Vinos para celebrar la Navidad sea como sea tu mesa

Hay botellas para todos los gustos y para todas las mesas. Aquí traemos soluciones vínicas para que todo el mundo empine el codo a gusto.

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Si no aciertas es para hacérselo mirar
Si no aciertas es para hacérselo mirar.

Si preparar la parte sólida de los ágapes navideños es un estrés, acertar con los vinos que acompañarán la comida es un terreno pantanoso que genera muchísimas dudas. Además de que la cultura vínica en este país deja un poco que desear, satisfacer los caprichosos gustos de cada uno de los seres que sentarás a tu mesa es como jugar al Buscaminas con la pantalla apagada.

Aquí he hecho un ejercicio que trata de imaginar mesas tipo, en las que hipotéticamente se van a reunir personas con gustos homogéneos. Esto, que no siempre sucede, tampoco es tan raro: al fin y al cabo, por Navidad te juntarás con tus colegas o tu familia y ahí hay mucho de bloque ideológico.

En el caso de que tu grupo no sea así, si sois un mosaico de pareceres, puedes jugar a combinar las recomendaciones de las distintas agrupaciones que vienen más abajo. Puede ser diver. O un caos. Pero bueno, es que la Navidad ya es eso: un caos que a veces resulta divertido. Pero que en cualquier caso pasa mejor bebiendo alcohol. Ni que sea un poquito.

UNA MESA NORMATIVA

Vinos de orden. EL COMIDISTA

Es la mesa más habitual. Grupo familiar con miembros de cierta edad, algunos de los cuales han vivido regímenes políticos peores que el actual. Algunos, incluso, añoran aquello. Carcamales. Esta gente tiene grabada a fuego un viejo mantra que reza así: “los blancos, de Galicia, los tintos, de Rioja y el cava, catalán”. Bueno, pues para todos ellos va esta selección que no por obvia es poco interesante.

La cosa podría empezar con un vino de Jerez. En concreto con un Fino la Ina5,80 euros–, que está un poco minusvalorado porque lo tenemos más visto que el Tebeo pero que entra muy bien fresquito y con aperitivos.

Seguimos con un blanco gallego, no vaya a ser que a los abuelos les dé un parraque. La botella elegida es un Pazo Señorans Colección 201615,99 euros–. Floral, mineral, con cierta acidez pero tampoco mucha: un Albariño de libro.

Vamos a por el tinto. Siguiendo la máxima que he citado antes debería ser de La Rioja pero va a ser que no. En un alarde de modernidad nos vamos a Ribera del Duero con este Viña Sastre 2016 (16,95 euros). Es un caldo –aquí aplica– robusto que gusta mucho a los señores de antes, pero que además tiene notas balsámicas y la madera muy bien puesta. Es un vino muy bueno con una imagen trasnochada.

Regresamos a la senda de la normalidad con un cava catalán. Propongo un Agustí Torelló Mata Brut Nature Gran Reserva 2013 (13,18 euros). Se elabora con las variedades típicas –Macabeo, Parellada y Xarel·lo– y tiene seis años de crianza en botella. No sorprenderá a nadie, pero tampoco va a decepcionar. Como una zambomba.

UNA MESA MODERNI

Vinos poliamorosos. EL COMIDISTA

Si, por el contrario, estamos en una mesa educada en el poliamor, las cosas de género y en la posibilidad de hacer cambios en la Constitución, el corte de los vinos y su orden tiene que ser radicalmente distinto.

El festín empezaría con un espumoso elaborado siguiendo el método ancestral que, por no alargarme, diré que consiste en hacer una sola fermentación y no dos (como sucede con el método champenoise). En fin, los ancestrales están muy de moda y este es el más trendy que yo he visto. En lugar de llevar etiqueta viene con una cinta de embalar cosas frágiles y de ahí su nombre, Muy Frágil (12,90 euros). Es una mezcla de Xarel·lo y Cariñena muy fresca y un poco rosada, pero no del todo: es de un color ambiguo y eso también mola.

