Las quejas de los lectores: Unas albóndigas con mala leche

Y un escabeche securrio, unos huevos duros con mucho misterio y un refresco de sandía que necesita ser desactivado: la última entrega de nuestra Defensora antes de las vacaciones ha sido una ardua batalla.

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A Cem las albóndigas suecas le salen mal, como si nadaran en un océano lácteo: “Creo que hay un problema de cantidad de leche en la receta de las albóndigas suecas. Lo debería controlar porque intentándola las albóndigas me salen mal”. No hay más que hablar, Cem, si me sugieres controlar –con lo que me gusta a mí el control–, me pongo los zapatos y me bajo al mercado a por carne picada ipso facto, que esto hay que comprobarlo empíricamente.

A mi parecer, la mezcla de carne queda demasiado cremosa y difícil de bolear con los 150 ml de leche que indica la receta, aunque si se es generoso con las cucharadas de pan rallado y harina, se puede compensar y conseguir una masa moldeable. Como ya saben mis queridos lectores, la medida ‘cucharada’ es poco precisa y con más cambios que el kilo, el amperio, el Kelvin y el mol. El éxito de la receta depende de lo colmadas que sean las cucharadas añadidas.

Como imagino a los lectores muy en el centro en cuestión de cantidades y copetes, mi recomendación es reducir la cantidad de leche a 100 ml para conseguir una masa fácil de manipular, que no se rompa durante la fritura y que tenga un mordisco supertierno. Por otro lado, la grasa en la que se fríen también influye en el resultado: fritas en mantequilla corren más peligro de deshacerse, mientras que, si se fríen en aceite, las albóndigas quedan enteras y con una costra dorada más firme.

Perfectas con 100 ml. MARTA MIRANDA

Un refresco explosivo

Allan ha dado aviso a los TEDAX al leer la receta de refresco casero de limón, sandía y miel: “Ese refresco de sandía, al tener miel es tan malo si es demasiada azúcar, y el agua con gas y sandía es una bomba completa, es muy delicado mezclar sandía y otros productos. Hay refrescos dietéticos que tomados ocasionalmente son mejor que el de azúcar, yo compro ahora unos yogures descremados con azúcar sintética Splenda. En fin, el tema de comida sana es un problema.”

Mikel López Iturriaga haciendo refrescos. GIPHY.COM

Perpleja me dejas, Allan. Tienes toda la razón y mis dieses a la hora de tener cuidado con la ingesta de azúcar, pero de ahí a considerar que un azúcar sintético como Splenda, que es sucralosa, sea recomendable en una dieta sana, va un trecho. Como ya ha comentado el nutricionista Aitor Sanchez en alguna ocasión, los edulcorantes tienen poco de saludables, ya que “pueden incrementar nuestro apetito, pueden ser adictivos, al igual que el azúcar, y puede que no sean tan útiles para bajar de peso como pensamos".

En descargo de esta receta, que he probado y aprobado a pesar de odiar bastante el sabor de la sandía, diré que solo tiene un 3% de azúcar añadida –la miel es azúcar sí o sí– de la que puedes prescindir si lo deseas, y que está hecha con fruta fresca y no con extractos o saborizantes, algo que le aleja de los refrescos dietéticos industriales. Eso sí, a partir de ahora extremaremos la precaución cuando manipulemos sandía para hacer mezclas endemoniadas como polos con lima, chile y sal, sorbetes con mango o sopa con curry y chile. Nunca se sabe cuándo le va a explotar a una el experimento en toda la cara.

Un escabeche de secano

A Javier hay algo que no le encaja en el escabeche de verduras de Miriam García: “Desde que leí la receta tuve la sensación de que algo no encajaba en materia de cantidades. No obstante, lleno de fe comidistil me he lanzado a la aventura, para comprobar que es imposible cubrir 220 gr. de verduras, 20 puntas de espárragos, 12 rabanitos y 16 setas, laurel, tomillo y granos de pimienta con 140 ml de líquido. Como mínimo haría falta el triple de líquido para que cubra las verduras y se cuezan en él, como la receta demanda.”

Haciendo cuenta mental de las cantidades de verdura me hago cargo de que es complicado cubrirlas con 140 exiguos mililitros de líquido. Por eso he llamado a mi despacho a la comidista García para que rinda cuentas e hinque la rodilla ante tanta verdura sin sumergir: “Esta receta en origen se hace dentro de tarritos en sous vide. Al convertirla tenía que haber aumentado algo la cantidad de líquido”, reconoce, aunque apunta que: “Si la haces con las verduras troceadas y juntitas no te hace falta mucho más líquido de escabechado.”

Estas verduras piden más escabeche. MARTA MIRANDA

A esta defensora no le ha quedado más remedio que sacar el disfraz de Salomón del armario, lavarlo para quitarle el olor a alcanfor y así poder impartir justicia con conocimiento de causa. Una vez medidas, contadas y cortadas las hortalizas, procedí a hacer el escabeche como dicta la receta. A la hora de añadir los líquidos –tengo que confesar que no esperaba un tsunami de aceite y vinagre precisamente– las verduras se quedaron como si tal cosa; y es que, esa cantidad, no solo no llega a cubrir las verduras, sino que apenas las moja. Tuve que triplicar las medidas y aún faltaban 200 ml –que suplí con agua– para conseguir cubrirlas por completo y conseguir una cocción adecuada. Este gabinete defensor da la razón a Javier, le concede el diploma de sabueso comidista y manda rectificar las cantidades originales de la receta para satisfacción de nuestros ávidos lectores.

La rayita del huevo duro

Una lectora sin firma a quien llamaré Erundina, envía esta queja sobre el huevo duro comidista: “Buenos días. Soy seguidora de vuestra recetas y me salen francamente bien. Pero una cosa que no soporto es la foto de un huevo duro con la rayita gris de haberlo cocido demasiado, y que en casi todas las recetas de todo el mundo la ponen mal. Os agradecería la pusierais bien”.

Agradecería tanto, pero tanto tanto, que cuando me enviéis una queja adjuntéis el cuerpo del delito… Esta defensora es una mujer estricta de moño prieto, que se toma las cosas muy en serio, y si Erundina dice que en casi todas las recetas de El Comidista todo el mundo hace el huevo con rayita, yo me lo creo a pies juntillas. Pero luego me paso una noche en vela –quizá estoy exagerando un poco– buscando huevos con una orla gris con muy poco éxito. ¿Me estás troleando, Erundina? ¿Eres mi karma disfrazado de lectora con TOC huevero?

En una vida paralela escribí unas cosas sobre el huevo, entre las que estaba la recomendación de cocer los huevos a fuego lento y sin burbujear entre 80º y 85º para evitar maltratarlos y que queden demasiado hechos, con el borde de la yema gris y olor a pedo de azufre. Erundina tiene toda la razón, pero debe revisar su concepto “casi todas las recetas de todo el mundo”, porque solo he conseguido encontrar una imagen en la que se adivina una línea verdusca en un huevo duro tras auditar El Comidista entero en busca de huevos chungos y encontrar maravillas como las papas aliñás, estos guisantes con huevo mollet, estas banderillas con huevo de codorniz, esta ensalada, este potaje de vigilia, estos garbanzos con huevo duro o estos huevos rellenos.

Prometo a nuestra lectora instalar cámaras de vigilancia a costa de los Presupuestos Generales de El Comidista en las cocinas de los colaboradores para poder darles un tirón de orejas en cuanto vea que se pasan con la cocción de los huevos. ¿Inverosímil? Quizá, como la queja de Erundina.

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