La jugosidad de esta leche frita puede ser más adictiva que la heroína. Avisados estáis
La jugosidad de esta leche frita puede ser más adictiva que la heroína. Avisados estáis.

Ocho dulces de Semana Santa que puedes hacer en casa (y no son torrijas)

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La cremosidad torrijera es uno de esos regalos que nos dejó Dios para recordarle en estas fechas. Pero no seamos sectarios: el resto de dulces cuaresmales son igual de disfrutones y fáciles de elaborar.

El olor a miel y almendras es el incienso gastronómico de la Semana Santa: en estas fechas la golosidad española aumenta y aparecen dulces típicos hasta en la aldea menos pastelosa. Por ello sería un pecado quedarnos solo en las clásicas torrijas –sé que son una obra divina, pero están más vistas que Antonio García Ferreras–, dada la gran variedad de manjares que, como la flor del naranjo o los capataces engominados, se puede ver en Cuaresma.

"Solo en el sur, la riqueza repostera que hay en Semana Santa es tremenda. En Cádiz, por ejemplo, hay más de 20 dulces diferentes", comenta el periodista gastronómico gaditano Pepe Monforte. "Todos tienen su personalidad: desde los desconocidos milindricos, a las aspisteras o los gañotes de Ubrique. El surtido es enorme", cuenta el creador del portal Cosas de Comé. Y esto solo a nivel andaluz, si se tienen en cuenta otras regiones se podrían nombrar las flores fritas de Extremadura y Castilla, el panquemao valenciano o las marañuelas de Asturias (con sus dos versiones: la de Luanco y la de Candás).

En vista a que la Santa Merienda –procesiona unas horas antes que la Cena– este año se hará a puerta cerrada y en confinamiento, te proponemos aquí ocho dulces cuaresmales que puedes hacer en casa sin necesidad de ir a la confitería.

Leche frita

Poner así de bien la mesa es casi más difícil que hacer la leche frita. MIRIAM GARCÍA

El origen de este dulce está en el norte de España, aunque el lugar concreto se lo disputan Palencia, Galicia, Valladolid, Cantabria y algunas zonas del País Vasco, según recoge este artículo. Y como ocurre con su cartilla de nacimiento, también la receta tiene múltiples versiones: con o sin canela, con un toque de vainilla, mezclando maicena con harina –como en esta versión de Miriam García– o utilizando solo el almidón de maíz. Un descontrol de pastel, vamos.

En este post de Ana Vega Biscayenne, los ingredientes necesarios para 16 tostadas son: medio litro de leche fría, piel de limón, 60 g de maicena, un palo de canela, tres yemas de huevo, 60 g de azúcar, un huevo batido, harina y aceite para freír. Luego la preparación es tan fácil como llevar a ebullición la leche –no toda, previamente se aparta un vaso– con el palo de canela y la piel del limón. Se vierte la maicena y las yemas de huevo batidas con el azúcar en el vaso de leche fría. Se añade esta mezcla a la leche ya infusionada, y se calienta y remueve hasta que quede una textura cremosa. Posteriormente se deja enfriar en la nevera al menos cinco horas y, después, se corta en trozos, se pasan estos por la harina y el huevo batido y se fríen.

Bartolillos

Los bartolillos son cremosos y dulces como un cachorro de husky. MIRIAM GARCÍA

En la Cuaresma del Madrid castizo y chulapo no pueden faltar los bartolillos. Estas empanadillas rellenas de crema pastelera son quizá la más conocida aportación de la gastronomía capitalina a la repostería cofrade. Los cánones mandan que sean triangulares, pero si en tu primera vez te sale un dodecaedro tampoco pasa nada.

Siguiendo la receta de la web de nuestra comidister Miriam García, para la crema se necesita calentar hasta que hierva un cuarto de litro de leche con las semillas de media vaina de vainilla. En una cacerola aparte se mezclan 65 g de azúcar, un huevo y 40 g de harina de repostería. Tras ello se vierte la leche y, con una cuchara de madera, se remueve sin parar hasta que se quede cuajada. Finalmente se tapa con papel film y se deja enfriar.

