Sopa tudelana de espárragos blancos
Las amiguitas de nuestra Defensora no saben lo que se perdían.

Sopa tudelana de espárragos blancos

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Sabemos que os podrá el ansia, la prisa e intentaréis hacer esta sopa minimalista con todo tipo de espárragos: allá vosotros con vuestras preferencias. Con espárragos gordotes es pura brujería.

Esta sopa tudelana de espárragos blancos y huevo que nos ocupa hoy, de pequeña me parecía una marcianada de la que huía despavorida en cuanto tenía ocasión. No entendía muy bien de qué se trataba: ¿era una sopa? ¿Un plato de espárragos cocidos?¿A qué venía eso de romper un huevo? ¿Qué diablos era ese sabor? Y, lo más importante, ¿por qué en las casas de mis amiguitas nunca se comía una cosa igual?

La respuesta a la última pregunta es muy fácil: mis amiguitas del cole –soy tan añeja que en mis entonces los colegios mixtos eran una rareza– no tenían una abuela natural de Tudela (Navarra). Y yo sí. Por eso, en mi casa se veneraban los espárragos crudos y gordos que otros solo veían en lata, y se preparaba esta sopa como si se tratara de una queimada y mis progenitores fueran gallegos: con brujería y devoción.

Las otras preguntas ya son historia, como lo es mi aversión al sabor del espárrago. La pubertad me trajo una perestroika gustativa que me convirtió en la omnívora indiscriminada que soy. El recuerdo más vívido de este plato que conservo es el de un día de verano, comiendo en la terraza mientras pasaban los trenes por delante de nuestras narices –cosas de vivir frente a una estación de tren–, y a mi padre rompiendo los huevos en el caldo casi hirviendo. Como si fuera Arguiñano. Él, que nunca aprendió a cocinar, pero supo incorporar esta receta de su madre María al recetario de mi madre, que como ya sabéis tiene alrededor de 7 estrellas Michelín.

Sé que os podrá el ansia, la prisa e intentaréis hacer esta sopa minimalista con todo tipo de espárragos: allá vosotros con vuestras preferencias, yo siempre os recomendaré hacerla con espárragos gordotes, de los de Navarra que solo se ven en temporada y, si pueden ser los de abril, mejor que mejor.

Dificultad

Para gente con tallo y yema.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 1 kg de espárragos blancos gruesos de Navarra (aproximadamente, 3 piezas por persona)
  • 2 huevos
  • Aceite de oliva
  • Sal

Preparación

  1. Pelar los espárragos desde la base de la yema hasta el final del tallo con un pelador hasta retirar una capa de piel. Eliminar la parte final del tallo, dos o tres centímetros, solo la parte más dura.
  2. Cortar los espárragos en trozos de unos 3 centímetros.
  3. Preparar una cazuela con 1 litro de agua y sal, y llevar a ebullición. La cantidad de agua debe ser limitada, justo la que hace falta para servir la sopa.
  4. Añadir los espárragos cortados cuando el agua hierva, incorporar dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra y dejarlos cocer en un hervor suave alrededor de 15 o 20 minutos o hasta que estén en el punto de cocción que más te guste.
  5. Añadir algo de agua si se ha evaporado demasiado hasta completar el litro inicial. Probar y rectificar de sal.
  6. Antes de servir y con la sopa caliente, subir el fuego un momento, cascar los huevos y añadirlos enteros sin batir removiendo con un tenedor. Los huevos deben hacerse muy ligeramente.
  7. Servir de inmediato.

Si haces esta receta, comparte el resultado en tus redes sociales con la etiqueta #RecetasComidista. Y si te sale mal, quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com

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