Naranja: el nuevo color del vino

La tradición de los vinos naranjas es muy antigua, pero han pasado inadvertidos hasta ahora. ¿Qué son los vinos naranjas y cuáles vale la pena probar?

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Ni blancos ni tintos.
Ni blancos ni tintos..

Pues sí: además de tinto, blanco y rosado existe el vino naranja, por si no estábamos suficientemente despistados eligiendo. Y encima está de moda, o sea que si quieres beber con pretensiones, tienes que pedir un vino naranja y contar alguna de las anécdotas que siguen a continuación a tu muy sorprendido entourage vínico. El origen del vino naranja es tan antiguo como el del vino a secas: eso es tanto como decir que tiene 8.000 años, que es el tiempo que se les calcula a unos cachitos de vasijas georgianas, los restos arqueológicos más arcaicos relacionados con la producción de zumo de uva fermentado.

Parece ser que justo en lo que hoy es Georgia empezaron a hacer vino y, también, empezaron a hacer vino naranja. Y es que lo complicado, en realidad, es no hacer vino naranja. Me explico: para que el vino tinto tome sus preciosos tonos rubí y violados, las uvas fermentan durante semanas con sus pieles, que es donde se encuentran las partículas que darán color al líquido.

Terminada la fermentación alcohólica, las pieles, ramitas y otras porquerías se retiran –descuban– y se prensan para obtener el líquido remanente y, más o menos, ya tienes vino tinto. En el caso del vino rosado las pieles fermentan con el líquido unas horas, lo justo para que suelten parte del color, y en el caso del vino blanco –elaborado generalmente con uvas poco intesas de color– las pieles se retiran después el prensado y antes de la fermentación alcohólica, es decir, no permanecen en contacto con el líquido porque… ”¿pa qué? Si total ni soltarán color ni lo queremos” (léase con mentalidad de viticultor convencional).

Pero lo más sencillo y primitivo es dejar que las uvas fermenten enteras, con sus pieles y todo lo que caiga. El proceso se simplifica, se evitan trasiegos y trabajos intermedios, se necesitan menos medios e instalaciones y por eso es muy probable que antiguamente todos los vinos fermentasen con sus pieles, también los elaborados con uvas blancas. Eso les daría una tonalidad anaranjada o ámbar –el poco color de estas uvas–, además de aportar aromas y cierto amargor –tanicidad– proveniente de las pieles y las ramas de la vid.

Dice la leyenda que los georgianos del Neolítico elaboraban así sus vinos y que además los fermentaban en ánforas de arcilla –llamadas kvevri– enterradas bajo tierra. Si sumamos lo ancestral del método y las ánforas, el creciente interés por los vinos con menor intervención –por parte de clientes y productores– y la necesidad comercial de presentar novedades, tenemos el caldo de cultivo para que en los últimos años algunas bodegas, mayormente pertenecientes a la órbita de lo natural, hayan presentado vinos de color peculiar. Aunque en algunas partes de España se han hecho vinos blancos fermentados con pieles y raspón toda la vida: por ejemplo, los vinos brisats de Terra Alta y del sur de Cataluña.

Sea cómo sea, últimamente, parece obligado que una bodega tenga una referencia naranja en su portfolio. Sirva esta introducción para presentar con fundamento unos cuántos vinos naranjas de origen español y una escala de precios que se encarama de los 10 a los 20 euros. Advierto que suelen tener aromas poco convencionales, son ideales para escandalizar y disgustar a paladares boomers: de hecho los Consejos Reguladores ni los admiten. Son divertidos, vaya.

DE SOL A SOL AIRÉN

Airén, esa gran olvidada. EL COMIDISTA

La Airén es la uva blanca más cultivada de España. También es una de las menos conocidas, porque hasta hace poco se empleaba en su mayoría para elaborar aguardiente, despreciando su potencial vínico. Hoy está muy a tope, porque está a tope recuperar cosas antiguas y eso está bien salvo si quieres recuperar el fascismo (eso está muy mal).

Este no es un vino fascista, de hecho es un vino que los fascistas odiarían, porque –como todos los de esta selección– se sale de lo convencional. Se elabora en Toledo a partir de uvas de vides muy viejas y macera en depósitos de acero inoxidable con las pieles durante más de un año antes de la fermentación alcohólica. Huele a pastel de manzana, a mermelada de naranja y a miel, y sin embargo, es bastante fresco.

Precio: 9,60 euros

A WINEWORK ORANGE

Más naranja no se puede. EL COMIDISTA

Este es el vino más naranja de todos los vinos naranja que yo conozco: tan naranja que parece zumo de naranja. Parece ser que se elabora después de prensar todas las uvas que quedan en los tanques de la bodega tras haber macerado entre una semana y tres meses. Un popurrí. También resulta que la variedad mayoritaria es el Macabeo –Viura, en La Rioja– y que envejece en ánfora y en tanques de acero inoxidable.