Por su parte, la masa de los bartolillos se elabora diluyendo 25 g de azúcar en 100 ml de vino blanco. Se hace una especie de volcán con 280 g de harina y se echa en el centro el vino azucarado, 75 g de manteca de cerdo y una cucharadita rasa de sal. Se amasa todo hasta que quede compacto y en forma de bola, se le hace un corte en forma de cruz y se deja reposar media hora. Luego se divide la masa en 12 partes, se aplasta con un rodillo cada una, y se pone una cucharada de la crema en el centro. Se pliega, se aprietan los bordes, se fríen a fuego medio de dos en dos y se secan con papel absorbente. Y se acabó: ya eres de Chamberí.

Pestiños

Detalles de unos pestiños vistos desde un microscopio. CLARA P. VILLALÓN

Cierto es que en algunas zonas de España el atiborre de pestiños se da en Navidad, pero en otras muchas su elaboración y consumo son principalmente en Semana Santa. Es a partir del Viernes de Dolores, y no antes, cuando se encienden los fogones y se fríen por miles estos dulces de ascendencia musulmana y tamaño variable.

Clara Pérez Villalón aconseja en esta receta freír primero unos minutos en el aceite de oliva las cáscaras de naranja y limón, una cucharada de ajonjolí y anís estrellado. Verter 95 ml de agua y 140 ml de vino blanco semidulce sobre 350 g de harina de trigo y amasar. Cuando la masa está blanda –aunque no pegajosa–, se echa 30 g de manteca de cerdo, se mezcla bien y se deja reposar dos horas. Una vez trascurrido este tiempo, se estira la masa con un rodillo, se le da forma a los pestiños, se fríen en el aceite y se espolvorean con azúcar o con agua y miel.

Gañotes de Ubrique

La clave de los gañotes es que estén bien enrollados, así que muchos no tendréis problemas. LOLA MONFORTE

Ubrique, una localidad de menos de 20.000 habitantes situada en la provincia de Cádiz, ha dado al mundo mucho más que carteras de piel y Jesulines: los gañotes también nacieron allí. Y, como ocurriera con los monederos y los cantantes-toreros, este dulce salió de sus fronteras y hoy día se elabora en muchos pueblos de la Sierra de Grazalema, donde es típico comerlo desde antes del Domingo de Ramos.

En el portal Cosas de Comé detallan cómo hacer gañotes para 10 personas: se bate una docena de huevos con medio kilo de azúcar y se va añadiendo poco a poco la harina hasta que quede una masa compacta y fácil de amasar. Se le echa ralladuras de piel de limón, matalauva, ajonjolí y canela. Se estira la masa con un rodillo, se corta en tiras largas y se van enrollando estas en un cilindro impregnado de aceite (si se tiene un molde que pueda que pueda meterse en aceite, mucho mejor). Por último se fríen en aceite de oliva, se comen calentitos y se canta Toda, toda alrededor del fuego.

Arnadí

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El arnadí es tan de Valencia como los petardos, los ninots o la ruta del bakalao. Este dulce, que según el portal València Turisme tiene su cuna en Llanera de Ranes, se elabora con boniato y calabaza, dos ingredientes bastante inusuales en la respotería cuaresmal. Y si las anteriores recetas te parecieron fáciles, esta tiene menos misterio que un domingo cualquiera sin Cuarto Milenio.

En el programa de los gemelos Torres –sí, menos mal que no son hermanas– preparan el arnadí asando 250 g de calabaza y otros 250 de boniato a 200ºC durante una hora. Se extrae luego la pulpa y se deja escurrir en un paño una noche entera. Tras ello se pasa la pulpa por un pasapurés y se le añade ralladura de piel de naranja y limón, 100 g de miel, una yema de huevo, orejones troceados, anís en polvo y 100 g de harina de almendra. El último paso es decorar la masa con piñones y almendras y hornearla a 150ºC durante una hora (con cuidado de que no se queme).

Mona de Pascua

Una mona ante la atenta mirada de dos adorables conejillos muy golosos. MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA

En Cataluña es tipiquérrimo que los padrinos regalen a sus ahijados una mona el Lunes de Pascua. Esta mona es en realidad un pan dulce que tradicionalmente se acompaña de un huevo cocido, aunque en su versión moderna el huevo se ha sustituido por auténticos transformers de chocolate. Un puro desparrame que aúna la orfebrería pastelera y el azúcar en toneladas.

