Uvas heladas, chocolate y grappa: un postre estupendo con cero esfuerzo
Uvas heladas, chocolate y grappa: un postre estupendo con cero esfuerzo.

Nueve postres fáciles con fruta de otoño con poco o nada de azúcar

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Mandarinas, caquis, peras, manzanas o mangos: el otoño es generoso en frutas ideales para hacer postres sin necesidad de abusar del azúcar. Aquí tienes nueve ideas que se preparan en un pispás.

Aunque parezca que los meses de calor son el momento estrella de la fruta -porque apetecen más los alimentos frescos, ligeros y con mucha agua-, en realidad el otoño no tiene nada que envidiarles. La oferta de esta estación incluye frutas y frutos menos acuosos, de textura más contundente y con mayor resistencia al mordisco, además de todas las variedades tropicales de cultivo nacional como el mango o el aguacate (que aunque por aquí se consume mayoritariamente como ingrediente en platos salados, en medio mundo lo hace en versión dulce).

A continuación proponemos unos cuantos postres, algunos de los cuales también pueden funcionar como desayuno o merienda, con caquis, mandarinas, manzanas, peras, uvas, mango o granada como protagonistas. Son sencillos, sanos y muy fáciles de preparar.

Natillas de caqui y cacao

Empezamos con una receta tan sencilla que solo necesita tres ingredientes: uno o dos -dependiendo del tamaño y el hambre que tengamos- caquis bien maduros con un yogur y cacao en polvo sin azúcar al gusto. Solo hay que triturarlo todo bien con ayuda de una batidora o un robot de cocina y ya lo tendríamos listo: es una sugerencia del gurú del realfooding Carlos Ríos. La receta es tal cual, pero estoy segura de que un par de cucharadas de granada le darían un toque fresco de lo más interesante.

Peras asadas con gorgonzola y chocolate

Un golpe de horno y ya lo tendríamos. MÒNICA ESCUDERO

Para preparar este postre tendremos que encender el horno durante unos 40 minutos, pero para optimizar su uso podemos asar a la vez otras cosas como patatas, calabaza, alcacahofas, boniatos, pimientos, berenjenas, puerros o cualquier otra fruta o verdura que aguante bien una cocción a 200 grados. Se trata de una preparación sencillísima, apta para los menos dotados en las artes reposteriles y con una combinación de sabores que hará que los comensales os hagan la ola.

Los únicos dos secretos para que salga bien residen en escoger bien las peras -tienen que ser carnosas y no demasiado aguadas, como la variedad blanquilla o la conferencia- y asegurarnos de que usamos gorgonzola dulce y no del tipo picante, que resultaría demasiado intenso. Podéis cambiar las avellanas por vuestro fruto seco favorito, y en lugar de tomillo usar menta o albahaca.

Arroz con leche, coco y mango

Más que una receta, estamos delante de un “tuneo” que convertirà un postre comprado en algo más elaborado (y ligero, ya que le vamos a añadir bastante fruta). Usando como base un par de cucharadas de arroz con leche -de buena calidad; cada vez es más fácil encontrarlo: el de Goshua, el de La Hermita o el de Los Caserinos son un buen ejemplo-, solo tendremos que repartir por encima unos 150 gramos de mango troceado y un poco de coco (mejor tostado y en escamas que el clásico rallado, es mucho más sabroso y agradable al mordisco). Un poco de ralladura de piel de lima y/o menta fresca picada y ya podemos disfrutarlo.

Manzana asada con nata y marron glacé

Otra vez encendemos el horno por una buena causa: asar fruta, en este caso; manzanas. Solo hay que escoger bien la variedad -la reineta y la golden son perfectas para esto-, lavarlas bien, quitarles el corazón y ponerlas entre 45 minutos y una hora a 200 grados (el tiempo final depende del tamaño de la manzana y la potencia del horno, que cada uno es un mundo). Yo no suelo añadirles azúcar ni miel porque me parece que ya son bastante dulces, pero puede ponerse un poco por encima y por dentro antes de cocinarlas (y también verter un chorrito de licor, si se quiere). Cuando estén listas y ya tibias, las coronaremos con un copete de nata montada -a mí me gusta más cuando le faltan unos segundos para montarse del todo, porque la decadencia es sexy- y desmigaremos por encima medio marron glacé.

