Macarrones con chorizo afectados por la sequía

Y una sopa de ciruelas dulce y marrón, un bacalao de Kentucky que no ha pasado la prueba del Coronel Sanders y un procesado poco claro completan las vicisitudes de la Defensora del Cocinero de El Comidista de este mes.

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Toni tuvo que tomar medidas contra la sequía al cocinar los macarrones con chorizo de Biscayenne: “He hecho la receta y he tenido que añadir varias veces un poco de vino blanco y agua porque el líquido del tomate es insuficiente y los macarrones se pegan. Para una ración, un vaso de agua mínimo. Al final han salido buenísimos pero ojo con las cantidades.“ Toni, ojo tú también con el vinillo, que lo carga el diablo. Me pillas comprensiva y dispuesta a entender que os saltéis los preliminares y vayáis a la receta como posesos, pero luego pasa lo que pasa: que Biscayenne, con amor y viejunismo a la luz de su escritorio, os recomienda cosas fundamentales para la receta que no leéis.

Si no te hubiera podido el ansia, hubieras descubierto que en el penúltimo párrafo de la introducción nos libera de corsés tomateros y advierte que la cantidad de salsa es orientativa. También te hubieras librado de la ardua tarea de tener que echar vino -supongo que no salía agua suficiente de tu grifo- para hidratar la pasta durante la cocción.

Secos, secos, no están. MARTA MIRANDA

Cociné los macarrones y en ningún momento tuve que añadir líquido o salsa adicionales. Tampoco se pegaron a la sartén y el resultado fue una pasta muy sabrosa que nadaba en una buena cantidad de salsa de tomate ligeramente reducida. Según esta experiencia, me decanto por dos posibilidades:

  • La medida de los ingredientes a ojímetro: 3 latas de 400 ml de tomate triturado para 160 g de pasta es cantidad suficiente para cocinar sin escaseces.

  • Que el fuego haya estado funcionado en plan Dracarys, en contra de las sabias recomendaciones de Biscayenne. 20 minutos a fuego medio suave no deberían ser suficientes para convertir los macarrones en el mar del Aral.

Si te han quedado ganas y vino blanco y repites la receta, ten en cuenta las recomendaciones y cocina la pasta en un ‘chup chup’ muy suave.

Un Kentucky Fried Bacalo de pega

Lorea, bisnieta del Coronel Sanders, cuestiona la autenticidad de la receta de Kentucky Fried Chicken: “He leído con estupor la receta del Kentucky Fried Bacalao y me he quedado ojiplática porque ni en mil años puedes hacer el rebozado del Kentucky con esa receta, una engañufla en toda regla. Mi suegra, como buena afromericana que es, sabe hacer ese pollo de maravilla y me pasó hace un par de años la receta.”

A Sandor Clegane le gustan las dos. GIPHY.COM

Como era de esperar, Lorea nos detalla la receta: “El truco consiste en repartir la mezcla de harina con especias en dos platos. En uno añades agua para crear una masa suave. Al segundo le puedes añadir copos de avena para que cruja más. Cada pieza de pollo la pasas por la masa de harina con agua, por la harina seca y de allí directo a la sartén y tachan, pollo Kentucky del bueno. Dile a Mikel, que le han tangao con la receta, pero además del todo.”

Así lo haré, Lorea; se lo diré a Mikel, nuestro líder supremo, como buena chivata acusica la rabia me pica, para que decida qué hace con Rubén y Guiye, los autores de la receta.

Los Stomako responden así: “Querida Lorea: nos ilusiona ver que tu suegra se iba de cañas con el Coronel Sanders y que en un desliz le traspasó la receta original. Por suerte existen muchas maneras de llegar a frituras crujientes. Nuestra propuesta solo pretende aportar un granito de arena en esa búsqueda. Quizás hemos mancillado el nombre del Kentucky en vano: deberíamos cambiar el nombre de la receta a "VERY CRUJIENTE BACALAO" y zanjaríamos este tipo de polémicas.”

