden secas, hay que ponerles un poco de agua, y solía hacerlo a ojo, por lo que a veces quedaban muy bien y otras un poco blandas. Hasta que un día descubrí que si las ponía mojadas -sin escurrir y son chorrear- conseguía la combinación perfecta entre corteza e interior.

Esta preparación es tan sencilla que no llega a receta, es más bien una técnica. Como tal, puedes adaptarla a tu gusto poniendo más o menos ajo, cambiando las especias o sustituyendo el aceite por mantequilla fundida. Con curry están buenísimas, con ras el hanout son una delicia, y el orégano y otras hierbas secas también le van bien. Ni confirmo ni desmiento que con un poco de queso tipo raclette por encima -añadido casi al final de la cocción- te las puedas comer solas (y en cantidades industriales). Probadlas y después haced vuestra propia versión, seguro que se acabarán convirtiendo en un básico en vuestra casa (como lo son en la mía).

Dificultad

Hay que tener un horno.

Ingredientes

Para 4 personas, como acompañamiento.

  • Unos 600 g de patata nueva (unas cuatro patatas medianas)
  • 6 dientes de ajo
  • Dos ramas de romero o tomillo
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta
  • Especias al gusto

Preparación

  1. Lavar bien las patatas, usando un cepillo si fuera necesario para sacarles toda la tierra. Cortarlas por la mitad a lo largo y después cada mitad en rodajas como de unos 3 o 4 milímetros. Ponerlas en un colador y lavarlas, manteniéndolas sumergidas un par de minutos.
  2. Sacarlas del agua y, sin esperar a que se escurran del todo, pasarlas a una fuente de horno grande (tienen que estar húmedas y no muy apelotonadas). Darles unos golpecitos con el mortero a las ramas de romero y aplastar los dientes de ajo con el lado de un cuchillo.
  3. Salpimentar las patatas al gusto, ponerles un chorro de aceite -unas cuatro cucharadas-, el ajo y el romero. Remover todo bien dándoles un pequeño masaje a las patatas.
  4. Llevar al horno a 200 grados. A los 15 minutos, darles una vuelta. A partir de los 30 minutos -depende del horno- vigilarlas de cerca: cuando estén doradas y apetitosas, están listas para comer.

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