Mousse rápìda de chocolate y aguacate

Sin lácteos, pero cremosísima. IÑIGO SOMOVILLA DE MIGUEL

¿Se puede conseguir una textura cremosa y aireada sin recurrir a la nata ni ningún alimento de origen lácteo? Pues sí, gracias a la combinación de dos grasas de origen vegetal: el aguacate y la leche de coco. Para preparar esta mousse solo necesitarás dos aguacates grandes maduros, pelados y sin hueso (unos 350 g), 150 ml de leche de coco, 80 g del chocolate que se prefiera, cacao en polvo y endulzante al gusto (azúcar, miel, panela, aspartamo, etc). Funde el chocolate con la leche de coco, añade el aguacate troceado y el resto de ingredientes y tritura bien: ya tienes una crema de chocolate sencillísima y rápida. Para airearla, deja enfriar en la nevera un par de horas y monta con unas varillas o el accesorio tipo mariposa de un robot de cocina: el resultado te sorprenderá.

Vasos de tarta de queso y mandarina

Un histórico jetapostre comidista en el que conseguiremos el sabor y la textura de una tarta de queso sin gelatinas ni trabajeras. Solo hay que batir durante unos minutos un poco de nata líquida con queso cremoso, añadirle un toque de feta desmigado -que aportará potencia y textura-, endulzante al gusto y un poco de ralladura de piel de lima o limón. Un poco de galleta picada -pero no mucho-, gajos de mandarina y mermelada diluida con un poco de agua rematarán el trampantojo.

Uvas con chocolate y grappa

Llamar receta a este postre, una propuesta de un especial Navidad del chef Jamie Oliver del año de la polka, es cuanto menos atrevido, pero eso no hace que el resultado sea menos rico y sorprendente (además de precioso, la uva escarchada es una auténtica belleza). Solo tenemos que congelar un par de racimos de uvas blancas y negras y servirlos con diferentes tipos de chocolate y una botella de grappa, aunque también podríamos usar algún orujo o moscatel. El resto es fácil de imaginar: cogemos una uva -el sorbete más sencillo y natural del mundo-, un trocito de chocolate, nos lo metemos en la boca, empujamos con un traguito de grappa y vuelta a empezar. Lo he probado en más de una ocasión y, acompañado de una charla agradable o un juego de mesa entretenido en buena compañía, te puede atrapar durante unas cuantas horas.

Granada macerada con pacharán

La granada en cuestión. STOMAKO

Macerar una taza de granos de granada en un poco de pacharán durante 48 horas nos dará como resultado un topping que podemos usar para alegrar muchas preparaciones: desde un yogur con un poco de ralladura de limón y vainilla -como hicieron Stomako en esta receta- hasta una mousse cítrica, un helado de turrón o para sustituir a los frutos rojos en un Eton mess diferente. Si todo esto os parece demasiado gocho, podéis servirla en un plato hondo con zumo de mandarina, naranja y limón y un poco de buen chocolate rallado, y llamarle ‘sopa cítrica’.

Chirimoya alegre

Aunque tenga un nombre digno de prostíbulo de la película Airbag, la chirimoya alegre es un postre con chispa -de ahí lo de “alegre”- muy típico de Perú y Chile. La alegría en cuestión se la dá un toquecito de Cointreau o triple sec, que junto al zumo de naranja y la chirimoya en cuestión es uno de los protagonistas de la receta. La cosa, para dos personas, iría así: pelar una chirimoya grande y descartar las pepitas, mezclarla con 250 ml de zumo de naranja, añadir un chorro generoso de licor y rematar con menta fresca picada. Si hay abstemios, niños, embarazadas o gente a la que no le guste, se puede prescindir del toque alcohólico.

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