Esta defensora anima a los lectores a remangarse y cocinar el Kentucky Fried LOQUESEA con las recetas de Stomako y Lorea alternativamente, rebozando bacalao, pollo, y cuanta proteína les salga de níspero. Que gane el mejor.

El proceso comidista

José María escribe para decirnos que las recetas no están bien explicadas: “¿Qué entiende usted por PROCESAR un alimento? En la receta de sopa fría de melocotón, albaricoque y queso de cabra, ¿qué entiende usted por procesar? Yo no me entero. En la foto todo esta pasado por la batidora y en la receta en ningún momento se habla de eso. Qué pasa, ¿cuesta explicarlo?”

¿Qué pasa, cuesta explicarlo?. GIPHY.COM

He terminado de leer la queja de nuestro lector con las manos sobre la pared y las piernas separadas mientras reflexionaba sobre el asunto. Respondo a su doble pregunta: para mí, y para la autora de la sopa, procesar un alimento significa triturarlo, según el contexto de esta receta. Esto no quiere decir que considere que en este caso esté bien expresado, ya que el procesado de alimentos es un concepto muy amplio que se refiere a los procesos que se aplican en la cadena de producción de dichos alimentos, y éstos nada tienen que ver con el triturado.

 

Según la definición de la RAE, sólo la tercera acepción de la palabra procesar podría aplicarse a los alimentos:

“Someter a un proceso de transformación física, química o biológica.” Aún así, es un concepto demasiado amplio para aplicarlo en este caso como sinónimo preciso de triturar. El palabro, adoptado y deformado en la cocina profesional, viene de la denominación del procesador de alimentos, ese cacharro que lo mismo te pica una zanahoria, te bate un merengue, que te tritura unas verdurillas en puré.

Ya ves, José María, que no cuesta explicarlo, como tampoco cuesta rectificar y eliminar la fatídica palabra de la receta sustituyéndola por triturar, que es lo que los minions comidistas acaban de hacer por orden fulminante de esta estricta defensora.

Innovación cromática

Borja escogió un mal día para hacer sopa fría: “Ayer por la tarde traté de imitar la sopa de melón, calabacín y ciruela. Empecé a reunir los ingredientes con el único cambio de ciruelas amarillas por ciruelas claudias bastante maduras.” Tras triturar el condumio, todo fueron sorpresas para Borja: “El color de la mezcla empezaba a volverse cada vez más marrón, bastante feo, nada que ver con el verde fosforito de la foto.” Tras esta decepción cromática, el lector pensó que al menos el sabor compensaría el disgusto: “Un poquito de sal, un poco de pimienta recién molida y un puñadito de semillas de chía. ¡Por favor! Sabía a rayos, a potito de sobras. Querida Defensora del Cocinero, ¿a qué se debió mi fracaso? No me atrevo a repetir la receta”.

Si usas los ingredientes que toca, sale así. Si no, no. STOMAKO

Respondo a Borja mientras destrozo mi pelotita antiestrés con los pulgares. Me enamora el alma que nuestro lector no imagine ni por asomo que unas ciruelas claudias muy maduras puedan cambiar el sabor y color de esta sopa. Las ciruelas amarillas tienen un sabor ácido, muy adecuado para la receta que nos traemos entre manos, mientras que las ciruelas claudias son muy dulces, culpables de ese sabor a potito que dejó a Borja sin primer plato. Tampoco es fácil conseguir un color verde limpio y “fosforito” añadiendo ciruelas de color verde oscuro o rojizo muy maduras.

Querido lector, no te desanimes, sigue imitando nuestras recetas pero, por la Virgen de Guadalupe, la Virgen de la Cabeza, Jesús de Medinaceli, el Sagrado Corazón de María y San Judas Tadeo te lo pido: innova con sentido común si quieres dar en el clavo con el sabor y el color de tus platillos.

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