Si quieres hacer en casa una mona grande o dos pequeñas, el Líder comidister Mikel López Iturriaga te da las claves en esta receta. Para prepararla tienes que disolver 25 g de levadura fresca en 250 ml de leche, y mezclarla con medio kilo de harina de fuerza, un huevo, 120 g de azúcar, 100 g de mantequilla derretida y, si se quiere, una cucharadita de anís o de agua de azahar. Se amasa con las manos o a máquina hasta que la masa esté elástica y haga bola. Se deja reposar en un bol enharinado y tapado durante unos 45 minutos para que aumente su tamaño. Después se corta en dos –o no–, se le da la forma que se prefiera y se vuelve a dejar reposar hasta que doble su volumen. Se pinta con la mezcla de una yema de huevo, una cucharada de leche y azúcar y se mete en el horno a 180ºC –ya precalentado a 200ºC– durante uno 20-25 minutos. Ya lo de incluirle un Ter Stegen de chocolate a tamaño real es cosa tuya.

Borrachuelos

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Los borrachuelos son los pasteles cuaresmales más populares de Málaga. Se parecen mucho a los pestiños –la masa es casi la misma–, pero estos llevan un relleno de cabello de ángel o de dulce de batata, tal y como recoge la web Sabor a Málaga. Y el nombre no es casual: para hacerlos se utiliza vino blanco, vino dulce y anís; una combinación que no se ve ni en Pachá.

En este portal gastronómico recomiendan, para 30 borrachuelos, derretir en una sartén 125 g de manteca de cerdo con un poco de piel de limón y de naranja. Se apaga el fuego, se quitan las cáscaras y se le echa ajonjolí y matalauva. En un bol se mezcla medio kilo de harina de trigo, 60 g de azúcar, una pizca de sal y los mismos 50 ml de zumo de naranja, de vino dulce, de vino blanco seco y de anís. Se añade la manteca de cerdo derretida y se remueve todo con una cuchara de madera y luego con las manos. De esta masa se sacan aproximadamente 30 bolitas y se extienden con un rodillo para que tengan forma ovalada. En el centro de cada una se coloca una cucharada de cabello de ángel, se cierran con un tenedor y se fríen en aceite. Finalmente se pueden impregnar de azúcar o de miel con agua.

Bollos de Pascua

Ni confirmo ni desmiento que me comería la bandeja esa en 10 minutos. FACEBOOK (EL HORNO DE AYMAR)

"Este dulce, que tiene una textura parecida al brioche, es muy popular en mi pueblo, Alcuéscar (Cáceres), y en otras zonas de Extremadura", comenta nuestra comidister Patricia Tablado. También se conocen como "bollos dormidos", porque tal y como explica nuestra responsable de redes sociales: "Había gente que los metía entre las sábanas cuando se despertaban, y así aprovechaban el calorcito para que elevara el pastel antes de meterlo en el horno". Aunque la abuela de Patricia liaba los bollos en unos trapos y los ponía cerca del brasero, no eran plan de ensuciar la cama también.

Para prepararlos, nuestra compañera ha reunido un comité de expertas que ha resuelto que con la receta de este blog salen estupendos. En él se explica que, para cinco bollos, hay que hacer un prefermento con 100 g de harina, 70 ml de agua y 3 g de levadura –o tener un trozo de masa vieja de pan– y dejarlo enfriar en la nevera durante un día. Al día siguiente se prepara una infusión con 125 ml de agua, media cucharadita de anís estrellado y un palo de canela. Luego se mezcla el prefermento con la infusión previamente colada, y se va añadiendo harina para que se pueda amasar bien sin que quede seca. Se deja reposar media hora, se corta en cinco trozos y cada uno se tapa con un trapo.

Tras dividir la masa en cinco partes –o en las unidades que se quiera, aunque eso variará el tamaño, claro– viene el momento que le da nombre: se deben dejar fermentar durante unas horas para que doblen el tamaño. Si se le ha añadido levadura, tardará unas 4-5 horas; si no es así, se debe dejar toda la noche sobre un colchón viscoelástico (esto último es broma, vale cualquiera). Se bate la clara de un huevo a punto de nieve con un poco de azúcar y se pintan por encima. Por último se meten en el horno a 220ºC y, dependiendo del tamaño de los bollos, se dejan entre 25 minutos-1 hora (por lo que hay que estar pendiente del horneado).

Estos son los ocho manjares cuaresmales que te proponemos hacer en casa. Aun sin nazarenos en la calle ni Domingo de Ramos con ropa de estreno, la Semana Santa se puede disfrutar. En un abril para el olvido, nos queda el consuelo del dulce bocado de los pasteles de siempre.

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