Es un vino que te gusta o te horroriza. Polariza como una sesión de control en el Congreso. Además de su extremado color, destaca por una acidez agradabilísima y sabor a ácido málico, de maelus, en latín, manzana. Que sabe a sidra, vamos. Y no lo digo como un defecto.

Precio: 12,50 euros

BAT BERRI

Una cosa muy curiosa. EL COMIDISTA

Este es un vino rarísimo. Para empezar porque es el primer Txakolí naranja. Se elabora con Hondarribi Zuri y por maceración carbónica, y esto también es raro, porque este tipo de maceración, en que las uvas empiezan a fermentar sin haberlas prensado, no suele emplearse con esta variedad. Luego, además, reposa en ánfora, y todo esto pasa en Gernika. Todo eso resulta en un vino que huele a flores, a pasto y a melocotones. Además es un poco amargo –como la mayoría de los vinos naranjas– lo que permite que lo describas como muy gastronómico. Eso queda muy bien decirlo.

Precio: 13,75 euros

CUEVA ORANGE

La tardana, tarda más. EL COMIDISTA

En Valencia también elaboran vinos naranjas y también lo hacen con uvas autóctonas. En este caso, con Tardana y Macabeo. Técnicamente se podría decir que este vino es la mezcla de dos vinos porque la primera es una uva de maduración tardía –de aquí el nombre, sospecho– y el Macabeo se vendimia como un mes antes. Así, cuando el Macabeo ya está vinificado, se añade a la Tardana, que justo está inciando la fermentación. Un lío.

Luego esta mezcla bienavenida descansa en depósitos de acero inoxidable durante unos tres meses y la cosa resulta en un vino con bastante acidez, que recuerda a manzanas y a cítricos, pero que también tiene un punto amargo y aromas a frutos secos. A avellanas, para ser preciso.

Precio: 14,45 euros

PARAJE LAS ENCEBRAS

Melocotonazo. EL COMIDISTA

Seguimos por Levante y recalamos en Murcia, Jumilla para ser concretos. Ahí se elabora este Airén, sacado de viñas maduritas pero no ancianas y con crianza en damajuana, que para quien no lo sepa es un botellón de cristal. Huele a frutas como melocotón y albaricoque, también a orejones –que viene a ser lo mismo pero en seco–, a flores y a especias. Es un vino con bastante tanicidad, que, si no has perdido el hilo, ya sabrás que significa que resulta amargante, pero en plan bien.

Precio: 15,75 euros

KOMOKABRAS TINALLA NARANJA

Bra vo. EL COMIDISTA

En Galicia también hacen vinos naranjas, en este caso con la Albariño y salen vinos tan ricos como este, o quizá no tan ricos, porque en esta bodega –Adega Entre os Ríos– controlan mucho. Macera durante cinco semanas con sus pieles y luego pasa 10 meses en una tinaja de barro. Ojo, no le des este vino a un fan del Albariño más convencional porque nada tiene que ver y te lo echará por la cabeza; aunque siempre puedes decirle que es un vino que conserva la acidez y frescura de su uva favorita.

Precio: 14,40 euros

7103 BRISAT DE GIRÓ

Tenc es Mehari en el sol. EL COMIDISTA

A mí lo primero que me gusta de este vino es el Mehari de la botella, un coche muy naranja y que asocio a las Baleares, aunque Citroën lo proyectó pensando en el desierto argelino. Lo de las Baleares es importante, porque este Brisat de Giró está elaborado en Mallorca, entre Palma y Binissalem, con una uva local llamada Giró Blanc. Tiene aromas, como otros de esta lista, a melocotones y a otras frutas de hueso parecidas. Y un poco a frutos secos. Esta característica de los frutos secos, que también se repite, se debe en parte a las crianzas oxidativas (eso también gusta mucho a los productores naturi, las crianzas oxidativas, en ocasiones llevadas al límite).

Precio: 17,90 euros

COSTADOR ORANGE DE NOIRS

Stranger Things modo vino. EL COMIDISTA

Si quieres probar algo raro, pero raro de verdad, tienes que hacerte con una botella de esta mandanga. Es un vino naranja –bastante, de hecho– pero a diferencia de sus congéneres está elaborado a partir de uvas tintas, Sumoll y Xarel·lo Vermell. Se vinifica en ánforas y se cría en fudres de roble, que son unas barricas enormes que aportan poco sabor a madera, por así decir.

El resultado es un vino con aromas cítricos, bastante potente, con mucha presencia de las levaduras y una tanicidad bastante pronunciada. Podríamos volver a decir que es muy gastronómico, pero es que es raro de narices. Eso sí, mola mucho beberlo.

Precio: 19,95 euros

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