Hace poco hablé por aquí de vinos naranjas y, torpe como soy, obvié uno de los mejores orange wines elaborados en este país. El nombre se las trae: Bienvenidos al extraordinario mundo de la mujer caballo, mitad mujer mitad caballo. Para los amigos: Mujer Caballo Naranja 2018 (20 euros). Es floral, muy aromático y fresco, un pelín astringente y se elabora con variedades rarísimas valencianas.

Sale el primer tinto moderni. Lo elabora una viñadora gallega –Laura Lorenzo– en Ribeira Sacra, a base de Mencía y Garnacha Tintorera. Es un vino fresco, mineral, muy ligero y con bastante acidez. Y lleva una especie de librito muy mono atado al tapón que cuenta cosas como cuándo se vendimió, cómo estaba el tiempo ese día… cosas así. Se llama Portela do Vento Tinto 2018 (15,95 euros).

Para terminar, otro tinto ligero. Navaherreros Garnacha de Bernabeleva 201813,90 euros– es un tinto de Madrid, también muy ligero y aromático, con un montón de frutillas rojas. El único problema de este vino es que se acaba muy rápido. Pero a estas alturas os dará igual, porque seguramente pasaréis a los gin-tonics. So modernos.

UNA MESA FEMINISTA

Ni vinos ni vinas, vines. EL COMIDISTA

Hay un montón de viticultoras y enólogas haciendo vinazos y, en fin, por mucha Navidad que sea, o precisamente en honor a la Vírgen María, estos cuatro vinos reivindican el trabajo de ellas.

Sara Pérez está al frente de Venus La Universal, una bodega del Priorat que elabora este Dido Blanc 201718,25 euros– en Montsant. Mezcla Garnacha Blanca, Viura y Xarel·lo, tiene algo de madera y aromas de frutas blancas y pastelería. No es el típico blanco fresquito pero no es nada pesado.

Muchos culos quedan torcidos al averiguar que tras los vinos de una de las bodegas fundacionales de La Rioja hay una mujer. María Vargas, mejor enóloga del mundo 2017, firma este Marqués de Murrieta Reserva 2016 (18,50 euros). Está elaborado principalmente con Tempranillo y es un vino fresco, con sus puntos lácteos, especiados y balsámicos.

No una, sino dos enólogas se responsabilizan de los vinos de Parés Baltà. Se llaman Maria Elena Jiménez y Marta Casas. Uno de sus vinos más básicos, y no por eso menos bueno, es este Parés Baltà Brut Nature (10 euros). Es un cava bastante canónico, pero con una preponderancia de la Xarel·lo, que lo hace un pelín más ácido y aromático de lo habitual.

En Navidad nos trastornamos un poco y quizá por eso bebemos más vino dulce que habitualmente (habitualmente no bebemos ni gota). AA Dolç Mataró19 euros– es un dulce mediterráneo elaborado con Monastrell. Tiene madera, sabor de frutas confitadas y lo elaboran en Alta Alella, bodega que dirige Mireia Pujol-Busquets, también enóloga.

UNA MESA VEGANA

Puedes atizar a tu cuñado con la botella. EL COMIDISTA

Es muy de cuñado –y, por tanto, muy navideño– decir “¿cómo no va ser vegano un vino?”. Bueno, pues resulta que un vino puede no ser vegano porque en un paso de su elaboración –la clarificación– se utilizan cosas como claras de huevo o gelatinas de origen animal. Y, claro, la gente vegana como que no lo ve bien.

Colet Vatua! Extra Brut12,40 euros– es bien vegano. Es un espumoso del Penedés elaborado con Parellada, Muscat y Gewürztraminer y eso lo hace tremendamente aromático. Como un ramo de flores. Además es seco, ligerito y muy aperitivo gracias a cierto grado de acidez. Si no la tuviera sería un pastelón pero es muy agradable y sorprendente.

Monopole Clásico 2017, de CVNE, –19,95 euros– es un blanco muy gracioso porque se elabora con Viura, la uva blanca más característica de La Rioja, y un poco de Manzanilla –un estilo de vino de Jerez–. Además, se cría en barrica. Vamos, que no es un blanco apto para todos los gustos: es bastante potente, de carácter oxidativo y tiene una etiqueta vintage que me enamora.

Le Naturel 20197,90 euros– es una Garnacha vegana y ecológica de Navarra. Es un vino fresco, afrutado sin pasarse, muy fácil de beber, con una botella bonita y minimalista. Yo no sé qué más quiere una persona vegana.

También hay vinos dulces veganos, como este Dulce Menade 2019 (9,85 euros). Está elaborado con Sauvignon Blanc, una uva que según cómo saca aromas batante pronunciados a frutas tropicales. Es el caso. Y la fruta tropical también es vegana, eso lo sabe todo el mundo.

UNA MESA MELINDRE

EL COMIDISTA

Todos conocemos a gentuza que dice “uy, yo es que no bebo” pero luego se pone como la Moñoño. Ignoro si eso sucede porque de verdad no beben y tienen nula tolerancia al etanol o porque son lobos con piel de cordero que a la mínima que te despistas te llevan dos copas de ventaja. El caso es que beber, beben, sobre todo botellas de vinos afrutados, aparentemente poco alcohólicos, de los que pasan bien.

L’ Enclòs de Peralba Pèt-Nat Blanc 201912,95 euros– es un espumoso ancestral –¿he dicho ya que están de moda?– elaborado con Malvasía de Sitges. Es una variedad aromática que en este espumoso saca mucha frescura, acidez, fruta y flores. La típica botella que hay que comprar a pares.

Para vinos golosos, Can Sumoi La Rosa 2019 (10,35 euros). Es un rosado –el único de esta lista, no me lo explico– elaborado con Sumoll, Xarel·lo y Parellada. Recuerda a flores –mira qué listo soy– y frutas. Es muy ligero, muy fácil de beber y, por lo tanto, es bastante peligroso.

Yo no sé si El Paisano de Tares 20197,90 euros– es un tinto o un rosado. El caso es que es un vino del Bierzo que mezcla Mencía y otras variedades, tintas y blancas, que dan un colorinchi a medio camino. Aromáticamente tiene frutos negros y aromas anisados, como de hinojo o regaliz. Otro vino que, si te descuidas, te pimplas de una sentada.

Itsasmendi Vendimia Tardía 201619,40 euros– es un vino dulce elaborado, ojo, con Hondarribi Zuri, la variedad del Txakolí. Una aberración antinatural que funciona muy bien, y que mejor debe funcionar con un panettone. Tiene recuerdos de cítricos y miel. Puedes acabar bailando un aurresku.

UNA MESA ANALCOHÓLICA

Cero. O casi. EL COMIDISTA

Hay gente que no bebe, ni siquiera por Navidad. Pero, bueno, como algunos lo hacen por motivos de salud, y no solo por una obsesión auto controladora, les voy a perdonar. Además, afortunadamente para ellas y ellos, últimamente está pasando una cosa rarísima: salen bebidas no alcohólicas –o con poquísimo alcohol– que están buenísimas.

Martini, por ejemplo, ha sacado dos vermuts con menos de un 0,5 por ciento de volúmen alcohólico. El rojo se llama Vibrante y pse. El blanco se llama Floreale9,95 euros– y es el que recomiendo. Recuerda mucho a manzanilla –la flor, no el vino– y tiene un amargor muy agradable.

La Paleobirra2,95 euros– no es una cerveza, sino una kombucha aromatizada con lúpulo. Vamos, que según cómo puedes imaginarte que estás tomando una IPA –muy ligerita– pero no, es té verde fermentado.

Cibeles Sin1,6 euros– es más difícil de comprar que de beber. Para hacerte con ella tienes que inscribirte en un club de la marca –es gratuito– cuyos miembros tienen acceso a ediciones especiales. Es el caso de esta cerveza con menos de un uno por ciento de alcohol y mucha presencia de cereal. Está bastante lograda.

Ama Pèt-Nat Tea Bat Sencha28,20 euros– es una alternativa perfecta a un vino blanco o a un ancestral, pero con un 1,5 de volúmen alcohólico. Es una kombucha envejecida en botella –una rareza– con aromas marinos que provienen del té sencha. Tiene aguja y es bastante polivalente: te sirve de aperitivo o para acompañar toda una comida.

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